"Lo que buscamos hacer con esta música es acercarte a nuestra visión, o mejor dicho, a nuestra falta de visión. Es un ejercicio de empatía tanto para nosotros como para el resto", comenta uno de sus integrantes.

Sus vidas dieron un giro de 180 grados durante las protestas de octubre de 2019, cuando perdieron sus ojos a causa de la represión policial. Cuatro años después, ocho mutilados oculares han encontrado en la música una manera de “sanar”, tocando y cantando sobre aquellas revueltas que cambiaron Chile.

“Él luchaba por los suyos, anhelaba dignidad/ Él usaba sólo piedras, ellos armas de verdad”, recita la banda “Hacia la victoria” en el tema “Es una terrible historia”.

En otra parte de la canción, el grupo -que este jueves presenta online su primera sesión grabada- apela directamente al expresidente Sebastián Piñera, quien fue muy criticado por su gestión de las marchas:

“Señor, devuélvame a mi hijo, es un usted el delincuente de corbata y libertad / Hoy sus manos tienen sangre de los ojos de su pueblo”, dice la tonada.

Gustavo Gatica: “Ser optimista es un mecanismo de defensa”

Dicen que hacen música “como un canto de protesta” y que componen para “comprender mejor lo que les ocurrió”. Definen su estilo como “punk rock experimental latinoamericano” y muchos ni siquiera tocaban música antes del estallido.

Es el caso de Gustavo Gatica, el miembro más conocido y quien se convirtió en el primer manifestante que se quedó completamente ciego tras recibir varios perdigones en noviembre de 2019 cerca de Plaza Italia, epicentro de las protestas.

“Las primeras veces que actuamos fue muy emocionante. Yo pensaba: ‘¡Wow! ¿En qué momento llegué a estar sentado en esta batería? ¡Qué locura, cuánto ha cambiado mi vida!"”, recuerda a EFE el joven, a quien su hermano le regaló una batería cuando llegó a casa tras estar tres semanas ingresado.

“Me siento muy orgulloso de pertenecer a un proyecto artístico que es capaz de producir tanta emoción en la gente: lágrimas, rabia, nostalgia…”, agrega.

Gatica, que estaba terminando Psicología cuando lo dejaron ciego y hoy ejerce en un gabinete en Santiago, no solo tuvo que aprender a tocar los platillos, sino también a hacer cosas aparentemente sencillas como “llevar la comida a la boca sin que se caiga”.

Hacia la Victoria: la banda punk de Gustavo Gatica junto a otros mutilados del estallido social
EFE

Con solo 25 años, es uno de los símbolos de la mayor ola de protestas desde la dictadura (1973-1990) y ha encontrado en la banda una herramienta para exprimir su optimismo innato, aunque reconoce que “pasará página” totalmente cuando se celebre el juicio contra Claudio Crespo, el agente que le disparó: “Ser optimista es un mecanismo de defensa”.

Lo que empezó siendo una reivindicación escolar contra el alza en el precio del boleto de metro derivó en un masivo clamor por mayores derechos sociales, que dejó una treintena de muertos y miles de heridos, entre ellos muchos con traumas oculares, además de episodios de violencia extrema, con saqueos, barricadas y destrucción de mobiliario urbano.

Hacia la Victoria: “Era muy complejo pensar cómo iba a mostrar mi rostro”

Vicente Muñoz, el benjamín de la banda, se considera un “sobreviviente” porque “solo” perdió su ojo izquierdo unos días después del ataque a Gatica.

Tras una terapia psicológica exhaustiva, ha logrado tener más seguridad en sí mismo y volver a estudiar arte dramático, algo a lo que también ha contribuido la banda, que este fin de semana actuó en el Centro Gabriela Mistral (GAM), en Santiago.

“Era muy complejo pensar cómo iba a mostrar mi rostro, que ya no es el mismo. Ya no tengo los mismos gestos y el alma me ha cambiado”, cuenta a EFE.

Con la música también ha aprendido a canalizar la rabia. De hecho, su canción favorita es “Litio”, la más “positiva” de todas y la que menos apela al odio.

“Lo que buscamos hacer con esta música es acercarte a nuestra visión o mejor dicho, a nuestra falta de visión. Es un ejercicio de empatía tanto para nosotros como para el resto”, subraya.

Lo que sí le sigue entristeciendo es el resultado del plebiscito del pasado septiembre, cuando más del 62 % de los chilenos rechazó la propuesta de nueva Constitución.

“Fue súper doloroso porque (el sueño de un nuevo Chile) en cierta manera era el precio de nuestros ojos y de nuestros muertos”, admite.

El proceso constituyente en el que está inmerso Chile surgió como la vía política para calmar las protestas y, tras la votación de septiembre, el país ha iniciado un segundo intento para redactar una Carta Magna que sustituya a la actual, heredada de la dictadura.

Aunque tiene pocas esperanzas en este proceso, Múñoz es consciente de que “no se puede sanar desde la rabia” y defiende que “siempre se sacan buenas cosas de lo colectivo”.