Artes y Cultura
Crítica de Cine: "La forma del agua", la propiedad incorpórea del amor
Publicado por: Emilio Contreras
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

El largometraje del director mexicano Guillermo del Toro (autor de los filmes ‚ÄúEl espinazo del diablo‚ÄĚ y ‚ÄúEl laberinto del fauno‚ÄĚ), es el favorito para arrasar en la venidera edici√≥n de los premios de la Academia estadounidense: por de pronto compite en trece nominaciones, incluyendo las de mejor pel√≠cula, director, gui√≥n original, fotograf√≠a y actriz principal. As√≠, y a una est√©tica de la plasticidad on√≠rica -que trabaja pict√≥ricamente con la luminosidad y las graduaciones de la oscuridad-, se a√Īaden la melanc√≥lica y evocadora banda sonora preparada por el compositor franc√©s Alexandre Desplat.

Por Enrique Morales Lastra

‚ÄúPor ti, oh Poes√≠a, as√≠ consumi√©ndome viv√≠; / as√≠, Vida, pobre vida m√≠a, nunca te he vivido‚ÄĚ.

Giorgio Bassani, en “El olor del heno”.

Junto a la obra del espa√Īol Nacho Vigalondo (el director de ‚ÄúColossal‚ÄĚ, de 2016), la filmograf√≠a del realizador azteca Guillermo del Toro (1964) es una de las pocas que dentro de la primera √≥rbita de la cinematograf√≠a internacional, aplica los c√°nones del g√©nero de lo fant√°stico a fin de reproducir ideas literarias y simb√≥licas -mediante los c√≥digos y signos de un lenguaje de creaci√≥n art√≠stica- de √≠ndole puramente audiovisual.

Todo en la filmograf√≠a del autor mexicano tiene una firma, un sello definido: los rasgos lum√≠nicos y compositivos de su fotograf√≠a, el dise√Īo de los ambientes sobre el cual se desenvuelven los int√©rpretes, el contexto de √©poca y su dise√Īo de arte casi perfecto en que ha situado sus distintos largometrajes de ficci√≥n: la d√©cada de 1930 durante el desarrollo de la Guerra Civil espa√Īola, en ‚ÄúEl espinazo del diablo‚ÄĚ (2001), el r√©gimen franquista hacia los a√Īos 40‚Äô, en ‚ÄúEl laberinto del fauno‚ÄĚ (2006), y ahora el comienzo de los cruciales 60‚Äô del siglo pasado, en plena carrera espacial entre los Estados Unidos y la desaparecida Uni√≥n Sovi√©tica, para esta pieza que analizamos, ‚ÄúLa forma del agua‚ÄĚ (‚ÄúThe Shape of Water‚ÄĚ, 2017).

"La forma del agua".
“La forma del agua”.

Y si antes Del Toro apelaba a soluciones dramáticas francamente surreales en su intento por transmitir conceptos artísticos que de otra manera estaba impedido de expresar, inserta su visión de lo maravilloso (en esta oportunidad a través de la existencia del hombre anfibio capturado en el Amazonas), en el contexto normal y cotidiano de los personajes, pero bajo el telón de fondo y geopolítico de una coyuntura de espías, de robos de secretos ventajosos y de esas pugnas propias que identifican a la Guerra Fría en el imaginario de una cultura popular, moderna y masiva.

La plasticidad de lo on√≠rico, en efecto, aqu√≠ localizada en la ciudad de Baltimore (noreste de los Estados Unidos), se evidencia mediante un relato de soledades y de seres que en su singularidad y diferencia, buscan el amor y la aceptaci√≥n, nada m√°s encontr√°ndola en la esfera fant√°stica e incre√≠ble de una realidad que en otras dimensiones, irrefutablemente se les niega. El destino, y el azar, elementos argumentales en el gui√≥n de ‚ÄúLa forma del agua‚ÄĚ (2017), adquieren los contornos de un par de ideas fuerzas que respaldan en la mente de la protagonista (la muda Elisa Esposito, e interpretada por Sally Hawkins), la convicci√≥n de que su hallazgo sorpresivo de la pasi√≥n, responde a hechos significativos y hasta trascendentales para su fantasioso entender.

"La forma del agua".
“La forma del agua”.

Dos individuos contextualizados, entonces, en los márgenes de la sociedad (un dios del mar capturado en la selva y trofeo desechable de científicos y de anatomistas), y una auxiliar de aseo sin voz, ni familia, huérfana, y que vive con un proscrito y recluido ilustrador, secretamente homosexual (el personaje encarnado por Richard Jenkins) dialogan y se entienden sin palabras, sólo en base a miradas, gestos, luces imaginarias, con el fuego y la intensidad, con el deseo forajido e irrepetible de una pareja que siente estar viviendo en su vínculo, un acto inaudito, irrepetible, simplemente maravilloso, propiciado por el amor y la poesía.

La cámara de Del Toro, que recorre desde planos cerrados hasta vertiginosos y bellamente logrados planos secuencias en movimiento, se desplaza, así, por las diversas variantes de representación que ofrecen un foco en desplazamiento a fin de capturar las claves dramáticas que incumben al nacimiento de una relación, y como ya se anotaba, en el escenario y los nombres de una comunidad científica que se dividía en ese entonces entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, con el propósito de alcanzar una nación antes que la otra, la gloria, la inmortalidad y la celebridad de los viajes inter espaciales que condujesen al hombre a pisar, hipotéticamente, encima de la superficie del astro lunar.

En un homenaje al cine, la buhardilla que comparten Elisa Esposito (Sally Hawkins), y Giles (Richard Jenkins), fue colocada por la imaginaci√≥n del director y de su equipo de arte, arriba de una sala de cine que al momento de acontecer la trama dieg√©tica de esta obra, exhib√≠a en pantalla ‚ÄúLa historia de Ruth‚ÄĚ (1960), de Henry Koster, y ‚ÄúMartes de carnaval‚ÄĚ (1958), de Edmund Goulding. Entonces, y mientras el hombre acu√°tico o anfibio hu√≠a de un error tremendo que cre√≠a haber cometido y perpetrado en el hogar de sus anfitriones, se enfrenta, d√≥cil y cautivado, a un cinemat√≥grafo vac√≠o, y que proyectaba una secuencia de la primera de las cintas en este p√°rrafo mencionadas: el encuadre de un fotograma que reproduce el impacto de descubrir el poder de la imagen y de su fecundidad lum√≠nica, en perpetuo movimiento, la luz √°rida, la tierra, el desierto inaugurales, desconocidos, para una biolog√≠a eminentemente ‚Äúl√≠quida‚ÄĚ.

"La forma del agua".
“La forma del agua”.

Del Toro relata una historia que además de atrapante, entretenida, devela esos tópicos ya descritos. La soledad radical de dos individuos condenados a padecer el estigma de la diferencia, lo inesperado y lo significativo del azar en cualquier derrotero, dentro de una visión existencial que recoge las nociones de la predestinación y de la importancia metafórica del agua, en cuanto símbolo de un elemento que adopta innumerables límites, formas y espacios, con el objeto de crear un efecto perdurable, renovador y de cambio, alrededor de los seres y de las sustancias sobre las cuales ejerce su acción líquida y transformadora, tal como en la observancia del director, correspondería a la esencia y a la fuerza del sentimiento amoroso.

Lo incorp√≥reo de la pasi√≥n, de esa manera, se trasluce en rasgos actorales y esc√©nicos como la gestualidad ocular del personaje de Elisa Esposito (muda, repetimos), y por la presencia del agua en sus dis√≠miles pron√≥sticos, naturales y urbanos: la lluvia, el mar, y su recorrido a trav√©s de las ca√Īer√≠as de la ciudad, ind√≥mita, para as√≠ llegar a los ba√Īos √≠ntimos de las residencias y en esa decisi√≥n casu√≠stica e instintiva, atestiguar la uni√≥n submarina y anhelante de los inauditos y an√≥nimos amantes.

"La forma del agua".
“La forma del agua”.

Luces tenuemente oscuras traspasadas por la emoci√≥n, el dolor, la verg√ľenza de la propia condici√≥n f√≠sica y sexual, tambi√©n racial, escondidas en una buhardilla vetusta y melanc√≥licamente hermosa; la incapacidad de comunicarse como diagn√≥stico central de la sociabilidad particular de la polis contempor√°nea, si no es mediante el camino y los signos de los gritos, de la violencia, y de los insultos, se traducen en ‚ÄúLa forma del agua‚ÄĚ bajo una pirotecnia art√≠stica, literaria y audiovisual, que transforman a Guillermo del Toro en un director fundamental de esta actualidad.

Y Alexandre Desplat que escoge las pistas adecuadas para sonorizar la sensibilidad de una pel√≠cula que argumenta un nuevo y fascinante pelda√Īo en torno a la ret√≥rica cinematogr√°fica del amor er√≥tico, entre un hombre y una mujer. Es la inmortalidad de la ilusi√≥n.

URL CORTA: http://rbb.cl/jdoa
Tendencias Ahora