Francisco Undurraga no cumple cuatro meses en el cargo. Y sus errores no forzados son varios, demasiados. Tal vez reflejan su desconocimiento del sector y del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Pero creo que, además, muestran falta de capacidad de escucha y empatía.
Recorte
La gestión de Francisco Undurraga partió con mal pie. El recorte anunciado por el gobierno del 3%, en su cartera llegó a casi 9%. No hubo mayores explicaciones ni especificó cómo lo haría para aminorar efectos negativos. Tampoco entregó certezas sobre dónde se aplicarían de manera clara. Supongo que a él también lo tomó por sorpresa.
Cancelar fondos, concursos y mucho más, afecta el trabajo de creadores, productores y toda una cadena, muchas veces en medio de proyectos que están en pleno desarrollo. Es, en esos términos tan caros para algunos economistas, cambiar las reglas del juego (en pleno partido) del libre mercado.
Puede llegar a ser abuso de poder, en especial cuando se hace sin conversaciones, negociaciones y mediación. Simplemente se actúa, sin conocer bien el sector y, por lo tanto, sus consecuencias. Quizás, no soy psicólogo, pero incluso podría calificarse como violencia pasiva, porque es tratar al mundo de la cultura como algo superfluo, decorativo, innecesario. Como algo que se puede interrumpir en cualquier momento para hacer cosas “”realmente importantes.
También, por qué no, es ratificar nuestra condición de sociedad casi exclusivamente extractora. De ser un país donde la cultura es irrelevante. Y nuestra identidad un set limitado a nuestros símbolos patrios, la cueca, las empanadas, el rodeo, el indio pícaro y unas pocas cositas más. Nada que altere los costos ni afecte los beneficios.
Manifestaciones
Francisco Undurraga dice tener experiencia política, no tanto en cultura. Su nombramiento es más político que técnico. A veces, dadas las contingencias, es mejor una persona de perfil técnico o experto en el ámbito específico, en otras alguien más político. Podría ser este último caso, y creo que en este momento puede ser lo mejor.
Siendo Undurraga un político, entonces no se entiende su reacción ante manifestaciones en su contra, en especial en el contexto de los recortes y la incertidumbre que él ha ayudado a generar. Más bien, debiera estar agradecido que hayan sido tan puntuales y acotadas. Que sean una excusa para tener tribuna y explicar, aclarar, generar puentes y diálogo.
Siendo un político, parece insólito que involucre y ataque en forma gratuita a una persona tan relevantes como Amparo Noguera. Y en forma tan torpe, demostrando un desconocimiento que debiera mantenerlo en la prudencia. Es echar gasolina al fuego. Ganarse problemas en forma gratuita. Es no entender lo que está pasando.
“Afecta exposiciones, no trabajadores”
La cancelación de la exposición de León Ferrari (1920-2013), destacadísimo artista argentino, en el Museo Nacional de Bellas Artes, no es solo un problema de empleos, como dijera Undurraga. Esa mirada tan reductora llega a ser violenta.
Una exposición como la de León Ferrari es el resultado de años de trabajo, que se pierden. Es una muestra que decenas o cientos de miles de personas no podrán ir a ver. Es un gran artista a nivel latinoamericano que no podrán conocer.
Sin embargo, hay algo, a mi juicio, mucho más grave. Lo que causa la cancelación de una exposición internacional de esa envergadura es un daño institucional. Pierde credibilidad el MNBA, la institucionalidad chilena, el actual gobierno y el Estado de Chile.
Pareciera que el ministro responde y quiere cumplir con el gobierno, no en hacer una buena gestión en el Mincap. Para ello, debe entender cómo funciona el sector, su ministerio y, en especial, debe escuchar, fortalecer redes, dialogar y negociar los ajustes que debe hacer. Y, en particular, debe preocuparse por dar las máximas certezas y seguridad posible en un área, como la cultura, que se caracteriza por la precariedad, por su fragilidad. Pareciera que Undurraga no entiende todo esto, o no le importa.
Si Chile ha buscado reconocimiento a su seriedad para trabajar, a su capacidad gestión, a respetar compromisos, esto va en sentido contrario. Esto no quiere decir en ningún momento que el país se “cae a pedazos”, o que “está quebrado”. Pero sí muestra una grieta que puede ser preocupante, en especial porque los países desarrollados, o que quieren serlo, cuidan sus instituciones y la cultura. No solo la economía.