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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El libro "Cantar para no morir" narra la historia del coro de prisioneros de Chacabuco en Chile durante 1973-1974. Iván Quezada, autor del libro, destaca la resiliencia, solidaridad y creatividad de los prisioneros para sobrevivir en duras condiciones. El testimonio resalta la importancia de la música como medio de resistencia ante la represión militar. El prólogo de Jorge Montealegre enfatiza la acción colectiva y la defensa de la memoria como elementos clave de la resistencia.

Hay decenas de libros, películas y testimonios que muestran cómo la música, el canto, el arte, la escritura, la artesanía y más, salvaron a prisioneros de la depresión y la muerte. En campos de concentración nazi, en los gulags, como en muchos otros, hombres y mujeres fueron capaces de construir pequeños “espacios” de libertad en medio de esas jaulas destinadas a someterlos, destruirlos o eliminarlos.

Las estrategias han sido muchas, adaptadas a las culturas locales, las condiciones individuales y colectivas de las personas encarceladas y las posibilidades materiales. Han tenido como eje la capacidad de creación, de apelar a ella, incluso en casos extremos solo con la imaginación. Y un sentido profundo de solidaridad, de resistencia colectiva. Dos elementos que parecen centrales para conservar un espacio de libertad, inviolable, dentro de cada uno. Inaccesible al carcelero, al torturador. Algo que debiéramos recordar a diario, de rescatar en el cotidiano sin esperar condiciones extremas.

Cantar para no morir

Después de algunas semanas de pasar sentados en las graderías, esperando ser liberados, interrogados o torturados, alguien un día se puso a cantar. ¿Cuál fue el motivo? Lo ignoro. El aburrimiento, la angustia por no saber qué pasaba con nuestras familias afuera, un rechazo a la depresión nerviosa, o simplemente demostrar a los militares que nos custodiaban que estábamos vivos y que todavía éramos capaces de cantar.” (p. 19)

El testimonio de Iván Quezada Moya es directo, conciso. Relata hechos y circunstancias, incluyendo algunas anécdotas. Lo mínimo para entender -e imaginar- cómo pudieron sobrevivir a las duras condiciones en las que estuvieron recluidos en el campo de concentración Chacabuco. Hechos donde la humanidad -también de algunos militares, y del capellán católico de Carabineros-, la solidaridad y la creatividad fueron fundamentales. También el recurrir a conocimientos y experiencias previas. Por ejemplo, los ocho años de Quezada en el Coro de la Escuela Musical Vespertina de la Universidad de Chile.

Cantar para no morir muestra la capacidad de resiliencia, como algunas estrategias para activarla. Desde elementos prácticos, la solidaridad, el sentido colectivo, pequeños -grandes- gestos de humanidad y la capacidad de “evadir” las rejas, la prisión, a través de la cultura y la creatividad.

Solo hoy, casi cincuenta años después, entrego este testimonio musical que fue producto de esa gran tragedia que vivimos y vivió la sociedad chilena a manos de las fuerzas armadas y la oligarquía chilenas, pero que también es una muestra de la dignidad y de la fuerza moral de los que, aún detenidos, fuimos capaces de responder a la humillación que se nos quiso imponer.” (p. 29)

Nadie de salva solo

En el prólogo, el escritor, poeta e investigador, Jorge Montealegre resume de manera clara el objetivo de este libro:

Sin victimizaciones autodegradantes ni heroísmos estridentes, podemos decir que no hay mejor ejemplo de acción colectiva, coordinada y pacífica, que un coro. El recuerdo y divulgación de estas experiencias, como otras actividades de resistencia cultural, son elementos para el conocimiento y el reconocimiento de la capacidad de resiliencia comunitaria que tuvimos y tenemos las personas. Nadie se salva solo. Nuestra resistencia es completa con la defensa digna de nuestra memoria.” (Jorge Montealegre Iturra, p. 17)

Cantar para no morir es un pequeño libro, bilingüe (español, francés) de solo 52 páginas, incluyendo fotos e ilustraciones. Su autor: Iván Quezada Moya. En él, Quezada relata, de manera sencilla, lacónica, una experiencia extrema atenuada por la creación y la solidaridad. Y es en esos aspectos en los que se concentra el autor, compartiendo algo íntimo que puede ser ejemplo para muchos. Gracias.

Cantar para no morir, de Iván Quezada, Perroseco Editores

Cantar para no morir

Coro de prisioneros de Chacabuco (Chile): 1973-1974
Iván Quezada Moya
Perroseco Editores

Santiago de Chile, abril de 2025