Artes y Cultura
Miércoles 23 enero de 2019 | Publicado a las 10:01
Cr√≠tica de Teatro: "Las vacas, mis ojos detr√°s de la ventana", el reba√Īo irrumpe en escena
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Violenta, agresiva y descarnada es la met√°fora que utiliza el dramaturgo tocopillano To√Īo Jerez P√©rez para referirse a la condici√≥n de la mujer en la sociedad patriarcal.

Por Leopoldo Pulgar Ibarra

Aunque en la jerga cotidiana ‚Äúvaca‚ÄĚ implica un insulto, el t√≠tulo de la obra ‚Äďjunto con se√Īalar un menoscabo de la dignidad, una conducta resignada y el esp√≠ritu gregario de mujeres y hombres- alude tambi√©n a la pasividad de quienes son propiedad de alguien desde el nacimiento hasta el matadero.

Son percepciones iniciales sobre una propuesta escénica, cuya posición feminista enfatiza lo colectivo, junto con el reclamo de mujeres víctimas de abuso histórico, decididas a tomar las riendas de sus vidas.

Gran Circo Teatro, foto de Felipe Vial Pacheco.
Gran Circo Teatro, foto de Felipe Vial Pacheco.

Privado y p√ļblico

‚ÄúLas vacas‚Ķ‚ÄĚ la protagonizan cuatro mujeres que exhiben en sus cuerpos la violencia que han sufrido no s√≥lo a nivel intrafamiliar, cuyas referencias son casos reales.

Tal vez aquí resida lo más relevante del punto de vista de la obra: que el peor maltrato de la mujer no se da sólo en el marco de sus relaciones con los hombres.

Sin dejar de lado el ámbito privado, el autor conecta la situación de violencia que viven las mujeres con la infra y superestructura imperante, tanto o más cruenta que la originada en la intimidad, cruzando el feminismo con una visión de género, social y económica.

Así como las vacas forman parte del patrimonio de un propietario que hace y deshace con su producción y sus cuerpos, la obra concibe a las mujeres como propiedad y al arbitrio de un amo.

Una postura que se incrusta en cierta corriente que define el feminismo como instrumento insurreccional por sí mismo, con capacidad para subvertir la sociedad, incluso contra los hombres o, en el mejor de los casos, sin considerarlos, como si no los implicara también.

Tras este objetivo, con la dirección de Ingrid Leyton, la obra se sumerge en un territorio donde la pobreza material y un grado de riesgo físico constituyen un poderoso lenguaje escénico y una conmovedora experiencia para el elenco y los espectadores.

El piso del escenario es la tierra que tiene sectores h√ļmedos y barrosos, donde se mueven y recuestan en momentos Rosa Ram√≠rez, Micaela Sandoval, Mar√≠a Elena Ovalle y Thais Ferrada.

Un entorno real, el espacio que antes cubría una carpa que la autoridad obligó a sacar porque entorpecía la visión de la casa de una Zona Típica que el Gran Circo Teatro tiene en comodato.

As√≠, a la intemperie, con la visi√≥n de la calle y sus ruidos, y un ambiente escenogr√°fico con ropa colgada de fondo, aromas de hierbas y m√≠nimos recursos t√©cnicos, las actrices vibran, denuncian, reaccionan y estremecen al p√ļblico.

Un contraste agudo con un texto poético que cuyo lenguaje suena rebuscado, aunque presione temas y conflictos de profunda contemporaneidad.

A esto se agregan algunos c√≥digos rituales de identidad colectiva, con un elenco que parece constituir un solo cuerpo vulnerado de animales en reba√Īo rumbo al matadero que s√≥lo pueden mugir y/o mirar lo que sucede desde detr√°s de las ventanas.

Hasta que toman iniciativas.

Gran Circo Teatro, foto de Felipe Vial Pacheco.
Gran Circo Teatro, foto de Felipe Vial Pacheco.

Hasta el 27 de enero.
S√°bado y domingo, 21.30 horas.
Entrada general $ 5.000; tercera edad y estudiantes $ 3.000.
Centro Cultural Gran Circo Teatro
Rep√ļblica 301.

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