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Las sospechas de corrupción y tráfico de influencias que rodearon el Caso Matute
Publicado por: Pedro Cid
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La resolución del caso Matute ha tropezado con algo más que falta de pruebas, evidencias o testimonios. Lo cubre un hecho excepcional: fue investigado por las dos policías, cada una de las cuales llegó a un resultado distinto, tan diferentes que necesariamente implica que una de ellas está totalmente equivocada, producto de procedimientos incompetentes o derechamente por una inquietante sospecha de corrupción o tráfico de influencias. Así de brutal y directo.

Hay que reconocer, eso sí, que los equipos investigadores se vieron enfrentados a un escenario incomprensiblemente difícil, plagado de pistas falsas, supuestamente contaminado por la influencia de poderes fácticos, mafias ligadas al narcotráfico o personas con peso económico o político.

Porque, en el fondo, ¬Ņqu√© puede ser tan importante de ocultar en un caso de presunto homicidio? Presunto, porque sin causa de muerte definida, no se puede establecer de qu√© muri√≥ el joven estudiante de Ingenier√≠a Forestal de la Universidad de Concepci√≥n. Y si no est√° cient√≠ficamente comprobado que fue asesinado, cualquier defensor de un eventual procesado podr√° decir, incluso, que muri√≥ atropellado o que cay√≥ accidentalmente.

Precisamente por estos d√≠as la ministra Carola Rivas, el cuarto juez que ve el caso, revisar√° el crucial informe del Servicio M√©dico Legal, tras la exhumaci√≥n de los restos cumplida el 24 de enero de este a√Īo y luego de la reapertura decretada el 10 noviembre del a√Īo pasado, por el entonces ministro a cargo, Jaime Sol√≠s.

Por si fuera poco, la forzada salida de la investigaci√≥n del ministro Sol√≠s, en julio de este a√Īo, obedeci√≥ a otro cap√≠tulo incre√≠ble, luego que su yerno, Farid Harum, result√≥ ser un testigo importante del enigm√°tico suceso. ¬ŅLo desconoc√≠a el ministro? Otro elemento que eleva el caso a un nivel de suprema intriga.

Archivo | Agencia UNO

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En virtud de las secretas diligencias de la ministra, es posible que en estos precisos momentos el emblem√°tico suceso viva horas decisivas, aquellas que todos esperan entreguen resultados concretos definitivamente.

Pero a fines de 1999 e inicios del a√Īo 2000, luego de la enorme conmoci√≥n p√ļblica causada por la desaparici√≥n de Coke, las polic√≠as se vieron obligadas a tomar una decisi√≥n algo bochornosa: enviar equipos investigativos de Santiago para realizar las pesquisas, debido a la creciente sospecha de participaci√≥n de efectivos en los hechos, tanto de la PDI como de Carabineros, frecuentes clientes de la discoteca ‚ÄúLa Cucaracha‚ÄĚ, ubicada camino al aeropuerto penquista, donde se emplaza un gimnasio en la actualidad.

Tesis de Carabineros

Una vez denunciada la desaparici√≥n de Jorge Matute Johns, Carabineros abord√≥ la investigaci√≥n a trav√©s del mayor (r) Henry Pincheira, pero el 5 de junio del a√Īo 2000, fue designado el mayor Andr√©s Ovalle.

Andrés Ovalle | Agencia UNO

Andrés Ovalle | Agencia UNO

El oficial arrib√≥ a la siguiente conclusi√≥n: a las 4:30 de la madrugada del s√°bado 20 de noviembre de 1999, el joven universitario es protagonista de una discusi√≥n generada en el interior de la infame discoteca ‚ÄúLa Cucaracha‚ÄĚ, en la que es golpeado por un guardia apodado ‚ÄúEl Oso‚ÄĚ, aparentemente por coquetear con Carmen Sere√Īo, cajera del recinto y pareja del due√Īo del local.

Jorge Matute es llevado malherido hasta el subterr√°neo y despu√©s trasladado, a√ļn con vida, hasta un lugar desconocido, trayecto en el cual falleci√≥ producto de la golpiza.

La cruelmente exitosa forma de sacar el cuerpo sin ser visto por los m√°s de 500 asistentes a la discoteca, obedeci√≥ -seg√ļn Ovalle- al apoyo prestado al propietario del ilegal recinto, el m√©dico y arquitecto Bruno Betanzo, por una red de protecci√≥n de traficantes compuesta, entre otros, por carabineros de Coronel, quienes trabajaban para un traficante conocido como el “Ma√Īungo” (Manuel Hern√°ndez).

Para Ovalle, la muerte fue circunstancial, no planificada, y en el recinto, demolido el 5 de abril del a√Īo 2002, se desarrollaba una fiesta “techno”. Hab√≠a sido arrendado tambi√©n por el Colegio de Abogados y se realiz√≥ un acto de cierre de Expo Corma, por lo que estaban presentes algunos empresarios y personas de alguna connotaci√≥n econ√≥mica, adem√°s del p√ļblico frecuente, como j√≥venes y desconocidos de dudosa reputaci√≥n.

El investigador acusa hasta el d√≠a de hoy que altos mandos de su propia instituci√≥n boicotearon su investigaci√≥n, con la prueba de sangre enviada al FBI adulterada, tras romper injustificadamente la cadena de custodia; y luego, margin√°ndolo art√©ramente a √©l de Carabineros, todo lo cual plasm√≥ en su libro ‚ÄúEnfermos de cobard√≠a, testigo y protagonista de una investigaci√≥n‚ÄĚ.

V√≠ctima de un complot o no, lo cierto es que la credibilidad del mayor (r) Ovalle qued√≥ seriamente cuestionada tras comprobarse que la maqueta de ‚ÄúLa Cucaracha‚ÄĚ que present√≥ ante la jueza Flora Sep√ļlveda para exponer su teor√≠a, se la hab√≠an financiado y elaborado las familias de los siete j√≥venes acusados por la Polic√≠a de Investigaciones.

Tesis de la PDI

La polic√≠a civil envi√≥ al comisario de la Brigada de Homicidios, H√©ctor Arenas, quien reportaba sus avances directamente a su superior de Santiago y no al jefe de Concepci√≥n, en una clara muestra de las sospechas a todo nivel que despert√≥ la desaparici√≥n de Jorge Matute Johns, de 23 a√Īos.

Héctor Arenas | Agencia UNO

Héctor Arenas | Agencia UNO

Arenas lleg√≥ con un equipo propio a la zona, compuesto por 8 personas, y concluy√≥ que el joven domiciliado en Villa Spring Hill, de la comuna de San Pedro de La Paz, fue v√≠ctima de una golpiza propinada en el estacionamiento de ‚ÄúLa Cucaracha‚ÄĚ, por parte de siete j√≥venes, de entre 17 y 19 a√Īos, quienes fueron procesados por obstrucci√≥n a la justicia.

Dichos acusados pasaron algunos días en prisión, pero finalmente fueron absueltos debido a que el delito impugnado dejó de existir al instaurarse la Reforma Procesal Penal, que lo modificó por obstrucción a la investigación.

Seg√ļn esa l√≠nea procesal, Matute Johns entraba y sal√≠a del recinto nocturno, ya que en el auto en que se movilizaba llevaba alcohol, con lo cual se ahorraba el consumo en el local, al que concurri√≥ con su amigo Gerardo Roa (que se cambi√≥ de nombre y trabaja en Santiago) y las hermanas Mar√≠a Jos√© y Mar√≠a Paz Maldonado.

Entre las 3:30 y 4:30 de la madrugada el universitario se enfrasca en una √°spera discusi√≥n con los j√≥venes liderados por √ďscar Araos, por un supuesto rayado realizado al auto de ellos, y del que responsabilizaron a ‚ÄúCoke‚ÄĚ.

La golpiza dio paso a las maniobras por ocultar el cuerpo, ya sin vida, en un lugar lejano, que seg√ļn estas pesquisas, por el tiempo en que fueron dejados de ver los del grupo, coincide con aquel en que finalmente fueron hallados los restos, el 12 de febrero de 2004, en el kil√≥metro 22,6 de la Ruta de la Madera, hacia la comuna de Santa Juana.

El descubrimiento resultó absolutamente accidental. Uno de los trabajadores de la empresa contratista CDR, que desmalezaban la ribera del río Bío Bío, bajó a orinar encontrando primero el cráneo. No dieron inmediato aviso a las policías, sino que un matrimonio vecino del sector, dominado por parcelas, estimó conveniente contactar a Carabineros debido a la falta de criterio y respeto con que los obreros trataban las osamentas, ya que usaban el cráneo para asustar a los automovilistas. Una barbaridad.

Archivo | Agencia UNO

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Las conclusiones del comisario Arenas desembocaron en la detenci√≥n de Araos y sus amigos, Federico Homper, Cristian Herrera, Jaime Rojas, Jorge Ba√Īados, Jos√© Ignacio del R√≠o y Carlos Alarc√≥n. El arresto se cumpli√≥ el 1 de enero del a√Īo 2001 siendo procesados por secuestro y obstrucci√≥n a la justicia cuatro d√≠as despu√©s, pero por el motivo ya se√Īalado recuperaron la libertad apenas una semana m√°s tarde, el 12 de enero.

Reflexiones

Aunque las conclusiones de las polic√≠as incriminan a personas diferentes, por lo menos coinciden en que el origen del incidente que termin√≥ con la vida de ‚ÄúCoke‚ÄĚ ocurri√≥ en zonas relativamente cercanas, dentro o fuera de la discoteca.

Lo que llama la atenci√≥n es la ausencia de testigos claves, porque en cualquiera de los casos y con la cantidad de p√ļblico presente en ‚ÄúLa Cucaracha‚ÄĚ esa noche, no se explica c√≥mo nadie vio algo extra√Īo, porque una complicidad de centenares de personas en un pacto de silencio m√ļltiple es altamente improbable, casi absurdo.

También cabe la posibilidad que a la hora en que ocurrieron los hechos, la mayoría de las personas se encontrara bajo los efectos del alcohol, por lo que efectivamente podrían no recordar absolutamente nada.

Archivo | Agencia UNO

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Las prebendas de las que gozaba Bruno Betanzo, además, son inaceptables, ya que nadie fiscalizaba el recinto, que luego se supo carecía de permiso, patente o autorización sanitaria para funcionar.

Aunque la causa de muerte de Jorge Matute Johns es indeterminada, un examen practicado por la perito Isabel Reveco, a petici√≥n del Consejo de Defensa del Estado, pero desacreditado luego por el Servicio M√©dico Legal, se√Īal√≥ que el joven muri√≥ debido a golpes sufridos en el cr√°neo, t√≥rax y abdomen.

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