Notas
Buena mesa y autonomía judicial
Publicado por: Alberto Gonzalez
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En el actual modelo construido bajo la forma de Rep√ļblica Democr√°tica y protegidos por las garant√≠as del Estado de Derecho, la igualdad, autonom√≠a e independencia de cada una de las funciones estatales es una de las principales caracter√≠sticas que aseguran la protecci√≥n de la democracia y la legalidad.

La otra cara del principio de la separaci√≥n de poderes ‚Äďen estricto rigor separaci√≥n de funciones, ya que el poder estatal es uno e indivisible- es la fiscalizaci√≥n rec√≠proca entre los distintos √≥rganos p√ļblicos. La idea que subyace tras dichos controles p√ļblicos, es garantizar el apego a la Constituci√≥n y las leyes por parte del Estado.

Sin embargo, fuera de los controles oficiales, los distintos organismos p√ļblicos se ven sometidos al escrutinio p√ļblico, jugando la prensa ‚Äďlibre- un papel fundamental en la transparencia p√ļblica. Por consiguiente, ninguna funci√≥n p√ļblica ‚Äďaunque as√≠ lo pretenda- debe estar libre del escrutinio o de la cr√≠tica, tanto de ciudadanos como de otros funcionarios p√ļblicos: cr√≠tica no significa intromisi√≥n. Sin embargo, el Poder Judicial es especialmente celoso en este √ļltimo punto.

Esperar una total abstenci√≥n por parte de la ciudadan√≠a o de los otros √≥rganos p√ļblicos parece excesivo. Resulta equivalente a pretender tejer en torno a los jueces una especie de inmaculada santidad, que los pondr√≠a al margen de cualquier cr√≠tica o intromisi√≥n.

Nada m√°s alejado de la realidad. Los jueces, como cualquier otro representante del Estado, est√°n sujetos al escrutinio pol√≠tico y democr√°tico en el ejercicio de su important√≠sima funci√≥n. Y es que los jueces, en √ļltima hora, est√°n llamados a velar por el ordenamiento jur√≠dico que cimienta el Estado de Derecho. Se espera que sus sentencias sean apegadas a Derecho, justas e imparciales, evitando el activismo judicial o la prevaricaci√≥n bajo cualquier supuesto. Se espera asimismo, cierta prudencia en nuestros jueces, en torno a evitar conductas o declaraciones que los puedan implicar en las causas que conocen, o bien ser recusados por cierto parentesco, afinidad, compadrazgo o preferencia con alguna de las partes que litigan. De all√≠ la especial importancia de que nuestros jueces no sean militantes de partidos, por ejemplo.

Pero la pol√≠tica y la judicatura son compartimientos rec√≠procamente permeables. Claro, es f√°cil esperar imparcialidad del juez de letras en lo civil de Puerto Cisnes, pero no resulta tan f√°cil con un Ministro de Corte de Apelaciones o un miembro de la Corte Suprema. Y especialmente a su Presidente, llamado a ser el v√≠nculo con los otros organismos p√ļblicos.

Sin embargo, al igual que la mujer del C√©sar, los jueces deben ser ‚Äďo parecer- prudentes. Y si bien el ministro Ballesteros tiene raz√≥n al se√Īalar que una reuni√≥n no necesariamente afecta la independencia de los jueces, a veces la prudencia podr√≠a indicar que lo mejor para la imagen de un poder del Estado que dicen defender, ser√≠a la abstenci√≥n.

Javier Infante, Columnista Fundación Cientochenta y Académico PUC.

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