Notas
Crónica para una Inteligencia desesperada: Viejas y nuevas prácticas de la metodología represiva
Publicado por: José Antonio Palma
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No es un misterio que el Estado despliega una serie de mecanismos represivos y de control social para mantener el establishment. Una de sus formas es la Inteligencia, aspecto que en guerras y conflictos modernos se vuelve clave para adelantarse a los movimientos y planes del enemigo. Recopilan informaci√≥n y la eval√ļan, sistematizan las fuerzas y clasifican a los eventuales sujetos y/o grupos peligrosos, violando su misma legalidad burguesa, derechos civiles y garant√≠as individuales, y del mero seguimiento o monitoreo se llega al amedrentamiento.

La inteligencia policial y militar trabaja 24 horas al d√≠a para garantizar la ‚Äúdemocracia‚ÄĚ que ‚Äútanto les cost√≥ recuperar‚ÄĚ en Chile, condici√≥n para que entre otras cosas, estas tierras siga siendo fecunda para la inversi√≥n transnacional y la explotaci√≥n humana y de nuestros recursos naturales. Basados en el precepto del monopolio de la violencia y del estado de derecho, el Estado a trav√©s de sus fuerzas vela por contener la movilizaci√≥n social, ya que desde un paradigma neofascista se observa como peligroso no s√≥lo por las implicancias econ√≥micas, sino porque revelar√≠a las fisuras del ‚Äėesp√≠ritu‚Äô nacional, develando las diferencias de clases y sus contradicciones.

Actualmente se est√° configurando un nuevo escenario represivo, donde si bien se contin√ļan con algunos rasgos de la metodolog√≠a represiva del siglo XX, observamos nuevas pr√°cticas que violan derechos y evidencia la desesperaci√≥n del Estado por la progresiva y firme movilizaci√≥n social.

La contrainsurgencia mutar√° de las antiguas golpizas a los viejos dirigentes sindicales en los a√Īos 20‚Äô y 30‚Äô propinadas por matones a sueldo de los patrones, a una muy bien elaborada Doctrina de Seguridad Nacional y al terrorismo de Estado, muy conocido en Am√©rica Latina, materializada por las fuerzas armadas, a sueldo eso s√≠, de naciones enteras.

Recogiendo informaci√≥n de las experiencias del imperialismo franc√©s que tuvo que retirarse de la Indochina y de Argelia, y su posicionamiento geopol√≠tico de ‚ÄúDefensa Hemisf√©rica‚ÄĚ frente a la amenaza del ‚Äúmarxismo internacional‚ÄĚ, Estados Unidos le dio cuerpo metodol√≥gico a la represi√≥n y lo institucionaliz√≥. Surgiendo incluso una escuela, la Escuela de las Am√©ricas, situada primero en Panam√° y actualmente en Estados Unidos, fue un lugar donde la oficialidad de las fuerzas armadas del continente realizaba cursos donde se adiestraba a los militares en tareas represivas, como la tortura, infiltraci√≥n y asesinato.

¬ŅCu√°l es el nuevo escenario? ¬ŅCu√°l es la nueva metodolog√≠a? En la actualidad ya no existen los importantes aparatos o estructuras pol√≠tico-militares de Izquierda, esos cuadros profesionales entrenados en alg√ļn pa√≠s del bloque socialista y que se foguearon en Centroam√©rica, es una imagen del pasado, un mito heroico que algunos miran por el retrovisor de la historia y se√Īalan que ‚Äútodo tiempo pasado fue mejor‚ÄĚ.

La Izquierda atomizada y fragmentada se enfrenta a un contexto particular de reactivaci√≥n de algunos movimientos sociales, donde quiz√°s en el m√°s significativo, el movimiento mapuche, en que poco y nada ha influido la Izquierda de manera directa. Ante la debilidad se apuesta desde algunos sectores a la movilizaci√≥n de masas; copando espacios p√ļblicos, paros y tomas, con ocasionales enfrentamientos con Carabineros; son los focos de violencia pol√≠tica m√°s comunes. Los manifestantes dirigen su accionar hacia la est√©tica de la ciudad burguesa, los s√≠mbolos de poder econ√≥mico y contra las fuerzas especiales.

La represión masiva básicamente tiende a ser de la siguiente manera: Limitar el avance de las marchas por las avenidas principales, alejarlas de los edificios estatales y de los barrios residenciales acomodados. Su mera presencia con todo el poder de fuego que eso implica tiende a provocar, a intimidar, antes que disuadir. Mantienen una distancia cercana, carros policiales, lanza aguas, lanza gases, fuerzas especiales cada vez con mayores implementos técnicos pretenden intimidar y provocar.

Repetimos, una acci√≥n disuasiva enfocada a los grupos que violentamente act√ļan est√° lejos de la realidad, los disparos con balines de pintura o acero, el chorro del carro del guanaco y el gaseo del zorrillo pueden ser muchas cosas, pero focalizados en su accionar no lo son. Piedras y botellas no se comparan con toda la caballer√≠a blindada y el poder represivo a cargo de las fuerzas especiales, en suma, es totalmente desproporcionado. M√°s que de defensa, pareciera de ataque. Casi las mismas formas represivas del pasado revestidas de modernidad.

Regl√≥n aparte es la labor de la Inteligencia, que no s√≥lo graba y fotograf√≠a a los manifestantes sin criterio, todos por igual terminan en los archivos policiales. Inserta miembros en las marchas, en asambleas y como hace poco nos enteramos con estupor en colectivos de fot√≥grafos. Miles de fojas policiales con fotograf√≠as tienen un denominador com√ļn, todos son sospechosos de ser el enemigo. Buscando generar desconfianza y desaz√≥n en diferentes espacios, y por sobre todo miedo. ¬ŅQui√©n podr√≠a poner en duda que esa primera piedra no la lanz√≥ un infiltrado para justificar la represi√≥n masiva?

En lo individual, ¬ŅA qui√©n se reprime? Aqu√≠ nos encontramos con una particularidad de estos tiempos, los muertos de nuestra democracia y los torturados no son los grandes dirigentes del pasado. Son an√≥nimos para la pol√≠tica nacional. Si vemos uno de los casos m√°s grotescos de esta √ļltima semana, Cesar Reyes no era ni vocero ni representante de su Liceo, pero si un activo joven que participaba del Preuniversitario Oscar Fuentes y de algunas experiencias organizativas de su colegio.

√Čl es parte de esa fracci√≥n de j√≥venes populares que se moviliza decididamente por la demanda de ‚ÄėEducaci√≥n Gratuita‚Äô, que no pertenece a partidos pol√≠ticos y que para las formas anquilosadas no es nadie importante, pero en el nuevo escenario de reconfiguraci√≥n, √©l es representativo de los miles que salimos a las calles. Ante su detenci√≥n arbitraria y vejatoria la solidaridad no se hizo esperar, y esa misma generaci√≥n de an√≥nimos fue a acompa√Īarlo a la audiencia, de un d√≠a para otro, j√≥venes de los liceos Barros Borgo√Īo, Dar√≠o Salas y Aplicaci√≥n, entre otros, atiborraron el centro de justicia, m√°s de 3 mil secundarios le fueron a decir al Estado que Cesar no estaba solo y que nunca m√°s impunidad. Son los mismos que est√°n en esa primera fila, de esa lucha desigual frente a un enemigo superior. Son los que no tienen nada que perder, porque su futuro pende del hilo bancario de un cr√©dito.

Secuestrar a un menor de edad, torturarlo, amenazarlo de muerte y obligarlo a abrir su Facebook para que se√Īale a sus contactos y compa√Īeros es grave e impresentable. El m√©todo de la PDI, que casualmente rima con CNI, no est√° lejos de la ficci√≥n. Si antes en dictadura sacaban a los prisioneros horas en autom√≥vil para que delataran a sus compa√Īeros, ahora lo hacen adecu√°ndose al mundo contempor√°neo, donde como sabemos, las redes sociales juegan un papel fundamental para convocar y aglutinar a los manifestantes.

Pareciera que la Inteligencia estuviese desesperada, que no logra comprender que los j√≥venes no tienen una estructura jer√°rquica, vertical, que no es el centralismo democr√°tico que prima en las relaciones org√°nicas y pol√≠ticos, encolerizados no pueden entender que las l√≥gicas de esta generaci√≥n es distinta. Mientras se esmeran en configurar asociaciones il√≠citas, organigramas, la movilizaci√≥n basada en la lateralidad pol√≠tica y la horizontalidad org√°nica, en di√°spora por el territorio contin√ļa brotando como un germen. Esa desesperaci√≥n es peligrosa puesto que esa consternaci√≥n, pueden generarse ‚Äúexcesos‚ÄĚ o se les puede ‚Äúpasar la mano‚ÄĚ, eufemismo que utiliza el discurso oficial.

A la movilización social difícilmente la podrán detener estos nefastos mecanismos represivos, obsoletos y bestiales. Generaran lo contrario, fortalecerá la convicción, se ampliará el respaldo y posiblemente imprima mayor radicalidad. Liceos en toma, comunidades mapuches, centros sociales y okupas cada vez son más difíciles de amedrentar, ganan apoyo y muchas de las articulaciones existentes comienzan solidarizando luego de una arremetida represiva. Para que todo esto pare no sólo tendrán que apresar a los dirigentes o voceros, tendrán que meternos a todos en las mazmorras. Estas nuevas y viejas prácticas no develan nuestro miedo, sino el de ellos, los poderosos, que no pueden comprender que somos la generación que lo perdió y que vamos por todo.

José Antonio Palma

José Antonio Palma

José Antonio Palma

Profesor de Historia y Geograf√≠a, Magister (c) en Historia USACH. Educador popular y activista HipHop. Sus tem√°ticas de investigaci√≥n giran en torno a la historia reciente, memoria, violencia pol√≠tica y militancia en la izquierda pol√≠tica. Publicar√° en el curso del 2012 el libro ‚ÄúEl MIR y su opci√≥n por la guerra popular. Estrategia pol√≠tico-militar y experiencia militante en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria [MIR] 1982-1990‚ÄĚ, por Ediciones Escaparate.

Actualmente se encuentra trabajando en proyectos de investigación, FONDECYT y DICYT-USACH, talleres de educación popular y en reinserción escolar.

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