Notas
Animales surtidos y flagelados y la multiplicación de los peces, perdón, de los pesos
Publicado por: Daniel Torres
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

En la presente Europa soleada y en crisis, mientras las ganancias de bancos y de avispados se privatizan y las p√©rdidas se socializan, hay pocos afortunados que salen a veranear. Se van muy campantes dejando atr√°s a millares de animales dom√©sticos. Ya no les sirven, los abandonan. Si acaso no los arrojan en calles, parques y caminos, les envenenan, deg√ľellan o tirotean.

Entretanto, al término de la temporada de caza otros valientes miserables con sus escopetas e ínfulas reales surtidas se deshacen de sus perros ahorcándoles o dándoles alguna pócima letal.

En los laboratorios, del refinado y viejo mundo, hay surtidos de monstruosidades. Por ejemplo obligan a los monos a fumar para que agonicen con un c√°ncer pulmonar hasta las orejas. A otros macacos les someten a descargas el√©ctricas o los mantienen atrapados en cepos, les destruyen las cuerdas vocales o los ojos, probando la eficacia de ung√ľentos y maquillajes.

En Pamplona, cada a√Īo, corren adultos y ni√Īos idiotizados, jug√°ndose la vida, entre un alboroto de toros aterrorizados y sueltos por las calles. Es la fiesta m√°xima del Pa√≠s Vasco. Es la emoci√≥n que, borracheras de por medio, admiraba y ensalzaba el transf√≥bico, Ernest Hemingway, N√≥bel de literatura.

En plazas taurinas reina un espect√°culo de crueldad alabado por el rancio gobierno conservador de Espa√Īa. Los rumiantes entran al ruedo drogados y golpeados en ri√Īones y test√≠culos, clavados por arpones, irritados, lacerados, enloquecidos por el dolor. Mientras los destrozan, los caballos, que forman parte de la faena, corren y se agitan ensangrentados, con las v√≠seras colgando. La muchedumbre ruge de placer. Jos√© Ignacio Wert, ¬°ministro de cultura! alaba la fiesta patria salvaje, casposa y criminal.

Cientos de leones sudafricanos -los √ļltimos que quedan- caen sistem√°ticamente asesinados. El negocio consiste en triturar sus huesos para venderlos en el mundo opulento como p√≥cimas sexuales, todas falsas.

Las abejas, fundamentales para la vida del planeta, se reducen abatidas por los pesticidas venenosos. En otro paisaje masacran a los √ļltimos elefantes. Se ofrecen tours hacia √Āfrica desde Berl√≠n, Estocolmo o de Londres, ahora tan acicalada por sus juegos ol√≠mpicos. Entre los asiduos pululan ‚Äúnobles‚ÄĚ junto a magnates petroleros o jeques y reyezuelos, todos flotando en trapos y tragos regios.

Las preciosas ballenas continuarán siendo el blanco de cacerías indiscriminadas. La Comisión Internacional que se reunió hace poco en Panamá (82 países, Chile entre ellos) no fue capaz de parar a japoneses, noruegos y a sus aliados. Los bellos cetáceos arponeados y asesinados con fines comerciales forman parte del implacable desastre y extinción de los océanos.

A√ļn se recuerda en Santiago y alrededores la insoportable pestilencia luego de aquella mortandad de miles de cerdos en una granja ilegal y abandonada. ¬ŅY qu√© sucedi√≥ con los responsables?

Cuando era un chico de misa y sacrist√≠a, a Pablito le leyeron el cuento de la multiplicaci√≥n de los peces. El avispado, ahora crecido, ufano, conflictivo y populista, lo recuerda mal. ¬ŅMultiplicaci√≥n de los peces? No. Multiplicaci√≥n de los pesos. Por eso es el padre putativo de la Ley Longueira. Una artima√Īa que entrega la explotaci√≥n del mar de todos los chilenos a un pu√Īado de se√Īorones. Siete familias se llevan la torta. Suavemente, eso se llama concentraci√≥n de la riqueza entre cuatro grandes grupos. Los apellidos, de sobra conocidos, se repartir√°n un pastel marino que, por lo bajo, genera anualmente (extracci√≥n, comercializaci√≥n) US $3 mil millones.

¬ŅY los pescadores artesanales? ¬ŅY sus lanchas pobres y maltrechas, sus caletas hist√≥ricas, sus instrumentos tembleques, sus casuchas harapientas? Son un peso muerto para un Chile neoliberal, orgulloso y arrogante. Los peces que mueran y cuantos m√°s, mejor negocio. A nadie le interesa que la codicia mate a esta gallina marinera de los huevos de oro. ¬ŅY aquellos trabajadores de toda la vida, sus familias, su oficio tan sacrificado? Pues, tal como grit√≥ en el parlamento de Madrid la diputada derechista Andrea Fabra, refiri√©ndose a los cesantes: ¬°que se jodan!

En la tradici√≥n y en la moral judeo-cristiana-isl√°mica, donde todos estamos envueltos, el desprecio a los animales no humanos, siempre ha prevalecido. No tienen alma. ¬ŅQu√© es eso?

Sigamos hurgando. ¬ŅQui√©nes son (o somos) los animales? Todos, sin excepci√≥n. Pero los m√°s perversos y da√Īinos, depredadores, cobardes, mentirosos, malagradecidos, ladinos, etc. o sea los m√°s peligrosos y arrogantes, somos nosotros, hom√≠nidos. El comedi√≥grafo latino Plauto, que muri√≥ el a√Īo 184 antes de Cristo, lanz√≥ una conocida frase que ahora queda corta. ‚ÄúHomo homini lupus‚ÄĚ, el hombre es el lobo del hombre. No. El lobo como cuadr√ļpedo perverso es otra de las mentiras que siempre nos contaron desde ni√Īo. El lobo, tatarabuelo del perro, fue hist√≥ricamente reducido y aniquilado, convertido en asesino en medio del pavor y de la ignorancia de siglos. No. El lobo es uno de los animales m√°s inteligentes, sociables, injustamente vilipendiado. La c√©lebre y refinada pianista francesa, H√©l√®ne Grimaud, bella y joven adem√°s, ha dedicado tiempo y dinero, a preservar reservas naturales para esta especie. Tambi√©n ha escrito libros y realizado filmes sobre el tema. Frente a la desprotecci√≥n de los animales es conmovedor cuanto puede hacer un personaje sensible, famoso, con recursos, sobre todo si se trata de una f√©mina inteligente.

Pero no se necesita ser tan importante o celebrada para asistir, comprender y salvar a tantos animales heridos, maltratados, quebrados, hambrientos o vagabundos. S√© de otro caso conmovedor, tan digno de verso y prosa. Es una lozana penquista que habita yendo por las calles Carrera o Prat, al sector aleda√Īo al puente principal sobre el B√≠o B√≠o, en una poblaci√≥n de gente honesta y trabajadora. Ella, con sus propios y limitados recursos, acoge en su patio y en su puerta a esas bestias heridas y torturadas por una sociedad mezquina, envilecida. Sin aspavientos, con muchos sacrificios, en silencio, cuida con sus propias manos y con amor a esos quiltros despaturrados. Se llama Mar√≠a Isabel y su obra peque√Īa, m√≠nima, se engrandece. Se convierte en una epopeya ante tanta depredaci√≥n y abyecci√≥n humana, ante tanta ruindad con a los pobres animales. ¬°Ah, y tanta ruindad con los peces tambi√©n!

Oscar ‚ÄúEl Monstruo‚ÄĚ Vega:

Periodista, escritor, corresponsal, reportero, editor, director e incluso repartidor de peri√≥dicos. Se inici√≥ en El Sur y La Discusi√≥n, para continuar en La Naci√≥n, Fort√≠n Mapocho, La √Čpoca, Ercilla y Cauce. Actualmente reside en Portugal.

Tendencias Ahora