Notas
Hacerse el tiempo: ¬ŅC√≥mo lidiar con una agotadora jornada laboral?
Publicado por: Jorge Silva
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Si algo caracteriza a marzo es el estr√©s que lo acompa√Īa. Listas escolares, permiso de circulaci√≥n, matr√≠culas, entre otros, se nos vienen encima. Adem√°s, para los afortunados que tuvieron vacaciones en el verano, volver a la rutina se vuelve, muchas veces, un estr√©s m√°s.

Pero, ¬Ņqu√© entendemos por estr√©s? Aunque por lo general se le da una connotaci√≥n negativa, el estr√©s es una reacci√≥n del organismo frente a una situaci√≥n percibida o bien como una amenaza o como muy demandante. Aunque es una respuesta natural, cuando la situaci√≥n se mantiene en el tiempo, el cuerpo se ve sobrecargado de tensi√≥n, lo que causa diversas enfermedades o malestares.

Tomemos el caso de Germ√°n (este caso es real, sin embargo, el nombre y algunos datos han sido cambiados para proteger la identidad de la persona referida en √©l, quien revis√≥ y autoriz√≥ esta publicaci√≥n), quien llega a mi consulta cont√°ndome que al trabajar desde hace a√Īos en un puesto de mucha responsabilidad, se encuentra afectado de un alto estr√©s todo el a√Īo. En sus palabras, para √©l ‚Äútodos los meses son marzo.‚ÄĚ

Lo que m√°s le preocupa es que se siente todo el d√≠a cansado, y m√°s encima en la noche le cuesta mucho dormir. Me dice que no le gusta su trabajo, no tanto por lo que tiene que hacer en √©l ‚ÄĒque le parece interesante‚ÄĒ sino por lo agotado que lo tiene.

Cuando le pregunto por su rutina, me explica que sale todos los d√≠as cerca de las siete de la ma√Īana de su casa, y que llega del trabajo alrededor de las ocho de la noche. El problema es que, por las caracter√≠sticas de su cargo, la mayor√≠a de las veces se lleva trabajo pendiente a su casa, por lo que termina comiendo algo r√°pido frente al computador mientras lo termina. Cuando se va a acostar, alrededor de las once de la noche, le cuesta mucho relajarse, y se queda pensando en todo lo que tiene que hacer al d√≠a siguiente. Muchas veces, reci√©n en la madrugada logra dormirse.

En parte producto de este estresante ritmo, Germ√°n est√° separado hace un par de a√Īos, por lo que vive s√≥lo en un departamento cerca de su trabajo. Su mujer lo dej√≥ dici√©ndole que no le interesaba estar con un ‚Äútrabaj√≥lico‚ÄĚ. Tiene derecho a ver a su hijo todos los fines de semana, pero por lo general no tiene tiempo para ello.

Cuando le pregunto si, aparte de trabajar, hace algo distinto en el d√≠a, algo que le agrade, me dice: ‚Äúno tengo tiempo para nada‚ÄĚ. Es una respuesta que se repite cuando le pregunto acerca de sus fines de semana o, incluso, sobre sus vacaciones.

La clave de este caso se encontraba, a mi parecer, en su constante lamento de no tener tiempo para nada. Esta frase es una generalización desmedida, ya que siempre es posible hacerse un tiempo para algo más que el trabajo.

Sin embargo, Germán se mostraba seguro de que no. Una y otra vez me repetía que no le quedaba tiempo en el día para hacer lo que él quería, ni para distraerse. Sólo trabajar, hacer las cosas de la casa y dormir.

Aprovechando su inclinaci√≥n hacia las matem√°ticas, le pregunt√© si no le era posible tener aunque fuesen quince minutos para √©l en el d√≠a. Nuevamente nombr√≥ todas las cosas que hac√≠a en el d√≠a, las que le volv√≠an imposible tomarse tan s√≥lo esos minutos. Le pregunt√© qu√© porcentaje del d√≠a eran quince minutos. ‚ÄúComo el uno por ciento‚ÄĚ, me dijo, no sin esbozar una sonrisa, despu√©s de un breve c√°lculo mental.

Fue entonces cuando se abri√≥ a la posibilidad de que efectivamente pod√≠a tomarse esos quince minutos diarios. Conversamos sobre las distintas actividades que le gustar√≠a hacer en ese tiempo. Fue muy dif√≠cil que Germ√°n lograse pensar algo, ‚Äúhace tanto tiempo que no hago nada de lo que me gusta‚ÄĚ, me dec√≠a, ‚Äúque ya ni se me ocurre‚ÄĚ. Finalmente me dijo que principalmente quer√≠a poder cocinarse algo m√°s elaborado algunos d√≠as, revisar p√°ginas de internet no relacionadas con su trabajo, o ver parte de alguna serie de televisi√≥n.

A la semana siguiente, llegó contándome que en quince minutos no alcanzaba a hacer nada. Le pregunté si había visto afectado su trabajo, las labores domésticas o su descanso, producto de asignar ese uno por ciento a una actividad de su agrado, y me dijo que por supuesto que no, que era demasiado marginal el uno por ciento para afectar algo.

En aquellos quince minutos diarios a Germán se le habían ocurrido muchas cosas que sí quería hacer. Esto significa que pensar actividades de su agrado, algo que la semana pasada se había vuelto una tarea titánica, en esos momentos se había vuelto una reflexión natural.

Esto demuestra que el tomar distancia de lo que nos agobia, permite mirar con más calma lo que sí nos gusta de la vida, un importante primer paso para poder relajarnos y ser más felices.

Sin embargo, su lamento volvi√≥ a aparecer. Todas las cosas que se le hab√≠an ocurrido tomaban m√°s de quince minutos ‚ÄĒalgo que no debe sorprender a nadie‚ÄĒ por lo que ahora estaba desesperanzado: no las podr√≠a hacer, ya que no estaba dispuesto a destinar m√°s del uno por ciento de su d√≠a a su relajo.

Nuevamente, su inclinaci√≥n matem√°tica me ayudar√≠a. ¬ŅCu√°nto tiempo necesitar√≠as para esas actividades?, le pregunt√©. ‚ÄúM√°s o menos una hora‚ÄĚ, respondi√≥ tristemente.

Dentro de las actividades que le habían dado ganas de hacer, en más de quince minutos, elegí la que me parecía más fácil de coordinar para él, andar en bicicleta, y le dije que la tarea de esta semana era hacerla. Me indicó, molesto, que no tenía tiempo para eso, por todas las obligaciones que me volvió a repetir.

Le dije que si se tomaba una hora para hacer eso, de los 105 minutos que se tomaba en total a la semana la semana (15 minutos cada uno de los 7 días de la semana) alcanzaba a tomarse 60 minutos para andar en bicicleta, y todavía le quedaban disponibles 45 minutos, para tener tres momentos de descanso.

Le propuse que se tomase quince minutos el lunes, miércoles y viernes, y el día sábado se tomase la hora restante para ir a andar en bicicleta.

La clave en este caso fue ir muy de a poco, sin darle espacio suficiente a su visi√≥n habitual de ‚Äúno hay tiempo para nada‚ÄĚ, pidi√©ndole algo m√≠nimo, tan s√≥lo 15 minutos al d√≠a. Aunque eso puede sonar mucho, al convertirlo en porcentaje, el hecho de que ‚Äúes tan s√≥lo uno por ciento‚ÄĚ lo convierte en una cantidad desestimable incluso para √©l. A fin de cuentas, a casi todos nos pasa que si nos dicen ‚Äúhay s√≥lo un 1% de probabilidad‚ÄĚ de alg√ļn suceso, lo consideramos pr√°cticamente nulo.

¬ŅQu√© creen que pas√≥ la semana siguiente? Germ√°n lleg√≥ muy contento, cont√°ndome que hab√≠a ido a andar en bicicleta al cerro San Crist√≥bal, pero que se hab√≠a quedado con gusto a poco. Me explic√≥ que por el tiempo que se demoraba en llegar al cerro, no alcanzaba a andar una hora, por lo que no era suficiente.

Aqu√≠ opt√© por ser abogado del diablo, y le pregunt√© muchas veces, extra√Īado y sorprendido, si estaba seguro que no le bastaba con 1% del d√≠a para √©l. Finalmente me dijo que le hab√≠a dado hartas vueltas y, que aunque me respetaba como profesional, encontraba que era muy poco, y debiese ser al menos del orden del 2%.

Le dije que viera esta semana con el 2%, que se tomase entonces tres momentos de descanso de 30 minutos en la semana, y que el s√°bado se tomase dos horas para andar en bicicleta.

Cuando lleg√≥ a su tercera sesi√≥n, Germ√°n me cont√≥ que hab√≠a decidido que un 5% de la semana para hacer cosas que le gustasen era un n√ļmero ideal, es decir, 8 horas (la semana tiene 168 horas). Me tra√≠a una propuesta: tomarse media hora cada d√≠a los d√≠as de semana, para un total de 2 horas y media, y el fin de semana tomarse las 5 horas y media restantes. De hecho, ya ten√≠a planificado ir al estadio con su hijo, a quien ya ni siquiera ve√≠a todas las semanas. Su hijo, seg√ļn me cont√≥ Germ√°n, le dijo que ‚Äúno pod√≠a creer que se hubiese hecho el tiempo‚ÄĚ.

Cuando lo vi a la semana siguiente, me contó que estaba durmiendo mejor, algo que él atribuía al cansancio producto de la bicicleta. Estaba contento de ver más a sus hijos, y se sentía con más energía durante el día.

Le pedí que volviese en dos semanas para ver cómo seguía con su propuesta del 5%. No fue raro encontrarme en ese momento con un hombre menos estresado.

¬ŅC√≥mo podemos resumir lo que sucedi√≥? Creo que la frase del hijo de Germ√°n es la mejor forma de explicar de qu√© se trat√≥ el tratamiento.

Se hizo el tiempo.

Jorge Silva Rodighiero, Psicólogo de la P. Universidad Católica de Chile | www.jorgesilva.cl | Puedes realizar tus consultas a la siguiente cuenta en Twitter @jorgesilvacl.

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