Notas
La homosexualidad no tiene cura
Publicado por: Jorge Silva
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La homosexualidad no tiene cura. ¬ŅPor qu√©? Porque no es una enfermedad.

Por Jorge Silva Rodighiero

Esto no es algo nuevo. Ya en los a√Īos setenta en Estados Unidos se excluy√≥ de la lista de trastornos psicol√≥gicos contemplados en el DSM-III (manual utilizado en ese pa√≠s tanto para el diagn√≥stico como para la investigaci√≥n de trastornos mentales). Este manual, en sus nuevas versiones, sigue siendo ampliamente utilizado en ese pa√≠s, como tambi√©n en Chile, y en √©l se sigue dejando fuera a la homosexualidad como una patolog√≠a. La homosexualidad tampoco es considerada una patolog√≠a en la Clasificaci√≥n Internacional de Enfermedades mentales (CIE-10), de la Organizaci√≥n Mundial de la Salud (OMS).

M√°s a√ļn, la American Psychological Association (APA) declar√≥ el 5 de Agosto de 2009, en una resoluci√≥n que cont√≥ con 125 votos a favor y s√≥lo 4 en contra, que a los profesionales de la salud mental no se les permite prometer la posibilidad de convertir en heterosexual a un paciente homosexual. Esta resoluci√≥n no nace de un capricho, sino que se decidi√≥ luego una larga investigaci√≥n, adem√°s del an√°lisis de 83 estudios sobre el cambio de orientaci√≥n sexual desde 1960.

Lo más grave es que no sólo no existen pruebas concluyentes de que un cambio de orientación homosexual o heterosexual sea posible, sino que además las técnicas propuestas para producirlo tienen grandes probabilidades de ser perjudiciales para la salud mental del paciente.

Sin embargo, a pesar de lo que plantean los expertos en el tema, la opini√≥n de las personas muchas veces es distinta. No pocas veces me ha tocado recibir a un desesperado padre o una madre preocupada en mi consulta, pidi√©ndome que por favor ‚Äúcure‚ÄĚ a su hijo o que le diga que su homosexualidad es ‚Äútan s√≥lo una fase‚ÄĚ.

¬ŅC√≥mo afrontarlo? Aunque lo m√°s simple ser√≠a explicarles lo anterior, la reacci√≥n m√°s probable ser√≠a que se fueran de la consulta sin estar convencidos, y simplemente buscaran un profesional que s√≠ les prometiera una cura para su hijo.

Como ejemplo, les contaré cuando recibí a los padres de Pablo (este caso es real, sin embargo, los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de las personas referidas en él, quienes revisaron y autorizaron esta publicación).

Ambos de estampa conservadora, tanto en lo religioso como en lo pol√≠tico, estaban desesperados por la noticia. Hace un par de semanas su hijo √ļnico les hab√≠a pedido conversar y, sentados los tres en el living de la casa, les dijo que era homosexual, que lo hab√≠a sido durante toda su vida, y que les contaba ahora que ya era mayor de edad.

El primer impulso de su padre, al enterarse de la noticia, fue echarlo de la casa, mientras su madre lloraba y le ped√≠a a su hijo que por favor recapacitase, que asistiera a terapia, que lo hiciese por ella. Pablo accedi√≥, y su padre le permiti√≥ seguir viviendo en la casa mientras se realizaba el tratamiento ‚Äúpara sacarle esta cuesti√≥n de la cabeza‚ÄĚ.

Durante la primera sesión, a medida que el padre seguía hablando, decía que no sólo echaría a Pablo de la casa por su homosexualidad, sino que tampoco le pagaría la universidad ni le hablaría por un buen tiempo, por lo que quedaba claro que Pablo se beneficiaría de mi ayuda para manejar esta situación.

Le di un espacio entonces al padre de Pablo para que me hablase de sus miedos, ¬Ņqu√© le preocupaba de la posible homosexualidad de su hijo? Mencion√≥ la promiscuidad, el rechazo del resto, la dificultad para introducirse en el mundo laboral, entre otros.

Les pedí que la próxima semana viniera sólo Pablo, para poder conocer con calma y de primera fuente lo que pensaba. En esa sesión, Pablo llegó muy renuente a conversar, diciéndome que estaba aquí solo por la petición de su madre, pero que sabía que él no tenía nada malo y que no le interesaba el tratamiento.

Primero le pedí que me explicase de su orientación, desde cuándo sabía que era homosexual, cómo había sido para él ese descubrimiento y por qué había decidido contarlo ahora a sus padres. Si se fijan, es lo mismo que hice con su padre, es decir, darle un espacio. Cuando se dio cuenta que yo no lo juzgaba, y tomaba con naturalidad su orientación, fue soltándose y contándome con más detalle su historia.

En esta sesi√≥n y la siguiente, adem√°s de conocer la historia de Pablo, poco a poco fui intentando plantearle los temores del padre. Partiendo de la base que muchos de sus temores eran prejuicios, otros pod√≠an no serlo. A fin de cuentas, la homosexualidad es una minor√≠a, a√ļn discriminada por muchos. Hablamos y hablamos de que, aunque no era mi intenci√≥n intentar que dejase de tener una orientaci√≥n homosexual, s√≠ pod√≠amos ver c√≥mo poder conversarlo de otra manera con sus padres.

Hace mucho tiempo había conversado con colegas sobre un caso muy similar, atendido por otro psicólogo. Aunque todos estábamos de acuerdo en que la homosexualidad no es una enfermedad, un colega nos hizo ver que el temor de los padres y de todos aquellos que sí lo creen, también merecen su espacio.

La clave era la empatía. De lado y lado.Trabajamos eso con Pablo. Primero, acerca de cómo todos tenemos miedos que no tienen una base real, pero no por eso dejan de asustarnos y de cómo cuando estamos junto a alguien con un miedo de esas características, no nos enojamos ni los dejamos solos, sino que intentamos hacerle ver al otro que no tiene nada de que temer.

Separamos entonces los miedos del padre en dos grupos. Los que sí nos parecían razonables, como temer que su hijo fuese discriminado laboralmente, de los que nos parecían sólo prejuicios, como la mayor promiscuidad entre los homosexuales.

Las sesiones siguientes las realic√© con Pablo y sus padres. Era un espacio para hablar de los miedos, de las creencias de cada uno, sin que nadie juzgase a nadie. Primero se ten√≠an que escuchar mutuamente. La cara del padre de Pablo fue cambiando a medida que se daba cuenta que su hijo entend√≠a sus miedos e, incluso, compart√≠a algunos de ellos. De la postura desafiante con que enfrent√≥ a Pablo, ahora se mostraba m√°s receptivo y volv√≠a a verlo como su ni√Īo querido, que lloraba tambi√©n con temor por las dificultades que √©l tambi√©n vislumbraba.

Al finalizar la segunda sesi√≥n familiar, les ofrec√≠ seguir vi√©ndome con Pablo, para trabajar juntos sobre c√≥mo vivir su orientaci√≥n homosexual, c√≥mo ir cont√°ndolo y a qui√©nes, y para sobre todo acompa√Īarlo en esta nueva etapa.
Pablo, a√ļn con l√°grimas y de manera esperable, accedi√≥.

Lo inesperado fue que tanto su padre como su madre también accedieron, agradecidos, y nunca más se acordaron que habían venido a pedirme que cambiara a su hijo.

Jorge Silva Rodighiero, Psicólogo de la P. Universidad Católica de Chile | www.jorgesilva.cl | Puedes realizar tus consultas a la siguiente cuenta en Twitter @jorgesilvacl.

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