Notas
Anorexia: La Libertad en el No Comer
Publicado por: Jorge Silva
¬ŅEncontraste alg√ļn error? Av√≠sanos visitas

Los trastornos alimenticios son un problema cada vez m√°s frecuente en nuestro pa√≠s. Sin embargo, muchas veces la gravedad de una anorexia o una bulimia esconde otros problemas subyacentes, y la √ļnica forma de asegurar el √©xito de un tratamiento es atacar de manera conjunta el trastorno alimenticio y estos problemas. Este caso es un ejemplo de ello.

El a√Īo pasado recib√≠ un correo de una madre muy preocupada, en el cual me contaba que su hija Olivia, de quince a√Īos, sufr√≠a de anorexia (este caso es real, sin embargo, los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de las personas referidas en √©l, quienes revisaron y autorizaron esta publicaci√≥n).

La joven hab√≠a tenido un trastorno alimenticio el a√Īo 2009, solucionado aparentemente gracias a las intervenciones de una nutricionista y una psiquiatra. Sin embargo, un par de a√Īos despu√©s, ve√≠a como su hija volv√≠a a los h√°bitos de antes y a un peso peligrosamente bajo.

Terminaba el correo pidi√©ndome una hora para Olivia, agregando que, adem√°s de la anorexia, le parece que su hija es mucho m√°s complicada que el resto de las ni√Īas de su edad.

Para poder conocer bien la situación, y evaluar la preocupación de la madre, la cito solamente a ella a una primera sesión.

En esa sesi√≥n la madre me cuenta que hace dos a√Īos Oliva estaba muy debajo de su peso normal, y que despu√©s de haberla internado y tenerla en tratamiento durante un a√Īo recuper√≥ su peso normal. Sin embargo desde hace unos meses la madre comenz√≥ a ver como su hija com√≠a cada vez menos, por lo que baj√≥ de peso nuevamente. Incluso me coment√≥ que, gracias a que le revisaba su pieza regularmente, hab√≠a le√≠do en su diario de vida que su dieta se basaba s√≥lo en lechuga y lim√≥n.

Comenta que, adem√°s del problema alimenticio, tiene a su hija siempre ‚Äús√ļper controlada‚ÄĚ porque tambi√©n est√° diagnosticada con d√©ficit atencional, por lo cual la tiene en tratamiento psicopedag√≥gico y la obliga a estudiar una hora al d√≠a.

Empieza entonces a aparecer, de manera bastante clara, que una de las aristas del caso ser√° el tema del control que ejerce la madre sobre su hija.

A la segunda sesi√≥n cito solamente a Olivia, para conocer su perspectiva. La joven reconoce que tuvo un problema con el peso hace un par de a√Īos, pero opina que actualmente es s√≥lo una exageraci√≥n de su madre. En concreto, Olivia est√° cuatro kilos bajo su peso normal. Cuenta que su madre le insiste todo el d√≠a que coma y que le lleva comida a su pieza, incluso cuando le dice que no tiene hambre.

Dice tambi√©n que a su madre no le gusta la comida que le dan en el casino de su colegio, por lo que le manda almuerzo hecho por ella. Lo primero que le pregunta cada vez que la va a buscar es ‚Äú¬Ņte comiste el almuerzo?‚ÄĚ, lo que tiene agotada a Olivia. ‚ÄúMe tiene cansada que la comida sea tanto tema‚Ķ un d√≠a, un d√≠a podr√≠a no preguntarme.‚ÄĚ

El control que hab√≠amos visto por parte de la madre en la primera sesi√≥n vuelve a aparecer en el relato de Olivia. Me cuenta que est√° cansada de que la traten ‚Äúcomo cabra chica‚ÄĚ. Su madre muchas veces no la deja salir, dictamina con qu√© amigas se puede juntar y con cu√°les no, dentro de muchos otros ejemplos.

Tenemos entonces a una joven con un posible trastorno alimenticio. Pero tambi√©n tenemos a una joven muy controlada por su madre, que a√Īora independencia. Ah√≠ est√° nuestra palanca.

Le digo a Olivia lo siguiente: ‚ÄúTe propongo algo‚Ķ como t√ļ no tienes un problema con la comida, y est√°s cansada de que tu mam√° se meta en el tema, la voy a citar a ella sola la pr√≥xima semana y le voy a decir que por un mes no te toque el tema, para nada‚Ķ‚ÄĚ Incr√©dula, me pregunta c√≥mo lograr√© que la madre no se meta.

Le digo que su madre va a necesitar alg√ļn tipo de prueba para creer que en estas nuevas condiciones la cosa no va a empeorar. Le pido que me ayude un poco: ‚Äú¬Ņqu√© te parece si le digo a tu mam√° que no toque el tema de la comida, por un mes, y que si tu bajas o te mantienes en tu peso no funcion√≥ el tratamiento, y hasta ah√≠ lo dejamos? Y t√ļ por te cuenta te propones subir cien gramos a la semana.‚ÄĚ. Ella misma hace las matem√°ticas y me dice que no tiene problema, ya que en un mes no va a haber subido ni siquiera medio kilo. Le parece un precio muy bajo a pagar para liberarse del control materno sobre la comida.

¬ŅPor qu√© cien gramos? Por dos razones. La primera es que es tan poco, que asum√≠a que Olivia no se negar√≠a a la idea. La segunda es que, si una persona intenta subir cien gramos lo m√°s probable es que se pase un poco, por lo que aunque suba doscientos gramos, ya ser√≠a el doble de lo propuesto. As√≠, Olivia conseguir√≠a de a poco ir recuperando su peso normal, a un ritmo que no la asustar√≠a.

En la tercera sesi√≥n le propongo este trato a la madre, quien lo acepta sin mucha esperanza. Sin embargo, cuando a la cuarta sesi√≥n nos reunimos los tres por primera vez – dos semanas despu√©s del trato con Olivia – ella me cuenta que en vez de los doscientos gramos pactados, subi√≥ medio kilo, pero me dice sonriendo ‚Äúfilo, son 300 m√°s no m√°s‚ÄĚ. Dice que est√° comiendo mejor, que anda menos pendiente del tema. Sobre todo, est√° muy agradecida de que la mam√° no se meta. Antes de irse, me cuenta que entr√≥ a la selecci√≥n de hockey de su colegio.

La semana siguiente Olivia no sólo ha mantenido su peso, sino que ha subido alrededor de 200 gramos más. La madre ha cumplido, y ya no le pregunta por el tema comida. De hecho, ve y valora los cambios en su hija. Plantea que le gustaría que Olivia se devolviese sola del colegio, ya que ella está cansada de ir a buscarla todos los días, especialmente ahora que tiene un horario distinto de salida que el de sus hermanos, debido al hockey. Olivia, sin embargo, no tiene muchas ganas de volverse en micro a su casa.

Termino la sesi√≥n con lo siguiente: ‚ÄúLes propongo que ahora que vemos que puedes manejar tu alimentaci√≥n como una persona adulta, lleguemos al acuerdo de que este mes tu mam√° tampoco te diga nada con la comida, pero que a cambio t√ļ te hagas cargo m√°s de ti tambi√©n, como una persona adulta, y que te vayas en micro‚ÄĚ.

Un mes después las volví a ver en mi consulta. Olivia había subido un kilo, estaba comiendo de manera más normal, y seguía feliz con su nueva vida. Con sólo dos kilos bajo peso, su madre estaba orgullosa de su hija, y feliz de que la posibilidad de una recaída hubiese pasado.

Jorge Silva Rodighiero, Psicólogo de la P. Universidad Católica de Chile | www.jorgesilva.cl

Tendencias Ahora