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Con m√°s de 100 a√Īos los ascensores de Valpara√≠so buscan sobrevivir
Publicado por: Yessenia Valenzuela
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Sobre un viejo riel, un vag√≥n de metal sube y baja a diario la cuesta del cerro Concepci√≥n de Valpara√≠so desde hace m√°s de 127 a√Īos. Es uno de los seis ascensores, de los 30 construidos originalmente, que a√ļn sobreviven con dificultad en el puerto.

Foto: municipalidaddevalparaiso.cl

Foto: municipalidaddevalparaiso.cl

Los ascensores o funiculares de Valpara√≠so han sido desde m√°s de un siglo la alternativa para subir o bajar de los cerros a la costa, y adicionalmente son parte del atractivo tur√≠stico de la ciudad, declarada patrimonio de la humanidad en el a√Īo 2007 por la Unesco.

Primero a fuerza hidr√°ulica, luego a vapor y actualmente a electricidad, estos peque√Īos carritos, cuyo suelo de madera cruje con cada pisada, permiten al pasajero observar a trav√©s de las ventanas el puerto en todo su esplendor e incluso ver las cocinas y patios de las casas aleda√Īas al recorrido.

De los 30 ascensores que alguna vez existieron hoy quedan 15, pero de ellos tan s√≥lo 6 funcionan, cuenta a la AFP Luis Segovia, jefe de ascensores municipales de Valpara√≠so. “Si no se ponen las pilas van a ir desapareciendo. Cada ascensor que se cierra es dif√≠cil reabrirlo. El Estado debe ser capaz de recuperarlos, porque son parte de nuestra identidad”, comenta Segovia.

De los 15 ascensores 9 pertenecen a la privada Compa√Ī√≠a de Ascensores de Valpara√≠so, 5 a la Municipalidad y el √ļltimo, que se incendi√≥ y est√° fuera de servicio, a un ciudadano de Valpara√≠so. Todos son considerados patrimonio hist√≥rico de Chile y, algunos de ellos, por estar en el casco urbano de Valpara√≠so, tambi√©n son patrimonio de la humanidad.

“Funcionan con maquinaria original que es reparada por nosotros”, dice el operador del ascensor El Peral, Cristi√°n Salazar. Desde su puesto de mando, en la parte superior del cerro, controla la velocidad de desplazamiento con un tim√≥n mientras que una gran palanca le sirve de freno.

“Algunas de las m√°quinas son alemanas, otras francesas y otras inglesas, pero los repuestos actuales los hacemos nosotros” porque ya no existen en el mercado, explica Segovia.

Los ascensores municipales reciben una subvención estatal que les permite cobrar 100 pesos por viaje (20 centavos de dólar), mientras que los privados cobran 300 pesos (60 centavos).

Seg√ļn el gerente de los ascensores privados, Juan Esteban Cuevas, mantener un ascensor cuesta 3 millones y medio de pesos al mes. Aquellos con gran afluencia tur√≠stica transportan hasta 900 pasajeros diarios y reportan ganancias mensuales sobre los 8 millones, pero los que est√°n instalados en cerros populares tienen pocos usuarios. Esos son los que m√°s r√°pido cerraron.

“A m√≠ me sirve mucho porque yo trabajo en un jard√≠n infantil en el cerro. Todos los padres suben y bajan a sus hijos por aqu√≠”, se√Īala Carola Salin abordo del ascensor El Peral. Si bien existen ahora autos colectivos o buses que suben el cerro Carola dice que no es lo mismo.

Los ascensores municipales recibieron hace poco unos 3 millones de dólares por parte de un programa de recuperación urbana. Pero los privados dependen de sus pasajeros. Segovia cuenta que hubo conversaciones para que el Estado los comprara pero nunca hubo acuerdo.

Seg√ļn un informe de la privada Universidad Federico Santa Mar√≠a que evalu√≥ los ascensores, recuperar en su totalidad los 15 ascensores que quedan en el puerto, demanda unos 20 millones de d√≥lares.

“Con esa cifra uno podr√≠a abordar todo. Tiene que redise√Īarse el sistema totalmente, aunque primero solucionar la propiedad de los ascensores, ya sea como compra o expropiaci√≥n”, explica a la AFP Camilo Vargas, coordinador estatal de las obras que se realizar√°n en Valpara√≠so con motivo del Bicentenario.

“No s√≥lo hay que recuperarlos sino escribir de nuevo sus manuales, sus protocolos de seguridad. Los ascensores han sobrevivido por el amor de sus maquinistas pero, aunque es con mucho esfuerzo, el cuidado es informal y hay que trasladarlo a un sistema documentado”, a√Īade.

“Uno aprendi√≥ a quererlos. Es como llevarlos al geriatra, requieren mantenci√≥n diaria”, finaliza Segovia, quien vela por ellos hace 34 a√Īos.

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