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Temor, rabia y angustia en frontera México-EEUU por construcción de muro de Trump

Muro Trump
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“Una idea loca, racista, inviable” dicen en la transitada frontera entre Estados Unidos y México. Es difícil encontrar a alguien que esté de acuerdo con la construcción del muro, ordenada por Donald Trump.

Con menos de una semana en el poder y como lo prometió en su campaña electoral, Trump anunció su política para reforzar los controles migratorios que, además, incluye la deportación de indocumentados con antecedentes criminales.

En el mayor cruce fronterizo terrestre del planeta, que conecta la estadounidense San Ysidro con la ciudad mexicana de Tijuana, el sentimiento es de miedo, frustración y rabia por el anuncio.

Aquí ya existe una división física. Dos cercas gigantescas con alambrado de púas, que se construyeron entre finales de 1990 y la primera década de 2000.

“Lo del muro se me hace una tontada porque si ya está todo lo que hay, ¿para qué quiere más?”, se preguntó Esperanza Preciado, una chica de 19 años, mientras cruzaba a pie de Estados Unidos a México con su bebé en brazos para llevársela al padre. Ella trabaja en las casas de cambio de San Ysidro, y está de forma legal.

“Pero tengo mucha familia que no tiene papeles y me da miedo por ellos”, dijo.

“Me duele, porque de aquel lado está mi gente y, que les hagan todo esto, no es justo porque esa gente, como yo, venimos a trabajar porque tenemos necesidad”, expresó por su parte Héctor, un limpiador de alfombras de 52 años que no quiso dar su apellido. Llegó ilegalmente hace 12 años y hoy ya es ciudadano estadounidense.

Centenares de personas cruzan de un país a otro por dos puentes peatonales, mientras una fila inmensa de automóviles se concentra en la zona de control fronterizo.

Por el paso transitan más de 65 millones de personas cada año, cruzando de Tijuana a San Ysidro y viceversa, una cifra muy cercana a los 74,9 millones de pasajeros que circularon por el aeropuerto internacional de Los Ángeles.

En esta ciudad, que depende de un cruce fronterizo fácil para su vida cotidiana, fue imposible hallar a una sola persona a favor del muro.

Del lado estadounidense se oye más español que inglés, tanto en la calle como en los comercios. Hasta los agentes fronterizos hablan español en las cantinas, mientras disfrutan de un taco y una horchata.

Que pague Trump

Sentada en la salida del moderno edificio del puente oeste, Marci Ponce lee el diario Frontera que compró en Tijuana.

Iniciarán el muro en meses“, se lee en la primera página junto a una foto del flamante presidente sonriendo.

“¡Está loco!”, dice esta mujer de 42 años, que volvía de visitar a su madre en México.

Lo mismo piensan Laurie y Scott Medows, dos estadounidenses de pura cepa que viven en San Diego, vecina a San Ysidro, y viajan dos o tres veces al año a México.

“Es innecesario, no tiene sentido, es una idea idiota”, expresó Laurie. “Espero que los mexicanos sepan que queremos una buena relación y que este es un hecho desafortunado”, añadió.

El muro costará entre 12.000 y 15.000 millones de dólares, según el republicano Paul Ryan, líder de la mayoría en la Cámara de Representantes. Trump aseguró, el jueves, que México lo pagará en su totalidad.

El presidente Trump dijo además en su cuenta Twitter que si México no quiere pagar el muro, lo mejor era cancelar la reunión prevista con su par mexicano Enrique Peña Nieto en la Casa Blanca el 31 de enero, ya que sería “estéril” . Y el mandatario mexicano la anuló.

Trump “tiene derecho a proteger su casa, pero que pague él. Eso sí, está demostrando que va en contra de cualquier cosa que no sea estadounidense, es un racista“, zanjó Sergio Moreno, un comerciante de 54 años que vive en Tijuana y cruza a Estados Unidos para comprar mercancía para su tienda.

Casi un tercio de la frontera -1.050 kilómetros de los 3.200 de extensión- ya tiene algún tipo de valla, cerca, muro o alambrado de púas que impide el paso de personas o vehículos.

Ampliar esta barrera con el famoso muro “no va a detener a la gente a venir a Estados Unidos, sólo va a traer más muerte” porque cruzarán por lugares inhóspitos y peligrosos, explicó Enrique Morones, fundador y director de la ONG Border Angels (Ángeles de Frontera).

“No importa cuán alto sea el muro, siempre habrá una escalera un pie más alta (…). Unas 11.500 personas han muerto desde 1994 por el muro y muchas más morirán si se amplía“, añadió.

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