Economía


La historia del empresario que comenzó desde cero y vendió su negocio en US$106 millones

stu_spivack (cc) | Flickr
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Rodrigo Tobar era hasta la semana pasada el dueño de la conocida empresa de lácteos La Vaquita. Sin embargo, el pasado miércoles 1 de marzo se anunció una noticia que remeció al mercado: Parmalat llegó a un acuerdo con el empresario y adquirió la totalidad de la firma en 106 millones de dólares.

Una cifra sorprendente para una compañía que lleva consigo una historia atípica. Tobar logró a los 40 años consolidar un negocio millonario sin un título profesional ni un MBA, el cual comenzó de forma incipiente a los 8 años vendiendo quesos por el barrio y que comenzó a expandir a los 15 luego de una decisión radical: “Yo era re malo para el colegio, y le dije a mi mamá que no iba a ir más. Casi me mató”, relató en un encuentro con emprendedores en 2015.

Según recoge Pulso, el enigmático empresario evita realizar apariciones públicas y es reticente a hablar con los medios de comunicación porque le genera pudor. Ante todo, siempre prefiere guardar un bajo perfil: “Creo que la clave es siempre ser sencillo y no creerse el cuento, tratar de buscar nichos que no estén tan explorados por los grandes”, comentó Tobar en dicho encuentro.

Emprendimiento junior

Rodrigo Tobar nació en Rancagua el 12 de septiembre de 1976. Estudió en el Liceo Alemán a inicios de los 90 y vivía con su familia. A los 8 años empezó a vender puerta a puerta quesos frescos provenientes de una quesería familiar en Melipilla, a sus vecinos entre las calles Carmencita e Isidora Goynechea en Las Condes.

A los 15 años, a cinco meses de la muerte de su padre y cuando apenas cursaba segundo medio, tomó la radical decisión de abandonar el colegio. En ese momento, cuando se fueron a vivir a Melipilla, decidió que quería llegar a ser el mejor vendedor de quesos. Su mamá, que rechazaba la opción que tomó, estuvo enojada con él por un año.

Asím partiendo desde cero, comenzó vendiéndole quesos todos los días a sus cercanos del colegio, parientes y recorriendo el vecindario. En las mañana se aprovisionaba de leche, elaboraba los quesos frescos y en la tarde se dedicaba a venderlos. Así, a los 17 años ya se encontraba consolidando un negocio que años más tarde daría frutos inimaginables en ese momento. Incluso, debido a su corta edad, debió sortear una dificultad para seguir creciendo: para trasladarse entre Melipilla y Santiago hizo un trato con un conocido para que trabajara con él como chofer.

A los 18 ya comenzó con sus planes de expansión, se trasladó a Santiago y se instaló con un local pequeño en Exposición con Blanco Encalada. Comenzó con un escritorio de metal y un refrigerador de carnicería que compró en el Persa. En un principio tenía cerca de quince clientes al día provenientes de pequeños locales y panaderías, pero su personalidad le estaba jugando una mala pasada para seguir creciendo: “Al principio me daba vergüenza, después me puse más canchero, tomé clientes en La Vega como “Quesos Arturito”, Lo Valledor, y panaderías Castaño, confesó en un encuentro de emprendedores.

De chico a grande

Para seguir creciendo, Tobar debió tragarse su pudor. Ya envalentonado se propuso todos los días encontrar un cliente nuevo. Cuando copaba la capacidad del refrigerador, salía a buscar más clientes, lo que lo obligó a comprar más camionetas y aumentar el número de choferes para mejorar la distribución. La meta era llegar con sus quesos a los supermercados.

A los 23 años, Tobar quiso ampliar su producción y agregó a su gama de productos el queso chanco. Pero fue a los 27 años cuando tuvo la idea que, según dijo, disparó su negocio: los consumidores demandaban queso laminado y él fue el primero en vender este alimento de forma empaquetada. Fue un éxito que lo obligó a ampliar sus oficinas y bodegas.

Así, antes de cumplir los 30, compró la totalidad de la marca a su familia. Llegó con sus productos a los supermercados y también atrajo a nuevos socios, como Kike Morandé y Gonzalo Vial, de Lácteos del Sur. Tras la venta a Parmalat, el empresario buscará ahora nuevos rumbos, ya que las condiciones de venta a la transnacional europea lo obligan a abandonar la producción de quesos. “Voy a seguir ligado a la agroindustria, desde hace cuatro o cinco años que tengo empresas ganaderas y de frutas”, detalló.

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