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Día del Niño: 12 frases que nunca deberías decirle a tus hijos

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El trabajo y las tareas cotidianas muchas veces agobian a los padres y los hace “estallar” ante las inquietudes o travesuras de sus hijos.

El problema está en que algunas frases, pronunciadas en un contexto estresante, causan dolor o transmiten mensajes equivocados a los niños.

Por ello, los expertos recomiendan contar hasta 10 y pensar muy bien antes de decir las siguientes palabras a los niños.

1. “Déjame tranquilo”, “no me molestes”, o “déjame en paz”

Todos los padres anhelan descansar de vez en cuando, el problema está cuando habitualmente algunos dicen a sus hijos, “no me molestes” o “estoy ocupado”. Los niños interiorizan el mensaje, señala la doctora Suzette Haden Elgin, fundadora del Centro de Estudios de Lengua Ozark, en Huntsville (Texas, EEUU), en declaraciones recogidas por Yahoo!.

“Empiezan a pensar que no tiene sentido en hablar con sus padres porque siempre los evitan” dice la experta, agregando que de este modo se configura un patrón, provocando que cuando los niños crecen se callen varias cosas.

Desde la infancia, los niños deben acostumbrarse a que sus padres dedican tiempo para sí mismos. Puedes aliviar la presión, dejando a su hijo algún día con alguien de confianza o aprovechar de descansar cuando el niño está concentrado en algún juego, obviamente sin perderlo de vista.

Si estás estresado u ocupado y tu hijo se acerca, es mejor decirle “tengo que terminar una cosa, así que debes quedarte en silencio durante unos minutos. Cuando termine, vamos a salir (o a jugar).”

2. “Eres tan …”

Las etiquetas pueden llegar a cambiar la personalidad de los niños. Frases como “¿Por qué eres tan malo con tu hermana” o “¿cómo puedes ser tan torpe?” no son buenas, tampoco es beneficioso para ellos escuchar que le dices a otra persona “ella es tan tímida”. Y es que los pequeños creen todo lo que oyen, aún cuando se trata de ellos mismos. Además, las etiquetas negativas pueden convertirse en una profecía auto-cumplida.

Lo mejor es hacer frente a la conducta específica y no usar adjetivos para describir su personalidad. Por ejemplo, dile “tu hermana se sintió mal cuando dijiste a todos que no jueguen con ella. ¿Cómo podemos hacerla sentir mejor?”.

3. “No llores”, “No seas un bebé”, “no tengas miedo”.

Los niños lloran con facilidad, sobre todo cuando no pueden expresar sus sentimientos con palabras.

“Es natural querer proteger a un niño de esos sentimientos”, dice la doctora Debbie Glasser, directora de Servicios de Apoyo a la Familia en el Mailman Segal Institute for Early Childhood Studies at Nova Southeastern University, en Fort Lauderdale. “Pero decir ‘No’ no hace que un niño se sienta mejor, y también puede enviar el mensaje de que sus emociones no son válidas, que no está bien estar triste o asustado.”

En lugar de negar que su hijo se siente de una manera particular, es mejor reconocer la emoción. Por ejemplo, puedes decirle cosas como: “Te debiste sentir realmente triste cuando ese niño te dijo que no quería ser tu amigo” o “Sí, el mar da miedo cuando no estás acostumbrado a él. Te prometo que no te voy a soltar la mano.”

Al nombrar los verdaderos sentimientos de tu hijo, le mostrarás lo que significa ser empático y en última instancia, llorará menos y logrará describir sus emociones.

4. “¿Por qué no puedes ser como tu hermano (a) ?”

Parece útil tener un hermano o un amigo como un ejemplo brillante, pero las comparaciones casi siempre son contraproducentes.

Es natural que los padres comparen a sus hijos para buscar un marco de referencia acerca de sus metas o de su comportamiento, dicen los expertos. Sin embargo, los niños se desarrollan a su propio ritmo y tienen su propio temperamento y personalidad. Comparar a tu hijo con otra persona implica que quieres que sea diferente.

Además, hacer comparaciones no ayudar a cambiar la conducta. Presionarlo para hacer algo para lo que no está preparado o no le gusta hacer puede ser confuso para un pequeño y socavar la confianza en sí mismo.

En su lugar, fomenta sus logros actuales.

5. “Detente o te voy a dar motivos para llorar”

Las amenazas, por lo general, son el resultado de la frustración de los padres y rara vez son eficaces. “Haz esto y verás” o “si lo haces una vez más, te voy a castigar” son típicas frases.

El problema es que tarde o temprano, tienes que hacer realidad la amenaza o de lo contrario pierde su poder.

Cuanto más joven sea el niño, más tiempo se tarda en asimilar una lección. “Los estudios han demostrado que las probabilidades de que un menor de 2 años repita un comportamiento en el mismo día son del 80%, no importa qué tipo de disciplina se utilice”, dice el doctor Murray Straus, sociólogo del Laboratorio de Investigación Familiar de la Universidad de New Hampshire .

6. “Espera a que llegue tu papá (o tu mamá)” o “te voy a acusar a tu papá”

Este tipo de clichés no sólo son otro tipo de amenaza, sino que también diluyen la disciplina. Lo eficaz, es hacerte cargo tu mismo de la situación en el momento, no posponer las consecuencias de las acciones de tu hijo. En el momento en que el otro padre llega a la casa, lo más probable es que el niño haya olvidado lo que hizo mal.

Además, pasar la pelota a otra persona, socava tu autoridad. El niño pensará “¿Por qué debo escuchar a mi mamá (o papá) si no hará nada de todos modos?”. De paso, pones a tu pareja en un rol de policía.

7. “Apúrate”

Si tu hijo no puede encontrar algo o no puede ponerse rápido su chaqueta, no lo apures. Existe una tendencia de que cuando estamos corriendo y atrasados, culpamos a los hijos. Esa culpa puede hacer que se sientan mal y no motiva a que se muevan más rápido.

“Era todo tan agitado en mi casa por las mañanas, que odiaba que la última imagen que mis hijos tenían de mí era que estaba enojado”, dice el terapeuta familiar, Paul Coleman, autor de ‘Cómo decírselo a sus hijos’. “Así que hice un pacto conmigo mismo. No importa que pase, no gritaré”.

En lugar de intimidar (“Te dije que apagarás la televisión hace 5 minutos”), busca la manera de calmar la situación y acelerar el proceso (tú mismo apaga el televisor).

8. “Buen trabajo” (ante cosas insignificantes)

El refuerzo positivo, después de todo, es una de las herramientas más eficaces que un padre tiene. El problema surge cuando la alabanza es vaga e indiscriminada.

Decir “Buen trabajo” o “Bien hecho” por cada pequeña cosa que tu hijo hace – desde terminar su leche hasta hacer un dibujo – carece de sentido, ya que los niños lo ignoran.

Alaba los logros que requieren un esfuerzo real. Tomar un vaso de leche no es una hazaña, tampoco hacer un dibujo, si tu hijo hace decenas de ellos cada día. Se específico. En lugar de decir “qué buen trabajo”, dile “Qué lindos los colores que elegiste”.

9. “Pide perdón”

Si tu hijo toma un juguete de otro niño y lo deja llorando, probablemente le pedirás que se disculpe por su acción. Pero “forzar a los niños a disculparse no les enseña habilidades sociales” indicó Bill Corbett, autor y educador de padres, ya que los menores no comprenden automáticamente por qué deben pedir perdón.

Ante situaciones como ésta, es preferible que los progenitores se disculpen con el menor al que su hijo molestó. De este modo, modelan el comportamiento que esperan fomentarles.

10. “¡No me importa!”.

Por lo general, a los niños les gusta comentar lo que hicieron con sus amigos, las formas de las nubes que ven en el cielo y un sinfín de otras actividades. No obstante, hay ocasiones en que los padres están cansados o bien no quieren oír todos los detalles de sus historias. Si éste es tu caso, hay una frase que jamás deberías decirle a tus retoños: “¡No me importa!”.

Según los especialistas, si dices eso estás cortando la comunicación con tu hijo y haciéndole entender que algo que es importante para él no lo es para ti. “La mayoría de los padres tienen dificultades cuando sus niños alcanzan la adolescencia, y se quejan de que no son comunicativos con ellos”, indicó Melinda Garcia, trabajadora social del Centro de Investigación ESCAPE de Houston (EEUU), quien agregó que para evitar aquello la relación de los padres con sus hijos debe cultivarse a lo largo de sus vidas.

Según la experta, la relación comunicacional entre ambos debe evolucionar positivamente con los años, pues “existe una confianza implícita cuando la comunicación es alimentada”.

Para evitar lo anterior Garcia recomienda a los padres dejar en claro a sus hijos que, si quieren entregar detalles sobre sus actividades y ellos están ocupados, podrán conversar más adelante. “No dejes que el día termine sin tomar en cuenta la necesidad de tu hijo de compartir contigo”, advirtió.

11. “¿No entiendes cómo se hace?”

Si intentaste en múltiples ocasiones enseñarle a tu hijo cómo encestar una pelota de básquetbol, y él no aprende, jamás le digas una frase como ésta. Esto, ya que ese es un comentario humillante de acuerdo a Jill Lauren, especialista en aprendizaje y escritora. “De forma implícita en comentarios del tipo ‘¿No entiendes cómo se hace?’ vienen juicios como ‘¿Por qué no lo entiendes?’ seguidos de otros como ‘¿Qué hay de malo contigo que no lo entiendes?’. Pese a que los padres no digan esas frases intencionalmente, ese es el mensaje que recibe el niño”, agregó.

Si atraviesas por situaciones como ésta, lo recomendable es que tú y tu retoño se tomen un tiempo y vuelvas a enseñarle cuando seas capaz de mostrarle los pasos sin enojo de por medio, quizás, luego de analizar si existen otras alternativas para que él o ella aprendan.

12. “¡Me iré sin ti!”

Si estás al interior de una juguetería, y tu hijo se resiste a salir del recinto, nunca le des un ultimátum de este tipo. Para los niños, el miedo de que sus padres los abandonen está siempre presente.

Pero, por otro lado, si quieres que el menor te haga caso no debes decirle algo “evidentemente falso”, señala Deborah Gilboa, experta en familias. “Los padres dicen esa frase porque no saben qué más hacer. Es una mala idea (…) Es necesario esforzarse por no hacer amenazas vacías. Si pones una bandera de advertencia, tienes que defenderla”, agregó.

Si ya ocupaste esta ‘frase cliché’ de los padres, y tu hijo aún no quiere dejar la juguetería, debes encontrar alguna forma llamativa para motivarlo a salir.

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