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Lo peor de lo nuestro

Cristobal Escobar | Agencia UNO
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Si algo dejaron en claro estas primarias, fue que las redes sociales y los comentarios web de los portales de informaciones son lo más cercano a una casa de orates.

Antes que me maten en los comentarios rebobinemos un poco al 2011, en donde los movimientos sociales estaban en su punto de mayor convocatoria. Twitter y Facebook fueron puntos fundamentales para organizar, no sólo las movilizaciones, sino los sistemas de turnos y ocupación de las escuelas y liceos.

Los grupos ocuparon de forma inteligente todos los elementos que componen estos sitios para poder comunicarse sin ser (tan) monitoreados y pudieron llevar miles de personas a las calles, apoyando la labor que hicieron las bases con llamados por vías más clásicas como los medios de comunicación tradicionales y las asambleas en sedes educativas y gremiales.

Ya en ese momento, el porcentaje de gente que opinaba de forma polarizada aparecía de a poco, y era entendible cuando un gran porcentaje de las escuelas, universidades y liceos eran tomados y existía un nivel de violencia importante en las calles, tanto en la destrucción provocada en las marchas, como en el accionar policial.

Los comentarios en las secciones ciudadanas eran acalorados y muchas veces, descalificativos. Los insultos ad hominem estaban a la orden del día y los apelativos de “fachos”, “comunistas” y “amarillos” eran los más utilizados.

La semilla quedó plantada en los internautas, en donde las voces más destempladas siempre acallaron a las más sensatas.

Cuando las demandas estudiantiles bajaron su intensidad y nos adentramos al 2012, era normal encontrar aún ese posteador anónimo que no entendía muy bien la diferencia entre la voz interna y la voz externa, esto se mantiene hasta hoy.

No importa si la noticia era sobre un gato perdido, el nuevo hit de Rihanna, o la selección chilena, en breves pasos y con mucho arte los internautas transformaban la discusión en ataques de corte político. Llegamos a un nivel donde una información ciudadana sobre la necesidad de donar sangre tiene comentarios como “seguramente la sangre se la chupó la chanchelet” o “ Piraña la dejó seca con su represión”, una criolla versión de la ley de
Goodwin.

Los comentarios de Internet en sitios de noticias y en redes sociales se han transformado en lo peor de lo nuestro, en una demoracia que se entiende como bella y amplia pero tiene el rímel corrido. Gritos guturales desde la butaca con un tourette infinito.

Si bien el anonimato siempre ha sido un caja de resonancia para este tipo de comentarios, cuando los principales sitios de internet decidieron exigir que los
comentarios se hagan con las identidades de Facebook (algo que hoy en día se le da tanta validez como el carnet de identidad) el troleo no paró.

La única diferencia es que vemos el mismo nivel de comentarios pero con nombres y apellido, a veces por curiosidad uno revisa los perfiles y son gente normal, hijos, esposas, abuelos. Personas que se sacan un peso de encima con un comentario de rabia parida.

Al final el comentarista destacado de los portales de información en redes sociales juega a ser analista de la realidad nacional de la misma forma que pretende ser técnico cuando la “Roja de todos” tiene un encuentro. Los caracteres debajo de esa nota permiten sentir que uno tiene las cosas claras y que los que están arriba no tienen idea. La lógica de la sobremesa donde se arreglan los problemas del mundo mientras se entibia el café.

Al final Internet no solo parece ser el receptáculo de la rabia y la respuesta a los abusos, pero también para darnos cuenta de lo que años de ausencia de educación cívica hace en el público opinante, pero también la ausencia de los elementos bases para llevar una discusión inteligente en la mayoría de los casos.

Es como uno de los carteles que se veían en medio de las mismas marchas estudiantiles “hay millones de adultos que fueron niños sin educación” y si nos guiamos por los panelistas de las redes. Se nota.

Muchos de los analistas, o de los que juegan a serlo (yo incluido) se preguntan si la actividad de redes sociales se traduce necesariamente en votos. Espero que sí, tomando la lección de “dientes de sable” el perro que no solo ladraba, sino que también mordía.

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