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Índice de Desarrollo Humano y el Sector Forestal Chileno: Necesitamos un nuevo modelo

Tomás Jorquera Sepúlveda (cc)
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El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es un indicador elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que mide las condiciones de vida de las personas de acuerdo a tres parámetros: salud, educación e ingreso. El año 2000, el PNUD y el Ministerio de Planificación (MIDEPLAN) elaboraron una metodología especial para evaluar el IDH a nivel comunal, con el fin de tener una visión más fina del desarrollo humano en Chile.

En ese marco, el componente salud fue evaluado en términos de “los años de vida potencial perdidos” (diferencia entre la esperanza de vida del país y la edad de muerte promedio de las personas en cada comuna). El componente educación se midió en términos de la tasa de alfabetización, la matrícula combinada de enseñanza básica, media y superior (cobertura escolar), y los años de escolaridad promedio por comuna. Finalmente, el componente ingreso se midió en términos del ingreso autónomo per cápita, la desigualdad en la distribución del ingreso, y los niveles de pobreza.

Varios autores han planteado que las comunas que tienen una alta superficie de plantaciones forestales tienen al mismo tiempo bajos índices de desarrollo humano (Astorga, 2004; Donoso y Otero, 2005). Pero, ¿qué evidencias existen para realizar esta afirmación?

Entre las regiones del Maule y de Los Lagos hay aproximadamente 150 comunas. En 26 de ellas las plantaciones forestales cubren más del 50% del territorio comunal, mientras en 28 dicha cobertura fluctúa entre el 30% y 50%. Es decir, entre Curicó por el norte y Palena por el sur, más de un tercio de las comunas dedican buena parte de su territorio al sector forestal basado en monocultivos (principalmente de pinos y eucaliptus). Pues bien, estas 54 comunas muestran un IDH inferior a las 96 comunas restantes. Al respecto, es importante aclarar que de las 32 comunas que conforman la región de La Araucanía, sólo 10 están en el grupo de las 54. Hago esta aclaración, dado que dicha zona ha mantenido históricamente altos niveles de pobreza debido a una serie de otros factores.

Para evitar comparaciones tendenciosas, se realizó el mismo cálculo utilizando las comunas que tienen más de un 30% de su territorio cubierto por praderas y matorrales, y el resultado fue inverso. Éstas muestran un IDH superior al resto. Lo mismo ocurre en comunas donde el bosque nativo cubre más de un 30% del territorio.

Con el fin de profundizar el análisis, se construyó una base de datos con 50 variables, las cuales incluían datos demográficos, económicos (ingresos municipales desagregados), y ambientales (uso del suelo). A partir de esta información, se realizaron regresiones lineales múltiples para identificar las variables que más afectan el IDH a nivel comunal.

Los cinco modelos obtenidos fueron estadísticamente significativos a un 95% de confiabilidad, y explican entre el 48% y 75% de la variación del IDH. En 4 de los 5 modelos, la cobertura de plantaciones forestales (expresada en términos de porcentaje del área comunal) fue una variable significativa, con un efecto negativo sobre el Índice de Desarrollo Humano.

Por otra parte, en 3 modelos la superficie de praderas, matorrales y áreas agrícolas tuvo un efecto positivo en el IDH, al igual que los bosques nativos secundarios en 1 de ellos. Praderas, matorrales, áreas agrícolas y bosques secundarios, son componentes propios del paisaje campesino clásico compuesto por múltiples subsistemas (ganadero, agrícola y forestal). ¿Será que la gente que vive en ese paisaje tiene un mejor pasar que aquellos que viven rodeados de plantaciones?

Durante los últimos días el Sr. Jorge Goffard, Subgerente de Desarrollo Forestal de Arauco y Presidente del Colegio de Ingenieros Forestales de Chile, ha publicado varias columnas en las que se menciona que las plantaciones forestales no afectarían los componentes educación y salud del IDH. Tengo la impresión que esas aseveraciones fueron hechas sin analizar adecuadamente la información disponible.

Como todos saben, gran parte de nuestro sistema educativo está en manos de los municipios, al igual que la salud. Por lo tanto, la calidad y cobertura de la educación, al igual que el acceso a una salud de calidad, dependen de los ingresos municipales. Los ingresos municipales en Chile están compuestos principalmente por tres fuentes: el fondo común municipal, que depende del gobierno central, los ingresos permanentes que se generan localmente (impuesto territorial, permisos de circulación, patentes, etc.), y los ingresos no permanentes a partir de fuentes locales. De acuerdo al análisis de regresión múltiple, el componente del ingreso municipal que más afecta el IDH es el ingreso permanente que se genera a nivel local. Esta variable fue estadísticamente significativa en 3 de los 5 modelos.

Los ingresos municipales permanentes dependen de las actividades económicas que se realizan en el territorio. Es aquí donde las plantaciones forestales se conectan con el componente educación y salud del IDH, ya que su aporte a los ingresos municipales es escaso. Entre otras cosas, las empresas forestales no aportan al impuesto territorial, y pagan patentes minúsculas (40 mil pesos pagó Celulosa Arauco-Valdivia al municipio de Mariquina en 2012. Bastante menos de lo que paga cualquier pequeño comerciante).

En aquellas comunas donde las plantaciones cubren más de un 30% de la superficie comunal, el ingreso municipal permanente es, en promedio, $11.800 persona/año, mientras en el resto de las comunas es $15.100 persona/año (el promedio de las 150 comunas es $13.900 persona/año). Por el contrario, en comunas donde praderas y matorrales cubren más de un 30% del territorio, este ingreso es de $16.800 persona/año, y en el resto de las comunas de $13.200 persona/año.

Si bien estos resultados son aún preliminares, invito a todas las personas interesadas a que realicen el mismo análisis. Los datos para hacerlo están disponibles en los sitios web del PNUD, CONAF, INE y SUBDERE.

Dada la relevancia del tema en cuestión, es fundamental que nos demos el tiempo de discutir en profundidad el proyecto de ley que extiende los subsidios a la forestación por otros 20 años. Lamentablemente, la semana pasada el Gobierno volvió a darle suma urgencia a esta iniciativa, sin tomar en cuenta el punto de vista de organizaciones técnicas, gremiales, y campesinas.

Chile necesita un nuevo modelo forestal, uno que sea funcional al objetivo de mejorar la calidad de vida de nuestra gente, y no el que tenemos actualmente, que concentra la riqueza y el bienestar en muy pocas manos.

(Este artículo se basa en un trabajo de investigación realizado por el autor, en conjunto con profesores de la Universidad de British Columbia).

René Reyes, Ingeniero Forestal (M.Sc.), Estudiante de Doctorado, Universidad de British Columbia
Director Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN)

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