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Decenas de miles de “indignados” toman de nuevo las calles a un año de su inicio

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Decenas de miles de “indignados”, el movimiento social nacido hace un año en España en protesta contra la crisis, los políticos y los excesos del capitalismo, salieron a las calles este sábado, dando inicio a cuatro días de movilizaciones para demostrar que su espíritu sigue vivo.

Bajo el lema “Toma la calle”, los activistas, en su mayoría jóvenes movilizados a través de las redes sociales, se concentraron en 80 ciudades del país y en Madrid volvieron a ocupar la Puerta del Sol, la plaza del centro de la capital donde nació el movimiento, el 15 de mayo de 2011.

En Madrid, los manifestantes al parecer tienen la intención de no respetar la prohibición oficial de manifestarse después de las 22H00 horas y de volver a reeditar su “asamblea permanente” del año pasado, que duró semanas.

Avanzada la noche, varios miles de “indignados” seguían en la gran plaza, sentados en círculo, charlando o tocando tambores, enmarcados por los vehículos de la policía estacionados cerca.

A medianoche, levantando los brazos al cielo, los “indignados” respetaron un minuto de silencio antes de ponerse a corear, en señal de desafío, uno de sus lemas: “Sí podemos, sí podemos”.

En Madrid, se manifestaron 30.000 personas, según cifras de la policía. en Barcelona, la segunda ciudad del país, fueron entre 45.000, según la policía, y 220.000, según los organizadores. Otras concentraciones importantes se realizaron en Valencia, Sevilla y Bilbao.

“Estamos aquí porque es necesario un cambio global, porque la indignación no ha parado. Seguimos indignados con las políticas de austeridad que nos impone la élite económica”, afirmaba en Madrid Víctor Valdés, estudiante de filosofía de 21 años. En su camiseta se leía: “Juventud sin futuro”.

En un país sumido de nuevo en la recesión, con un desempleo del 24,44%, que se dispara a 52% entre los jóvenes, el gobierno conservador de Mariano Rajoy lleva a cabo desde hace meses medidas de rigor para ahorrar 30.000 millones de euros, incluido en sectores como la salud pública o la educación.

Desde que el movimiento nació, de forma espontánea tras una manifestación el 15 de mayo de 2011, “poco a poco la sociedad ha ido abriendo los ojos”, piensa Noelia Moreno, de 30 años, una de las participantes en aquella protesta que, inspirada en las de la primavera árabe, sorprendió al mundo.

Pero “es una carrera de fondo, nadie puede cambiar todo un sistema político en un día ni un año, eso lleva tiempo”, dice consciente de la necesidad de mantener el movimiento vivo.

Conservar ese impulso es precisamente lo que buscan los “indignados” en este primer aniversario, que durante cuatro días dará pie a debates y asambleas populares en plazas de toda España.

Tras un pancarta que decía “El pueblo somos la solución. Volvemos a las plazas, seguimos en la calle”, unas 35.000 personas, según la Guardia Urbana, marcharon en Barcelona y miles en otras ciudades del país, entre ellas Madrid, donde no se dieron cifras de participación.

Fue en la madrileña Puerta del Sol donde se instaló hace un año un improvisado campamento de carpas y sacos de dormir que, con su comedor, su guardería y su biblioteca, se convirtió en el símbolo del hartazgo popular por la crisis, inspirando movimientos similares otros países.

Con motivo del aniversario también se convocaron el sábado protestas en ciudades como París, Atenas, Nueva York o Rio de Janeiro.

Pero todas las miradas volverán a estar puestas en Puerta del Sol, porque las autoridades españolas advirtieron que no habrá nuevas acampadas y sólo autorizaron las concentraciones hasta las 22H00 (20H00 GMT).

“No será una acampada, sino una asamblea permanente”, explica Luis, portavoz del movimiento, esperando que esta fórmula les permita quedarse en la plaza hasta el martes, cuando los “indignados” celebran su primer año.

Desde que el campamento de Sol fue desmantelado el 12 de junio del año pasado, el movimiento perdió visibilidad pero siguió viviendo en las redes sociales, en las asambleas de barrio y en la lucha contra la exclusión. Eso sí, con menos seguidores.

“Los que han permanecido son los más concienciados, actuando en acciones sectoriales como por ejemplo oponiéndose a los desahucios”, señala Antonio Alaminos, catedrático de sociología de la universidad de Alicante.

Efecto más concreto de la movilización de los “indignados”, el nuevo impulso dado a la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), que desde 2009 lucha contra los desalojos de familias sobreendeudadas -muchas de ellas inmigrantes-, logró en los últimos meses bloquear o retrasar decenas de expulsiones.

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