28 febrero, 2021 | Publicado a las 18:40
28 febrero, 2021 | Publicado a las 18:40
Mujeres hetero son el grupo que menos orgasmos alcanza: ¿qué se esconde detrás de esta realidad?
Mujeres hetero son el grupo que menos orgasmos alcanza: ¿qué se esconde detrás de esta realidad?
Por Pablo Cabeza Visitas:
Pixabay (cc)
Publicado por Pablo Cabeza
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La desigualdad entre hombres y mujeres no solo se aplica al mundo laboral, social, cultural, doméstico o económico, sino que también está presente en el dormitorio de muchas, sobre todo aquellas heterosexuales.

Así al menos lo indicó un estudio de hace alguños años publicado en Archives of Sexual Behavior, el que mostró -en porcentajes- las veces que las personas alcanzaban orgasmos en función de su orientación sexual.

Dicho esto, en primer lugar se encontraban los hombres heterosexuales, con un 95%; luego le seguían los hombres homosexuales con un 89%; los varones bisexuales con un 88%; mujeres lesbianas con 86%; mujeres bisexuales con 66%; y, en último lugar, las mujeres heterosexuales registrando un 65%.

Claro que cuando hablamos de masturbación, las mujeres heterosexuales alcanzan el orgasmo al mismo tiempo y con la misma frecuencia que los hombres, por lo que es evidente que el problema está en la relación sexual propiamente tal, pero que solo tiene consecuencias negativas para la mujer.

Esta situación, según la psicóloga, sexóloga y autora de los libros Sexo ATR y Carnaval toda la vida Cecilia Ce, la falta de educación sexual, la industria pornográfica y el machismo imperante en la sociedad en general, ha provocado también que los encuentro sexuales heteros giren en torno al placer masculino, comenta a Infobae.

El tabú que ha existido por siglos respecto al goce sexual de la mujer y su anatomía, ha provocado un desconocimiento tal que muchas mujeres ni siquieran hayan tenido la oportunidad de explorar su propia sexualidad para descubrir sus puntos de placer.

Esto ha conseguido relaciones sexuales centradas únicamente en el coito, con pasos incorporados en que se el juego previo se apura para llegar rápidamente a un encuentro penetrativo -que ojalá dure mucho- y cuando el hombre cisgénero eyacula, se acaba el encuentro.

En ese escenario la mujer solo se transforma en un ente para otorgar placer pero no se le pregunta si acaso siente molestias o dolor en la penetración o si quiere llevar adelante otras prácticas sexuales dentro del encuentro.

Evidentemente, si la relación sexual se limita a esto, es difícil que una mujer llegue al orgasmo, porque aunque parezca de perogrullo decirlo, el sexo real no es como el que muestra el porno.

La sexóloga, explica que en la penetración intensa donde el pene entra y sale de la cavidad vaginal, no existe contacto con la vulva e incluso poco contacto entre los cuerpos, lo que dificulta el orgasmo en la mujer. Y agrega: «De hecho, sólo una de cada cinco mujeres alcanza el orgasmo en penetración«.

Cecilia, indica que «los besos, las caricias y un mayor tiempo enfocado en lo que la mujer necesita, son condiciones necesarias para considerar el orgasmo como posibilidad femenina«.

Además de la estimulación, también se debe poner en discusión la situación casi cultural y de género que se da en los encuentros íntimos heterosexuales.

Para la experta, «sigue vigente esta idea de que el hombre debe ser el activo que lleva adelante la situación sexual y la mujer la pasiva. Y muchas veces, pedir lo que necesitamos como mujer no es tarea sencilla. A su vez, en algunos casos, pueden despertarse ansiedades y miedos en los encuentros hetero por antecedentes de situaciones de abuso que ponen a la mujer en alerta ante un hombre».

Por lo mismo, indica que la brecha entre orgasmos y goce sexual no es fisiológica propiamente tal sino que es más bien cultural. Y es en ese aspecto en que debemos enfocar nuestras mejoras si estamos en una relación heterosexual o bien si tenemos solo encuentros sexuales de este tipo.

Romper patrones machistas, explorar primero nuestra propia sexualidad para saber lo que nos gusta y lo que no, parece ser lo básico antes de asumir un rol sexual en una relación íntima.

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