Parecen cubos de hielo, se introducen directamente en una copa y pueden permanecer allí mientras una persona bebe. Pero no enfrían el líquido. Su objetivo es otro: detectar determinadas sustancias asociadas a la sumisión química y, si encuentran alguna, transformar la bebida o trago hasta volverlo prácticamente imposible de consumir.
Se llaman NarXcube y forman parte de NarXcup, una startup española que desarrolló una tecnología para intentar prevenir las agresiones mediante sumisión química en fiestas, festivales y otros espacios de ocio. La empresa comenzó a trabajar en el proyecto en 2021 y, cinco años después, inició sus primeras pruebas en eventos públicos.
El funcionamiento resulta particularmente llamativo. El pequeño dispositivo se deposita dentro del vaso o copa y permanece en contacto con el líquido. Según explica la compañía, si detecta sustancias asociadas a la sumisión química, provoca una reacción que solidifica por completo el líquido.
Óscar García, investigador de la empresa, explicó a ABC que los cubos incorporan membranas que reaccionan al entrar en contacto con determinadas moléculas. Cuando esto ocurre, el líquido llega al interior del dispositivo, donde un polímero superabsorbente lo convierte en una gelatina densa.
Un “cubo” de NarXcup capaz de transformar el líquido
La transformación tarda solo unos segundos y entrega varias señales de alerta: además de modificar su textura, el líquido adquiere una tonalidad azulada y un sabor amargo y desagradable. De esta manera, el sistema no solo advierte que algo podría haber ocurrido con la copa, sino que dificulta que la persona continúe bebiendo.
Entre las sustancias que el dispositivo busca identificar se encuentran el GHB —conocido como éxtasis líquido—, escopolamina o burundanga, MDMA y derivados de barbitúricos y otras sustancias con propiedades sedantes, según explicaron sus desarrolladores.
RTVE comprobó esta semana que el dispositivo reacciona ante determinadas sustancias modificando el color, sabor y textura de la bebida o trago hasta volverla sólida.
La distribución en fiestas españolas
NarXcup comenzó sus pilotos institucionales durante 2026. Uno de los primeros tuvo lugar en julio durante las Fiestas de Nuestra Señora del Carmen de Pozuelo de Alarcón, en Madrid, donde el municipio distribuyó más de un centenar de unidades.
Desde entonces, el sistema comenzó a extenderse. Este septiembre llegará por primera vez a Castilla-La Mancha: el municipio de El Casar, ubicado al norte de Madrid, anunció que distribuirá alrededor de 300 unidades durante sus fiestas en un Punto Violeta, un espacio que promueve el Ministerio de Igualdad de España para informar, sensibilizar y ofrecer ayuda ante casos de agresión o violencia machista.
La propia empresa proyecta su utilización en fiestas, festivales, locales de ocio y otros lugares donde se consuma alcohol. Además del cubo, desarrolla un vaso que incorpora directamente la tecnología de detección.
La idea incluso contempla una segunda función: conservar indicios de lo ocurrido. NarXcup se presenta como una plataforma que busca “prevenir, proteger y aportar evidencias” ante casos de sumisión química. Esto cobra relevancia porque algunas sustancias desaparecen rápidamente del organismo, dificultando posteriormente su detección mediante análisis toxicológicos.
¿Cómo llegamos a necesitar un cubo para vigilar una copa?
La aparición de pulseras detectoras, tapas para vasos y ahora cubos capaces de reaccionar ante sustancias refleja un problema mucho más amplio que la tecnología intenta abordar.
Desde 2022, el Ministerio del Interior de España registra más de 300 agresiones sexuales anuales en las que aparece la sumisión química. Los especialistas, sin embargo, advierten que las cifras oficiales representan solo una parte de los casos, entre otras razones porque muchas víctimas no denuncian, recogió El País.
Y existe una distinción importante. La sumisión química no siempre implica que alguien introduzca clandestinamente una sustancia en una copa. Lluïsa Garcia-Esteve, psiquiatra y presidenta de la Comisión de Violencia Intrafamiliar y de Género del Hospital Clínic de Barcelona, explicó a El País que la modalidad más habitual es la denominada “oportunista”: el agresor aprovecha que una persona ya se encuentra intoxicada por alcohol u otras sustancias y no puede consentir. La modalidad “proactiva”, donde alguien droga deliberadamente a otra persona, “es difícil de identificar y supone solo una parte de los casos”, señaló.
Alicia Díaz, médica del Centro de Salud Universitario San Juan de la Cruz, también advirtió a RTVE que “hay que recordar que el mayor agente de la sumisión química es el alcohol”.
Por eso, la llegada de dispositivos como NarXcup abre una conversación que va más allá de su innovación tecnológica. Las herramientas pueden sumar una capa de prevención, pero la responsabilidad de impedir una agresión no puede recaer en quien sostiene la copa.
“La culpa nunca es de la víctima, la culpa siempre es de la persona que ha cometido el delito”, explicó Empar Vengut Climent, investigadora de ScienceFlows de la Universidad de Valencia. “La víctima puede haber consumido lo que ella quiera, que nunca va a ser su culpa”.
En ese escenario, un pequeño cubo dentro de un vaso puede funcionar como una alerta. Pero su propia existencia también retrata hasta dónde ha llegado el problema: desarrollar tecnología para que salir de fiesta no implique tener que preguntarse constantemente qué hay realmente dentro de una copa.