Hace casi un año, Kristin Cabot asistió a un concierto de Coldplay como una ejecutiva de recursos humanos, madre de dos adolescentes y prácticamente desconocida fuera de su círculo. Bastaron unos segundos frente a una cámara para que perdiera el anonimato, su trabajo y gran parte de la vida que conocía hasta entonces.
Cabot, de 53 años, reapareció hace unos días en una conversación con Sherry Hakimi, directora ejecutiva de Pirth.org, organización que apoya a personas que sufren acoso en internet. Allí habló sobre su presente, marcado por el desempleo, la ansiedad social y los esfuerzos por comenzar de nuevo.
“Sigo siendo un desastre, pero estoy mejor”, reconoció, añadiendo: “Me siento muy introvertida, y eso no me gusta. Esa no soy yo. Pero lo superaré”.
El concierto de Coldplay que cambió la vida de Kristin Cabot
Todo comenzó en julio del año pasado, cuando una cámara enfocó a Cabot abrazada con Andy Byron, entonces director ejecutivo de Astronomer, durante un concierto de Coldplay en el Gillette Stadium.
Al verse en la pantalla gigante, ella se cubrió el rostro y se dio vuelta, mientras Byron se agachó. Chris Martin reaccionó desde el escenario con una broma: “O están teniendo una aventura o son muy tímidos”.
El momento llegó rápidamente a TikTok. Los usuarios identificaron a ambos, investigaron sus vidas y difundieron que estaban casados con otras personas, aunque Cabot aseguró que ya se encontraba separada de su marido. El video superó los 130 millones de reproducciones y convirtió a la pareja en uno de los principales blancos de burlas en internet.
Byron renunció a Astronomer. Días después, Cabot también abandonó su cargo como directora de recursos humanos. “No tenía control sobre mi propia historia”, explicó. “La gente pensaba que era muy gracioso, pero olvidan que hay personas reales involucradas”.
El acoso que vivió
La exposición no terminó con la salida de la empresa. Durante semanas, fotógrafos rodearon su casa, desconocidos la acosaron en lugares públicos y su teléfono recibió amenazas de muerte. Algunas personas incluso le advirtieron que tuviera cuidado cuando fuera al supermercado o cargara combustible.
Cabot también vio cómo la situación afectaba a sus hijos, de 15 y 17 años. Durante el primer semestre posterior al episodio, ambos le pidieron que no asistiera a sus colegios.
“Cometí un error. Lo reconozco sin reservas”, declaró en una entrevista con The Boston Globe. “Tomé una decisión muy desacertada en ese momento. No lo niego ni me pongo a la defensiva. Pero, en fin, no deberían matarte por eso”.
Once meses después, la terapia, el tenis y el apoyo de su entorno le permitieron retomar algunas actividades. Volvió a salir, fue a la playa, cenó en Portsmouth y comenzó nuevamente a participar en eventos escolares. Las amenazas de muerte también se detuvieron, aunque aseguró que eso ocurrió hace poco.
Su carrera, en cambio, todavía no se recupera. Cabot continúa desempleada y, aunque postula a dos cargos de alto nivel, ninguno pertenece al área de recursos humanos, una profesión que, según afirmó, le apasionaba.
Sin trabajo, viviendo del ahorro
Para mantenerse junto a sus hijos, ha recurrido a los ahorros que había destinado a su jubilación y a la educación universitaria de los adolescentes.
También recibe mensajes ofensivos y algunas personas todavía la reconocen en público. Esa exposición le provocó una ansiedad social que no tenía antes. Incluso quiere volver a tener citas, luego de iniciar oficialmente su divorcio, pero no se atreve a ingresar a aplicaciones.
“No sé si a la gente le hará gracia que salga con la chica de Coldplay, si es que me reconocen”, bromeó.
Cabot tampoco mantiene contacto con Byron. Según relató, la relación terminó por una falta de transparencia y honestidad. “Él es el único en todo el mundo que sabe lo que es esto”, lamentó.
Ahora busca transformar la exposición en una causa. Se incorporó al consejo asesor global de Pirth.org y pretende utilizar su “plataforma inesperada” para visibilizar el daño que puede provocar el acoso digital.
“Fue un desastre de proporciones épicas, y lo peor que podría pasar es que volviera a hacer lo de antes como si nada hubiera pasado”, sostuvo. “Hablar de ello e intentar generar un impacto me ayudará a sanar”.
Cabot sabe que difícilmente volverá al anonimato. Por eso ya no piensa esconderse: quiere que algún día dejen de reconocerla solo como la mujer que apareció en la pantalla gigante de Coldplay y comiencen a recordarla por lo que hizo después.