Aún recuerdo la llegada a Barros Arana 1098. Subí las escaleras entusiasmada… Eran mis primeros pasos para llegar a convertirme en Periodista. Lo escribo adrede con mayúscula porque es una gran profesión.

​Han pasado más de 37 años… En la Escuela de Periodismo de la Universidad de Concepción aprendí a preguntar, a observar y a perfeccionar la técnica de la entrevista y la conversación fluida.

​Mis primeros reporteos y los de mis compañeros de aula eran sencillos, pero fueron aumentando en dificultad según avanzábamos en el tiempo. Allí aprendimos la utilidad de los sinónimos y el uso del verbo directo. «¡Adiós al adjetivo!», dijimos muchas veces… Otras, los abrazamos con euforia.

​Las primeras crónicas fueron verdaderas odiseas de escritura al usar la máquina de escribir. Seguramente alguien recuerda la sala de máquinas… Se las dejo ahí para que solos la evoquen.

​En la práctica y en el ejercicio de la profesión pusimos a prueba el conocimiento de la técnica, la formación humanista que nos entregó una malla cargada a la historia, y la ética que nos fueron traspasando los profes. Voy a nombrar a uno que me marcó especialmente: Hugo Olea Morales.

​Él me cuestionó desde el primer momento por mi elección de carrera, y fue también quien me acompañó en mi crecimiento a lo largo de ella.

​Quién iba a decir que hoy la máquina de escribir es una pieza de museo y son las pantallas, particularmente el celular, las que sirven de soporte para las creaciones periodísticas: crónicas, notas de prensa, comunicados, pautas.

​En estos tiempos de inmersión en la inteligencia artificial, valoro mucho ese periodismo bohemio, ese correr por el cierre y las dos veces que escuché en la Redacción: «¡Paren las prensas!». Hoy es casi imposible oír eso.

​Creo que hemos avanzado mucho, pero los invito, colegas, a rescatar la ética, el amor, la pasión y el café para dar vida a cada una de nuestras jornadas, no importa dónde la vivan: redacción, oficina corporativa, servicio público, locutorio o estudio de TV.

​El periodismo es una hermosa profesión que nos regala muchas posibilidades: conocer, recorrer, conversar y, especialmente, contar historias. En el plano ético, tenemos la obligación de cuidar la búsqueda y el contraste de datos y hechos, preguntar con curiosidad y escribir con apego a la verdad.

​Fukuyama dijo hace años: «La historia ha muerto». Yo digo: el periodismo no ha muerto, está vivo.

​Vive en cada uno de quienes decidimos que es la mejor profesión del mundo.

Estamos celebrando 70 años de la creación del Colegio de Periodistas de Chile, fundado el 11 de julio de 1956. Honremos nuestro trabajo y nuestra profesión. Muchas personas necesitan de esa pasión que nos lleva a reportear incendios, accidentes o conferencias de prensa; que nos mueve a investigar y a escribir con rigurosidad. La democracia necesita un periodismo libre y a periodistas comprometidos con la verdad y la ética.

​Joyce Olsen Audibert
Periodista
Máster en Dirección de Comunicaciones

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