Un sistema frontal no solo puede provocar inundaciones, deslizamientos o cortes de caminos. En algunos casos, también es capaz de abrir un socavón bajo una línea férrea, como ocurrió recientemente en el sector de Talcamávida, en la comuna de Hualqui, donde el colapso del terreno obligó a suspender el tránsito ferroviario mientras se evaluaban los daños y se ejecutaban trabajos de reparación.

Pero ¿cómo es posible que toneladas de tierra desaparezcan bajo una infraestructura diseñada para soportar el paso de trenes? El académico del Departamento de Ingeniería Civil de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dr. José Miguel Montenegro, explica que, en la mayoría de los casos, el problema no comienza en la superficie, sino en el interior del terraplén sobre el que se construye la vía férrea.

“Una línea férrea no está construida usualmente sobre terreno natural, sino sobre un terraplén con material compactado, el cual tiene diferentes calidades desde la base hasta la parte más alta. En la base están los materiales de peor calidad y, a medida que nos acercamos a la vía, los materiales son de mejor calidad. Cuando cae una gran cantidad de agua, los procesos de infiltración pueden arrastrar partículas del suelo y generar caminos preferentes para el flujo del agua. Probablemente eso fue lo que ocurrió en este caso, donde los altos volúmenes y velocidades del agua terminaron formando el socavón”, explica.

Cuando el agua excava desde adentro

A diferencia de un derrumbe, donde el terreno cede por acción de la gravedad, un socavón suele formarse de manera silenciosa. El agua se infiltra entre las partículas del suelo, las arrastra gradualmente y genera cavidades internas que, con el tiempo, terminan colapsando.

Por ello, el especialista sostiene que este tipo de eventos suele estar asociado a problemas de drenaje más que a una falla estructural de la infraestructura ferroviaria.

“Generalmente un socavón es un problema de drenaje. Por eso la solución pasa por buscar la forma de evacuar adecuadamente el agua y reforzar la estructura para evitar que el daño continúe extendiéndose y garantizar la seguridad de la vía férrea”, señala.

Las señales que pueden anticipar un colapso

Aunque muchas veces los socavones parecen producirse de forma repentina, existen indicios que pueden advertir que el terreno está perdiendo estabilidad.

“Si observamos asentamientos bruscos, grietas en los terraplenes o en su coronación, o si el agua comienza a salir con mayor turbiedad, esas son señales que pueden indicar que el suelo está siendo erosionado internamente y que es necesario tomar medidas preventivas”, explica Montenegro.

Detectar estas manifestaciones de manera temprana permite intervenir antes de que el daño comprometa completamente la infraestructura.

Un desafío para la ingeniería del futuro

El aumento en la frecuencia e intensidad de las precipitaciones está obligando a replantear la forma en que se diseña la infraestructura.

Para el académico de la UCSC, muchas obras fueron proyectadas considerando condiciones hidrológicas distintas a las actuales, por lo que el principal desafío es adaptar los sistemas de drenaje a esta nueva realidad.
“Hoy tenemos que cambiar la forma en que estamos diseñando. Donde antes no circulaban grandes volúmenes de agua, ahora debemos incorporar drenajes capaces de conducirlos adecuadamente. Estudiar en detalle estos sistemas, reforzarlos y asegurar su mantención es una de las medidas más importantes para reducir el riesgo de socavones y proteger infraestructura crítica frente a eventos climáticos cada vez más intensos”, concluye.