VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El dolor en el pecho durante el ejercicio puede deberse a costocondritis, una irritación del tejido que une las costillas con el esternón. Suele empeorar al moverse, toser o respirar profundo, y puede asociarse a sobrecarga física, aumentos bruscos de entrenamiento o tos persistente. Generalmente mejora con reposo y medidas simples, pero se recomienda consultar a un médico y no asumir que todo dolor torácico es inofensivo, especialmente si es opresivo o se irradia.

Un dolor repentino en el pecho durante el ejercicio asusta a cualquiera. Sin embargo, en personas sanas que entrenan con regularidad, puede deberse a la costocondritis, una afección dolorosa pero por lo general inofensiva.

Esta condición ocurre por la irritación del tejido que une las costillas con el esternón, que es el hueso plano del centro del pecho. Así lo explica Helen Rainford, responsable de Atención Primaria de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Lancashire, en un artículo para The Conversation.

De acuerdo con la experta, “provoca dolor en la parte frontal del pecho, generalmente cerca del esternón”.

¿Cómo saber si tienes costocondritis?

Los pacientes describen el dolor como agudo, sordo o punzante. Según Rainford, “suele agravarse al estirarse, girar, hacer ejercicio, toser o respirar profundamente. La zona suele estar sensible al tacto y presionarla puede causar dolor”.

En la actualidad, no existe un examen de sangre ni una imagen que permita identificarla, pero “se cree que la costocondritis es la causa de aproximadamente el 13 % de las consultas médicas por dolor de pecho. El diagnóstico se basa en los síntomas y la exploración física del paciente”.

Si amerita, algunos pacientes son enviados a un electrocardiograma, que registra la actividad eléctrica del corazón, o una radiografía de tórax para descartar problemas más graves.

Esto último es especialmente importante en mayores de 35 años y en personas con antecedentes o factores de riesgo de enfermedad coronaria, es decir, de las arterias del corazón.

¿Qué la provoca?

Las causas exactas no siempre están claras. Con frecuencia se relaciona con una sobrecarga en la zona donde las costillas se unen al esternón. “Para muchas personas, esta afección se desencadena por la actividad física repetitiva o el uso excesivo de la parte superior del cuerpo”, advierte la profesional de la salud.

“El entrenamiento con pesas, el remo, el levantamiento de objetos pesados ​​o los ejercicios que implican movimientos repetitivos de empuje y tracción pueden ejercer una presión adicional sobre la pared torácica”, añade.

El riesgo es mayor si la intensidad de los ejercicios sube demasiado rápido. Por ejemplo, un aumento repentino en el volumen del entrenamiento, en su frecuencia o en el peso levantado puede sobrecargar tejidos que no alcanzan a adaptarse a tiempo.

Otras causas pueden ser un golpe leve, una caída, un impacto en un deporte de contacto o incluso la tos persistente, que tensiona los músculos del tórax; “por eso algunas personas desarrollan costocondritis durante o después de un resfriado fuerte o una infección respiratoria”, sostiene Rainford.

¿Cómo prevenir la costocondritis?

La experta dice que en la mayoría de los casos mejora con medidas simples, como evitar o disminuir temporalmente las actividades que causaron el dolor, especialmente levantar peso y los ejercicios repetitivos de tren superior.

“Los analgésicos antiinflamatorios, como el paracetamol y el ibuprofeno, también pueden ayudar a reducir los síntomas cuando sea apropiado. Muchas personas también encuentran que aplicar una bolsa de calor o una compresa tibia ayuda a aliviar las molestias”, sugiere.

Cuando el dolor empieza a ceder, recomienda estiramientos suaves de pecho, hombros y espalda alta, que mejoran la movilidad y previenen la rigidez. Un ejemplo es la extensión torácica, en que la persona arquea la espalda sobre una silla baja con las manos detrás de la cabeza, que mostró beneficios en algunos pacientes.

Lee también...

“La costocondritis suele mejorar por sí sola. Los síntomas pueden durar varias semanas o varios meses, pero la mayoría de las personas se recuperan por completo en el plazo de un año”, aclara.

Si bien no siempre se puede prevenir, Rainford recomienda algunas precauciones, entre ellas: levantar pesas de manera gradual, asegurarse de tener una buena técnica, evitar el sobreentrenamiento y respetar los días de descanso de los entrenamientos.

“Lo más importante es no ignorar el dolor. Si sientes dolor en la pared torácica durante el ejercicio, resiste la tentación de forzar el movimiento. Seguir forzando los tejidos irritados puede prolongar los síntomas y retrasar la recuperación”, advierte.

Por último, si bien la costocondritis es inofensiva, la profesional sostiene que hay que evitar el autodiagnóstico y no asumir que cualquier dolor en el pecho puede deberse a esta condición.

Lo más importante, concluye, es consultar a un médico “si el dolor es intenso, se siente opresivo o pesado, o si se irradia al brazo, el cuello, la mandíbula o la espalda”.

¿Cómo hicimos esta nota?

Esta nota fue redactada con la inteligencia artificial de Claude (Anthropic). El periodista investigó preliminarmente, seleccionó las fuentes y las entregó a Claude para su redacción, usando como referencia el estilo de escritura del autor. Luego el periodista revisó la nota, realizó ediciones y verificó sus fuentes.