Era un secreto a voces en los pasillos del poder y en los paneles de análisis la llegada de un vocero al gobierno. Más allá del lugar común, la noticia confirma el rumor de las últimas semanas y un diagnóstico compartido en los salones del ejecutivo y legislativo. La vocería es fundamental en tiempos de desinformación, minutas y minutos fugaces en las redes sociales. Bienvenido el designado en la Subsecretaría General de Gobierno.

Su perfil reúne experiencia política, intelectual y académica, además de redes partidarias, cercanía con el jefe de gobierno y el biministro Alvarado. Gonzalo Arenas conoce los pasillos del poder, los vaivenes de la política y los archivos de la historia republicana. Su llegada retoma una tradición y función con exponentes y referentes para todos los gustos y estilos.

La década concertacionista es recordada por sus arquetipos en la comunicación política y sus voceros: Enrique Correa y la voz de la transición, el multifacético e incombustible Vidal y la sobriedad de Heraldo Muñoz. Otro estilo particular y paradojal es el de la exvocera comunista con su manual ideológico al comunicar y emplazar. Hoy, la exministra realiza charlas sobre desinformación y asumió un cargo internacional, pero esa es otra historia.

La vocería es vital en la comunicación política y requiere de un sentido pedagógico y el arte de explicar en simple los asuntos de la polis para todos. Es urgente comunicar adecuadamente lo grato e ingrato, los avances y desafíos del gobierno de José Antonio Kast, además de coordinar y ordenar las voces oficialistas para acallar los fantasmas y errores propios.

Para la exvocera Sedini es importante articular la voz y la estrategia, y ordenar la comunicación entre ministerios con una hoja de ruta clara que transmita ideas y hechos más allá de la contingencia. La batalla por el relato es real y convive con el fuego cruzado y amigo que recibe el gobierno republicano. Lo que tú no comunicas, lo comunica otro.

El Gobierno tiene que explicar mejor lo que se está haciendo y el sentido de los ajustes y las prioridades. La derecha tiene que trabajar en conjunto en la reconstrucción, el orden, la seguridad y lo social sin descuidar la proyección de un nuevo gobierno amparado en las ideas de una sociedad libre y responsable.

Cabe recordar que las urgencias sociales no nacieron el 11 de marzo de este año, los problemas en el tejido social y sus indicadores son de arrastre. Las pobrezas, materiales y espirituales de la nueva cuestión social requieren de convicción y dedicación. Las familias y los pobres no pueden esperar ni ser reducidos a datos en las planillas estatales.

Bienvenido el vocero y sus conocimientos históricos sobre el siglo XIX y los sobresalientes ministros Diego Portales y Antonio Varas. Además, comprende las raíces y los comportamientos de la fronda. El siglo mencionado, guerrero y heroico, es un faro con lecciones de consensos y disensos fatales. El ideal portaliano representa el orden, la austeridad, el servicio público y las virtudes, sin descuidar el peso de la noche. Es momento de afirmar el timón y la hoja de ruta oficialista. La oposición se está rearmando de la mano de la matriarca y una alianza novedosa: el bacheletismo y boricismo.

La matriarca viene a cobrar revancha y a quedarse. El reencuentro de los expresidentes es estratégico, una articulación y reordenamiento de los cuadros, y una proyección electoral anticipada. La izquierda está cambiando de piel y no es descartable que endurezca su estilo confrontacional en lo discursivo y legislativo.

Lo sucedido con el senador Araya es una advertencia y un escarmiento público. Todo lo que no les agrada lo califican con la etiqueta de ultraderecha ya que su dogma apuesta por la supremacía estatal y la dependencia del individuo con el Estado. La postura de “negar la sal y el agua” al oficialismo reaparece en un escenario político polarizado y un horizonte de pesimismo que no favorece al gobierno de José Antonio Kast en tiempos de ajustes a la vocería y el presupuesto de la nación.