Las tormentas de los últimos días en Santiago nos dejan una pregunta que la ciencia viene planteando hace años. ¿Podemos ver venir estos eventos con más tiempo? El anuncio de adquirir dos radares meteorológicos para la Región Metropolitana es una buena noticia y un primer paso que vale la pena valorar.

Hasta hace muy poco, tornados y trombas marinas no eran tema en Chile. Hoy son una realidad cada vez más frecuente y aún no contamos con radares meteorológicos y otros instrumentos de medición que permitan seguir en tiempo real la formación de nubes convectivas y eventos hidrometeorológicos. Con ellos, podríamos anticipar estos fenómenos con algunas horas de antelación. Ese tiempo permite suspender actividades, cortar el tránsito en zonas expuestas y avisar a las personas, entre otras medidas.

Este anuncio retoma una necesidad de larga data. La Dirección Meteorológica viene solicitando financiamiento para radares hace varios años. La oportunidad es pensar esta adquisición no como una compra puntual, sino como el inicio de una red nacional de observación.

Un radar cubre unos 200 kilómetros, por lo que su valor crece en red. La propia institución ha propuesto cerca de ocho radares entre Valparaíso y Los Lagos. Por eso, junto con la Región Metropolitana, sería valioso sumar pronto a las regiones donde estos fenómenos ya son habituales. El centro sur es un buen ejemplo, pues allí se han registrado tornados y trombas marinas, casi todos en Biobío y Ñuble.

Para avanzar en esa dirección, algunas líneas de política pública de largo plazo podrían reconocer los radares y demás instrumentos de medición como infraestructura preventiva, con recursos estables para su operación, mantención y renovación, y no solo para su compra.

También podría fortalecer la institucionalidad de la Dirección Meteorológica, que hoy depende de la Dirección General de Aeronáutica Civil y no tiene glosa presupuestaria propia, además de generar la coordinación con las otras entidades que gestionan el agua y las obras hidráulicas, con Senapred y los gobiernos regionales.

Otra línea de acción sería integrar y abrir los datos, para que la información de radares y estaciones alimente no sólo las alertas, sino también la planificación urbana, el diseño de colectores, la gestión de cuencas y finalmente la protección de las personas. A ello se suma la formación de capital humano especializado, capaz de interpretar esta información y comunicarla con claridad a la ciudadanía. Una comunidad informada ayuda a prevenir.

La discusión presupuestaria en curso abre una buena oportunidad para dar continuidad a este esfuerzo y fortalecer las capacidades de prevención de Senapred y de las regiones. Con la medición y el monitoreo se generan los datos que necesitaremos para diseñar y planificar mejor nuestro territorio.

Chile ya demostró con su red sismológica que puede convertir la experiencia en capacidad instalada. Hoy tenemos la oportunidad de hacer lo mismo con el clima, medir y monitorear antes para cuidar mejor.

Antonia Bordas
Geógrafa, asesora del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI)

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