Un remedio para tratar el síndrome del ojo seco puede ser la risa, según los científicos. En 2024, un estudio mostró que reír puede ayudar tanto como el tratamiento con gotas y ahora algunos oftalmólogos lo están recomendando.
El Dr. José Peña, que comparte contenido sobre oftalmología en redes sociales, habló sobre ello en un video que compartió en su Instagram. De acuerdo con el experto, incluso las guías internacionales para este síndrome apoyan la risa.
“Reírse es tan bueno como echarse lágrimas artificiales“, aseguró el experto.
¿Qué es el síndrome del ojo seco?
De acuerdo con el National Eye Institute, el síndrome del ojo seco ocurre cuando los ojos no producen suficientes lágrimas para mantenerse húmedos o cuando las lágrimas no cumplen correctamente su función. En algunos casos, también puede causar problemas de visión.
Esta afección, además, es común. Puede afectar más a mayores de 50 años y a mujeres, pero también puede desarrollarse en personas que usan lentes de contacto con frecuencia, no consumen suficiente vitamina A o ácidos grasos omega-3 o tienen ciertas afecciones autoinmunológicas, como lupus o síndrome de Sjögren.
Los síntomas pueden ser sensación de aspereza, sensación de escozor o ardor en el ojo, ojos rojos, sensibilidad a la luz y visión borrosa. Sin embargo, según el organismo, existen diversos tratamientos que pueden mejorar los síntomas y evitar las molestias.
Puede tratarse con gotas para los ojos de venta libre, también conocidas como “lágrimas artificiales”, medicamentos con receta, cambios en el estilo de vida y tapones para el conducto lagrimal que ayudan a mantener las lágrimas en los ojos.
En algunos casos puntuales, los doctores también recomiendan cirugía, generalmente cuando los párpados inferiores están muy sueltos, lo que hace que las lágrimas se drenen demasiado rápido.
¿Qué papel juega la risa?
El estudio, que se publicó en la British Medical Journal, consistió en probar lágrimas artificiales (gotas de ácido hialurónico sódico al 0,1 %) y terapia de risa en 299 participantes de entre 18 a 45 años, mayormente mujeres, a quienes se les asignó una de estas opciones aleatoriamente.
El grupo de lágrimas artificiales se aplicó gotas 4 veces al día durante 8 semanas, mientras que el otro grupo tuvo que hacer un ejercicio de risa en el que repetían en voz alta ciertas frases durante 30 veces, igualmente con 4 sesiones separadas al día.
Tras las 8 semanas, las puntuaciones del índice de enfermedad de la superficie ocular (OSDI, por sus siglas en inglés) disminuyeron 10,5 puntos en el grupo de risa, y solo 8,8 puntos en las personas que usaron gotas.
“El ejercicio de la risa no fue inferior al ácido hialurónico sódico al 0,1% para aliviar los síntomas subjetivos en pacientes con enfermedad del ojo seco con tinción corneal limitada durante la intervención”, concluye el paper.
Lingyi Liang, autora principal del paper y subdirectora del Centro Oftalmológico Zhongshan de la Universidad Sun Yat-sen, dijo en declaraciones a la Academia Americana de Oftalmología que sus resultados “abren una nueva e interesante vía para el tratamiento del ojo seco, especialmente porque está influenciado por factores del estilo de vida como el estado de ánimo, el sueño y el estrés”.
La Dra. Liang también señaló que se necesitan más estudios al respecto y que ella y su equipo planean “explorar comparaciones con otras lágrimas artificiales, posibles concentraciones más altas de hialuronato de sodio o formulaciones a base de lípidos”.
“Dado que la enfermedad del ojo seco está asociada a factores sistémicos del estilo de vida, las investigaciones futuras también analizarán la combinación de la terapia de la risa con otras intervenciones para abordar estas interacciones complejas”, planteó.
Además, puntualizó que los ejercicios de risa pueden ser “alternativas seguras, ecológicas y rentables a los tratamientos con gotas”.
Referencia:
Lingyi Liang y otros autores. Effect of laughter exercise versus 0.1% sodium hyaluronic acid on ocular surface discomfort in dry eye disease: non-inferiority randomised controlled trial. The BMJ, 2024.