Los bebés requieren mucha atención, pero no siempre es posible estar pendiente de ellos al 100%. Para esos momentos, los padres suelen buscar algunos estímulos para que se entretengan solos y, en plena era de la tecnología, las pantallas se han vuelto una costumbre.
Sin embargo, no es lo más recomendado por los expertos. De hecho, señalan que pasarle un dispositivo móvil —ya sea una tablet o smartphone— a un niño, más que ayudar, puede traer ciertas desventajas.
Un grupo de investigadoras y académicas de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad Autónoma de Barcelona analizaron esta costumbre en un artículo para The Conversation, donde además entregaron recomendaciones de opciones para no elegir las pantallas.
“Esta herramienta tan útil conlleva multitud de desventajas a medio plazo. Por eso, en este artículo queremos proponer microescenarios de juego libre diseñados intencionalmente, en los que sostener la autonomía del niño y fomentar su desarrollo”, señalan.
Opciones para entretener a bebés sin pantallas
De acuerdo con las expertas, durante la primera infancia, basta con poner al alcance de los niños entre 2 a 5 objetos abiertos (que pueden usarse de muchas maneras) y seguros.
“Que inviten a llenar, vaciar, encajar, apilar, transportar o abrir y cerrar, siguiendo la lógica del cesto de los tesoros y del juego heurístico, es decir, aquel que se desarrolla sin intervención de nadie ni nada más que la propia imaginación del niño”, explican.
Además, estos materiales deben ser puestos en un espacio determinado, como una manta o alfombra, que pueda indicar al niño que ese es el lugar para explorar y entretenerse.
“Ayuda también incorporar un ritual breve de inicio y cierre –un par de frases constantes– que estructura el tiempo y favorece la autorregulación emocional. Por ejemplo, iniciar con una frase como: ‘Ahora toca explorar. Toma tu bolsita de sorpresas’; y cerrar diciendo: ‘Ya hemos terminado. Vamos a recoger"”, puntualizan.
Los padres también pueden portar kits de objetos transportables y estos dependerían de la edad del bebé. Por ejemplo, niños de 0 a 12 meses “pueden explorar una cuchara de madera, un aro de silicona y un pañuelo con nudos durante breves periodos de 5–10 minutos”.
Entre los 12 y 24 meses también pueden funcionar objetos cotidianos seguros y en pares, entre 10 y 12, que les permitirán a los niños clasificar; mientras que entre los 24 a 36 meses es más recomendable entregarles materiales como contenedores o pinzas grandes, que “favorecen ‘proyectos’ autónomos mientras el adulto observa sin dirigir”, explican.
“Conviene ofrecer pocos objetos cada vez: entre uno y cinco, según la edad, porque un exceso de estímulos dispersa su atención y dificulta una exploración profunda”, añaden.
¿Por qué no usarlas?
Las investigadoras señalan que recurrir a las pantallas antes de una edad adecuada, o muy seguido, “puede empobrecer ciertas experiencias esenciales en la primera infancia”, como por ejemplo, el contacto corporal, el tiempo compartido, la espontaneidad o la exploración sensorial.
Asimismo, explican que los videos, al ser estímulos intensos, pero que no estimulan el movimiento, solo funcionan a corto plazo y son menos saludables, ya que “harán al niño más dependiente de este tipo de estímulos y menos interesado en otros más pausados e interactivos, como indican estudios recientes”.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), incluso recomienda que niños menores de 1 año no utilicen pantallas, mientras que para los menores de 5 años, idealmente el tiempo con ellas sea de una hora o menos.