Todos tenemos a ese amigo que se toma un café doble después de la cena y duerme como bebé, mientras que otros, con solo oler una taza, ya están contando ovejas a las tres de la mañana.
Durante años, esto se atribuyó a “costumbre” o a un vago concepto de “tolerancia”. Pero una revisión científica reciente pone el foco en un culpable mucho más concreto: un gen llamado CYP1A2, que puede hacer que una persona procese la cafeína hasta 15 veces más rápido que otra.
El trabajo fue publicado en 2026 en la revista científica Hereditas a cargo de investigadores del Centro de Biología Evolutiva de la Universidad de Fudan, en China.
El gen que actúa como “filtro” del café
La cafeína, la sustancia estimulante presente en el café, el té y el chocolate, funciona bloqueando en el cerebro los receptores de una molécula llamada adenosina, que es justamente la que nos avisa que es hora de dormir. Al taparle la boca a la adenosina, la cafeína nos mantiene despiertos y alerta.
Pero antes de llegar al cerebro, casi toda la cafeína que tomamos pasa por el hígado, donde una enzima llamada CYP1A2 se encarga de metabolizarla, es decir, de descomponerla en otras sustancias para eliminarla del cuerpo. Esta enzima es responsable de más del 90% del proceso de eliminación de la cafeína, según explica el estudio.
El detalle clave es que no todas las personas tienen la misma “velocidad de fábrica” en esta enzima. Existen variaciones genéticas —pequeños cambios en el ADN llamados polimorfismos, algo así como distintas versiones de un mismo programa de computador— que determinan si alguien es un “metabolizador rápido” o “lento” de la cafeína.
Quienes tienen las variantes de metabolización rápida eliminan la cafeína de su cuerpo mucho antes, por lo que su efecto estimulante dura menos y afecta menos el sueño. Los metabolizadores lentos, en cambio, mantienen la cafeína circulando por más tiempo, lo que explica por qué un café en la tarde les puede arruinar la noche completa.
Así que la próxima vez que alguien le diga que “el café no le hace nada”, puede que no esté exagerando ni presumiendo de aguante: es probable que, literalmente, tenga una versión distinta del programa genético que decide cuánto dura la cafeína dando vueltas por su cuerpo.
Fumar, el embarazo y algunos remedios también influyen
La genética no es lo único que importa. El estudio detalla que fumar acelera entre un 40% y un 65% la eliminación de la cafeína, porque el humo del tabaco “activa” con más fuerza esta enzima hepática. Por eso, curiosamente, las personas fumadoras suelen tolerar —y consumir— más café.
En el extremo opuesto está el embarazo: la actividad de esta enzima puede caer hasta un 65% durante el tercer trimestre debido a los cambios hormonales, lo que hace que la cafeína permanezca en el cuerpo mucho más tiempo, llegando incluso a triplicar su permanencia habitual.
Algunos medicamentos de uso común, como ciertos anticonceptivos, antimicóticos y antibióticos, también frenan esta enzima y pueden hacer que una persona “genéticamente rápida” empiece a sentir los efectos de la cafeína como si fuera lenta.
¿Evolucionamos para tomar más café?
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es de tipo evolutivo. Al analizar ADN antiguo, los investigadores detectaron que las variantes genéticas asociadas a una metabolización más rápida de la cafeína aumentaron de forma notoria hace aproximadamente 1.000 años, un período que coincide con la expansión del consumo de café desde el mundo árabe hacia el resto del planeta.
Los propios autores son cautos: no se puede afirmar con certeza que el consumo de café haya sido la causa directa de este cambio genético, ya que la misma enzima procesa muchas otras sustancias. Pero la coincidencia temporal es, como mínimo, sugerente de que nuestra relación con esta bebida pudo haber dejado una marca en el genoma humano.
¿Qué pasa con el té, si tiene más cafeína?
Por otro lado, el estudio recuerda que el té, pese a tener más cafeína que el café en su forma seca (hasta un 5% del peso versus un 2,2% del café), suele sentirse menos estimulante en la taza.
La razón es que sus polifenoles atrapan buena parte de la cafeína durante la preparación, y además contiene L-teanina, un aminoácido calmante que suaviza el efecto estimulante, generando esa sensación de “alerta relajada” tan distinta a la del café.
Referencias
Liu, X., & Xu, S. (2026). Unraveling the complexities of caffeine: metabolism, genetics, evolution, and health. Hereditas, 163(1).