Una copa de vino tinto, una porción de queso añejo o una taza de café de más: para millones de personas en el mundo pueden ser la antesala de horas de dolor punzante, náuseas y una sensibilidad a la luz que obliga a encerrarse en una pieza oscura.
Distintas investigaciones han intentado durante décadas descifrar por qué ciertos alimentos parecen “activar” las crisis de migraña en las personas susceptibles, aunque —como suele pasar en medicina— las respuestas no siempre son tan claras como uno quisiera.
¿Qué es la migraña y por qué ocurre?
La migraña es una enfermedad neurológica, no “un dolor de cabeza más”, como suele creerse erróneamente. Así lo remarca Raúl Juliet, neurólogo y jefe del Centro de Cefalea RedSalud, quien advierte que esta falsa creencia muchas veces retrasa el diagnóstico.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la migraña está entre las 20 enfermedades más incapacitantes para el ser humano y es la primera causa de discapacidad entre las enfermedades neurológicas. En mujeres menores de 50 años, incluso, es la principal causa de discapacidad considerando todas las enfermedades, no solo las neurológicas.
Afecta mucho más a mujeres que a hombres —por cada hombre hay entre 3 y 4 mujeres con la enfermedad— y tiene un fuerte componente genético: existen “familias migrañosas” donde el padecimiento pasa de generación en generación. Los ciclos hormonales también influyen: cerca del 40% de las mujeres nota que sus crisis se intensifican antes o durante la menstruación, o incluso en la ovulación.
Para identificarla, Juliet señala tres síntomas clave, además del dolor de intensidad moderada a severa:
Fotofobia (molestia intensa a la luz)
Discapacidad funcional (la persona debe suspender sus actividades y descansar)
Náuseas
Los alimentos que más se repiten como gatillantes de la migraña
Una revisión publicada en el 2025 en la revista científica Nutrients recopiló decenas de estudios sobre el vínculo entre alimentos y migraña. Según sus datos, entre un 27% y 30% de los pacientes migrañosos reconoce que sus crisis se disparan por algo que comieron.
Los principales sospechosos:
Alcohol
Cafeína
Chocolate
Glutamato monosódico (potenciador de sabor conocido como MSG, presente en comida procesada y algunos platos orientales)
Nitratos (usados para conservar carnes procesadas como el jamón o las salchichas)
Tiramina (sustancia presente en quesos curados, embutidos y pescados ahumados)
Eso sí, la propia revisión advierte que los resultados varían mucho entre estudios: mientras algunas investigaciones encuentran que el 35% de los pacientes identifica el alcohol como gatillante, otras apenas registran un 4%. Esto podría deberse a diferencias culturales, genéticas o simplemente a que cada organismo reacciona distinto.
Un estudio del 2024, publicado en Scientific Reports analizó los hábitos alimenticios de 124 pacientes con migraña en Egipto. Encontró que quienes padecían este dolor de manera crónica (15 o más días de dolor al mes), en comparación con quienes solo tenían crisis ocasionales, consumían con más frecuencia:
Frituras
Embutidos
Quesos salados y grasos
Cítricos
Té
Café
Bebidas azucaradas
Chocolate
Conservas
Comida guardada por varios días en el refrigerador
¿Por qué estos alimentos específicos? Muchos de ellos —como los quesos curados, los pescados ahumados o la comida que lleva días en el refrigerador— contienen altos niveles de “aminas biógenas”, unas sustancias (como la histamina o la tiramina) que se generan por la acción de bacterias y que podrían provocar inflamación y dilatación de los vasos sanguíneos del cerebro, un mecanismo asociado al dolor migrañoso.
Tratamientos y hábitos que sí funcionan
La buena noticia es que existen tratamientos, tanto para prevenir las crisis como para aliviarlas cuando ya llegaron. Al respecto, Juliet explica que el tratamiento preventivo busca disminuir la frecuencia, intensidad y duración de los episodios.
Entre las opciones no farmacológicas destaca:
Mantener un sueño regular
Hacer ejercicio
Hidratarse bien
Ordenar los horarios de comida
Evitar los propios desencadenantes que cada persona haya identificado
En el plano farmacológico, además de los preventivos tradicionales (betabloqueadores, algunos antidepresivos, entre otros), existen fármacos de última generación como los anticuerpos monoclonales y los “gepantes”, que actúan bloqueando una proteína llamada CGRP, clave en la inflamación que se produce en el cerebro durante una crisis.
Para las crisis ya instaladas, existen los analgésicos comunes, los triptanes y también gepantes de rescate, aunque el especialista advierte que el uso excesivo de analgésicos puede terminar generando, paradójicamente, más dolor de cabeza por sobreuso de medicamentos.
La dieta y el chocolate en la migraña
En materia de dieta, la revisión de Nutrients destaca que las dietas que han mostrado potencial para reducir la frecuencia e intensidad de las crisis en distintos estudios clínicos:
Bajas en carbohidratos
Cetogénicas
Suplementación con vitamina D3
Ácidos grasos omega-3
Alimentación mediterránea (rico en frutas, verduras y pescado, bajo en procesados)
Eso sí, pese a que muchos pacientes juran que el chocolate les provoca migraña, varios estudios doble ciego que compararon el efecto del chocolate real contra un placebo no lograron demostrar diferencias significativas.
Algunos investigadores creen que las ganas de comer chocolate podrían ser, en realidad, un antojo que anuncia la crisis y no su causa, lo que explicaría por qué tantas personas lo señalan como culpable sin serlo realmente.
Referencias
Tu, Y.-H., Chang, C.-M., Yang, C.-C., Tsai, I.-J., Chou, Y.-C., & Yang, C.-P. (2025). Patrones dietéticos y migraña: Perspectivas e impacto. Nutrients , 17 (4), 669.
Fayed, A.-GI, Emam, H., Abdel-Fattah, AN, Shamloul, RM, Elkholy, TA, Yassen, EM, Hamdy, E., Mohamed, M.-ET, Seddeek, MI, & Abed, E. (2024). La correlación entre la ingesta frecuente de desencadenantes dietéticos de la migraña y el aumento de las características clínicas de la migraña (estudio transversal analítico de Egipto). Scientific Reports , 14 (1), 4150.