En España tuvieron un nombre, “mileuristas”. A mediados de los 2000, la palabra comenzó a describir a una generación de jóvenes, muchos de ellos con estudios superiores, que se incorporaban al mercado laboral por salarios cercanos a los mil euros. El término rápidamente pasó a representar a toda una generación que había estudiado, se había preparado y, sin embargo, encontraba un mercado laboral que ofrecía mucho menos de lo que había prometido.
Hoy Chile parece estar construyendo su propio concepto generacional. Pero hay una diferencia importante. No son los jóvenes que ganan mil euros, sino que cada vez más son titulados en espera.
La discusión pública de estos días se ha instalado alrededor de una cifra preocupante que nos indica que el 21,6% de las personas entre 25 y 34 años no estudia ni trabaja. El dato corresponde al trimestre mayo-julio de 2026 y representa el nivel más alto para este grupo desde comienzos de 2023. La palabra para describirlos es conocida por todos, “Ninis”, refiriéndose a jóvenes que ni estudian ni trabajan.
Pero hay algo que la palabra no alcanza a contar, porque dentro de ese 21,6% existe una realidad que, a mi juicio, debiéramos mirar con mayor atención. Me estoy refiriendo a ese 41% de jóvenes que actualmente está desocupado y buscando trabajo. Es decir, no estamos hablando necesariamente de jóvenes que decidieron voluntariamente mantenerse al margen del mercado laboral, sino que están buscando una oportunidad que simplemente no están encontrando.
A mi parecer aquí comienza el verdadero problema. Durante años nos dijeron a los jóvenes que estudiar era el camino, y que al obtener un título podríamos acceder a mejores oportunidades y finalmente a una mejor calidad de vida. Nos convencieron que la educación era una herramienta para la movilidad social. Muchas familias hicieron enormes esfuerzos para que sus hijos pudieran ingresar a la educación superior, y miles de jóvenes hicieron exactamente lo que se esperaba de ellos; esforzarse, estudiar y transformarse en profesionales.
Estudiaron, se titularon, hicieron prácticas, buscaron trabajo, enviaron currículums a cuanta oferta encontrasen, también asistieron a entrevistas, pero siguen esperando. No necesariamente porque no quieran trabajar, sino porque no encuentran trabajo en aquello para lo que se prepararon o porque las oportunidades disponibles no corresponden a sus expectativas, formación o necesidades de ingreso económico.
El mercado laboral también entrega señales que son preocupantes. En un año, el número de ocupados entre 25 y 34 años disminuyó en casi 112 mil personas y la tasa de ocupación de ese grupo cayó de 74,4% a 72,6%. Entonces, quizás necesitamos dejar de mirar a la juventud exclusivamente desde la pregunta “¿por qué no trabajan?” y comenzar a preguntarnos también “¿qué está pasando con el trabajo que deberían encontrar?”. Porque créanme que existe una diferencia enorme entre no querer trabajar y no encontrar una oportunidad laboral.
La etiqueta “Nini” puede ser útil para medir una realidad, pero creo que es insuficiente para comprenderla. Este concepto agrupa a jóvenes con trayectorias muy diferentes. Quienes buscan empleo, quienes realizan labores de cuidado no remuneradas, quienes han terminado sus estudios y están intentando ejercer, quienes enfrentan períodos de desempleo y finalmente quienes efectivamente están fuera de los estudios y del trabajo por decisión propia. Ponerlos a todos en el mismo saco puede hacer invisible las distintas realidades que a esta parte de la sociedad chilena les esta tocando vivir.
Qué duda cabe que Chile ha expandido fuertemente el acceso a la educación superior, eso sin duda es un triunfo que debemos celebrar como sociedad. Pero aumentar las oportunidades educativas no garantiza automáticamente aumentar las oportunidades laborales, o por lo menos ahora ya no lo hace.
Si la economía chilena no es capaz de generar empleos suficientes, de calidad y acordes con las capacidades de quienes se están formando, aparece una contradicción que tarde o temprano termina golpeando a las nuevas generaciones, y esa contradicción tiene un costo que va mucho más allá del desempleo.
Se posterga la independencia, se retrasa la posibilidad de arrendar o comprar una vivienda, se dificulta formar un proyecto familiar, y por ende, se genera un problema de natalidad, se acumula frustración, se pierde experiencia laboral, y en casos de mayor desesperación después de meses o años de búsqueda aparece la necesidad de aceptar trabajos que poco tienen que ver con aquello que se estudió.
Por todo lo que acabo de exponer, propongo que dejemos de hablar solamente de los “Ninis” y comencemos a hablar también de los “titulados en espera”, no para negar las cifras que bastante evidentes son, tampoco lo digo para romantizar a una generación ni para afirmar que todos sus integrantes son víctimas de las circunstancias, sino para incorporar una pregunta que la estadística por sí sola no está respondiendo ¿cuántos jóvenes están fuera del mercado laboral porque no quieren trabajar y cuántos porque no han logrado encontrar una oportunidad?
Esa diferencia importa para las políticas de empleo, para las instituciones de educación superior al evaluar si las carreras que están impartiendo tienen empleabilidad en pleno 2026, importa para las empresas donde los procesos productivos cada vez más se van digitalizando, y por ende, menos personas se necesitan para hacer el mismo trabajo. Importa para quienes diseñan políticas públicas que impactan en la realidad de las personas. Y por sobre todo, importa para toda una generación que durante años recibió el mensaje de que estudiar, esforzarse y obtener un título era el camino para construir una vida mejor.
Los mileuristas españoles tuvieron que ponerle nombre a la promesa incumplida de estudiar y trabajar, pero seguir viviendo con salarios que no permitían avanzar al ritmo esperado. Chile enfrenta hoy una versión diferente del mismo dilema. Jóvenes que no están esperando que alguien les regale una oportunidad, están esperando que simplemente exista una.
Gonzalo Sánchez Uribe
Presidente Regional Biobío
Juventud Socialista de Chile
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