Nuevamente estoy en una estación de trenes y al mediodía, ahora es Poltava la que me recibirá y en la que intentaré seguir comprendiendo la esencia ucraniana. 

Acá voy como un local, nada de Uber, taxis y esas cosas de turistas. El transporte público, pagado en monedas, será mi medio de transporte para llegar al centro de la ciudad. Poltava es capital de la provincia homónima y su población superaría los 250.000 habitantes. La línea del frente, Kupiansk, está a unos 130 kilómetros de acá. 

Mi primera impresión de esta ciudad es que se parece más a Chisinau, la capital de Moldavia, que a Kyiv. Edificios más antiguos, de la época de la ocupación comunista, y un tránsito un poco más caótico, incluso en día domingo. 

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Me bajaré de la micro en la calle Novy Bazar, justo frente al Mercado Central de la ciudad, zona con mucha concurrencia de personas haciendo sus compras para la semana. 

Al bajar de la micro, me vienen a la mente imágenes de ataques rusos a mercados, ferias, lugares con aglomeraciones. Mientras estuve por Ucrania hubo uno así cerca de Kyiv; así que la sensación de peligro puede que tenga una causa real. Aún cuando no hay alerta de ataque aéreo, intento salir lo más rápido del sector y me dirijo hacia una atracción de la ciudad, la Plaza Redonda. 

Bajo la Plaza Redonda hay centros comerciales, algunos cerrados pero varios abiertos. Ucrania cada vez más cambia su forma de vida y los subterráneos han tomado importancia: escuelas, universidades, hospitales y muchas otras actividades se desarrollan bajo tierra. En la superficie hay un boulevard con restaurantes abiertos y familias disfrutando de una tarde dominical veraniega. 

Los parques y puntos turísticos tienen afluencia de público. Cerca de la Catedral de la Asunción hay un memorial a los Defensores del País caídos durante estos cuatro años y medio de invasión, pequeñas banderas ucranianas y retratos fotográficos recuerdan a estos héroes, quienes han defendido con su vida una visión de mundo que hoy está bajo amenaza y de la que Ucrania es el principal escudo de protección.

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También, a pasos de aquella iglesia, se encuentran dos íconos de la ciudad. Aparece en el recorrido el monumento a una comida típica de la región, el galushki, del que me recomendaron probarlos. Unos pocos metros más allá está la Rotonda de la Amistad de los Pueblos, que es una herradura de estilo jónico desde donde se puede ver todo el valle del río Vorskla, esta construcción en su interior tiene versos del poeta local Iván Kotliarevski, los cuales dicen más o menos así: “Donde hay armonía en la familia, donde reina la paz y la calma, allí hay gente feliz y una tierra bendecida”

Me siento a observar el valle con un vaso de bebida típica de estas latitudes, kvas. En el lugar una niña camina con sus padres tomándose fotos por su cumpleaños; unas amigas usan el espacio como pasarela para grabar algún video para redes sociales. En Poltava hay paz, los ucranianos son felices, esa felicidad es por la que ellos continúan luchando.

Javier Silva Salas
Cofundador Fundación Ciudadano Austral

Este artículo forma parte de una serie de relatos de la experiencia de Javier Silva Salas, cofundador de la Fundación Ciudadano Austral, sobre su más reciente viaje a Ucrania en el contexto de vincular a la ONG chilena con instituciones ucranianas para la cooperación en la promoción de los valores de la sociedad libre en dicho país; así como también la difusión en Chile de la historia ucraniana durante el período de la ocupación soviética.

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