Este 19 de septiembre, cuando las calles vuelvan a llenarse de patriotismo y miremos a nuestros soldados marchar, los invito a hacer una pausa. Vayamos más allá de los uniformes impecables y la tradición de la Parada Militar. Los invito a mirar el corazón que late bajo cada tenida de combate: el de miles de hombres y mujeres que encarnan al Ejército de todos los chilenos, una institución republicana cuyo único norte es el servicio a la nación entera, sin distinciones.

A veces damos por sentada la paz y la seguridad. Olvidamos que resguardar nuestra soberanía y proteger las fronteras requiere de un compromiso absoluto, las 24 horas del día. Pero el amor de nuestros soldados por Chile no se limita a la defensa. Cuando el territorio se estremece por un terremoto, cuando el fuego devora nuestros bosques o el agua inunda los hogares en la zona centro-sur, el Ejército no se hace esperar.

Cómo olvidar las imágenes de las recientes catástrofes climáticas. En comunas golpeadas por la emergencia, la desesperación de los vecinos se transformaba en alivio al ver aparecer las patrullas y camiones militares.

El aplauso espontáneo y la ovación de familias enteras al ver llegar a sus soldados con palas y helicópteros de rescate es la muestra más pura de este lazo indisoluble. Están ahí, lejos de las cámaras, llegando donde nadie más puede entrar. Porque estar listos para cuando Chile los necesite no es solo un deber: es una promesa con el pueblo.

Por eso, en el Día de las Glorias del Ejército, el reconocimiento debe ser profundamente humano. Este saludo es para el conscripto que pasa frío en la frontera, para el oficial desplegado, pero, sobre todo, para las familias militares. Madres, padres, esposas, esposos e hijos que viven el sacrificio de la distancia en silencio. Gracias por su entrega invisible pero fundamental.

Quiero destacar con especial admiración a los reservistas de Chile. Ellos representan el puente perfecto entre la sociedad civil y la defensa nacional. Son profesionales, trabajadores y emprendedores que, tras cumplir con su jornada laboral, deciden voluntariamente vestir el uniforme y entrenar.

Son la prueba viva de que el amor por la patria no se queda dentro de un cuartel. Ver a la Reserva marchar nuevamente en la Gran Parada Militar refleja ese vínculo indestructible entre la ciudadanía y sus soldados.

Honor y Gloria a nuestros reservistas, nadie los obliga; los mueve únicamente un amor silencioso y testarudo por esta tierra.

A cada conscripto, suboficial, reservista, oficial y a sus familias: nuestro respeto y gratitud. La patria no se construye con discursos vacíos; se construye con la entrega real de hombres y mujeres dispuestos a postergarse por el bienestar común de Chile.

¡Feliz Día de las Glorias del Ejército de Chile! Un ejército que le pertenece a cada habitante de esta tierra. Que nunca olvidemos lo esencial: cuando Chile los ha necesitado, ellos jamás han fallado. Ahí han estado.