Científicos de la Universidad Northwestern, Estados Unidos, sugieren que, si bien la comunicación en el reino animal puede manifestarse en distintas formas, como un graznido, palabras e incluso luces, tiene un componente que podría ser universal: su tempo.
En un estudio que publicaron recientemente en la revista PLOS Biology, sostienen que han descubierto que las señales de comunicación que emite una amplia gama de especies del reino animal se repiten a 2 hercios, es decir, dos pulsaciones por segundo.
Según un comunicado de la universidad, esta característica podría significar que “los cerebros de los animales, incluidos los humanos, podrían estar naturalmente adaptados para procesar señales a ese ritmo”.
Los investigadores identificaron este patrón primero durante una excursión en Tailandia, cuando observaron que las luciérnagas emitían destellos y los grillos cantaban al mismo ritmo en la zona. Luego, analizaron datos ya publicados que muestran que una gran cantidad de especies evolutivamente distintas se comunican isócronamente, es decir, casi al mismo tiempo o a intervalos de tiempo idénticos y regulares.
“Planteamos la hipótesis de que esta escala temporal podría tener una base universal en la biofísica de las neuronas receptoras”, dice el paper.
¿Los animales tienen un “tempo universal”?
Guy Amichay, científico de la Universidad Northwestern que dirigió el estudio, señala que “parece haber una gran cantidad de organismos que se comunican o emiten señales en un rango de ritmos relativamente estrecho”.
“Todos parecen mantenerse alrededor de los 2 o 3 hercios. En principio, podrían comunicarse a otros ritmos. Físicamente, no hay nada que les impida comunicarse, digamos, a 10 hercios, pero no lo hacen. Para explicar este fenómeno, proponemos que este ritmo de 2 hercios podría ser más fácil de comprender porque resuena con nuestro cerebro. Resuena con el cerebro humano, el de las luciérnagas, el de los leones marinos, el de las ranas, etc”, explica.
Amichay y su equipo creen que estudiar este ritmo, que consideran “potencialmente universal”, podría permitirles interpretar mejor la señalización animal y el comportamiento social en diferentes especies.
También sugieren que incluso la percepción humana de los ritmos, como los compases de la música popular o el flujo del habla, podría estar relacionada con esta sincronización.
Al hacer más amplia la búsqueda de este ritmo universal, descubrieron que, a pesar de sus tamaños, hábitats y diversos métodos de comunicación, muchas especies del reino animal repiten señales en un rango estrecho de aproximadamente 0,5 a 4 hercios: de 1 a 4 pulsaciones por segundo.
“Hay un detalle sutil: sospechamos que lograr que la señal portadora tenga el tempo adecuado es clave para una comunicación eficaz”, dice por su parte Daniel M. Abrams, uno de los autores del paper.
“Puede que el tempo en sí mismo no transmita información, sino que simplemente sirva como punto de partida para captar la atención, sobre el cual se envía el contenido real, como notas musicales que siguen el ritmo de una canción”, agrega.
También se preguntan por qué esta cantidad de pulsaciones si, de hecho, las especies pueden salirse del tempo dependiendo de las circunstancias. “Si intentas atrapar una luciérnaga, entra en pánico y parpadea mucho más rápido”, puntualiza Amichay.
“Biomecánicamente, son capaces de emitir señales más rápidamente. Por lo tanto, nos preguntamos si podría haber una razón más profunda por la que sistemas muy diferentes emiten señales a este ritmo y no a ningún otro”, plantea.
Una cuestión de adaptación
Al estudio también se unió Vijay Balasubramanian, neurocientífico y físico teórico que ha investigado en áreas como la teoría de cuerdas, teoría cuántica de campos y biofísica.
El experto sostiene que la biofísica de una sola neurona, que son los procesos eléctricos y biofísicos a través de los que recibe y transmite información, opera a un mismo ritmo: aproximadamente dos veces por segundo.
Para testear la teoría de Balasubramanian, crearon modelos informáticos de circuitos neuronales simples y observaron cómo respondían a los ritmos del reino animal. El experimento indicó que los circuitos respondían con mayor intensidad a 2 hercios, tal como sugerían Amichay y Abrams.
El equipo cree que este tempo demostraría que las señales de comunicación en la naturaleza podrían haber evolucionado para adaptarse a los ritmos que el cerebro puede procesar con mayor facilidad.
De hecho, los estudiosos de la música, dice Amichay, llevan tiempo observando que las canciones populares se agrupan en torno a las 120 pulsaciones por minuto, lo que equivale exactamente a 2 hercios.
“Ese ritmo se adapta a nuestro cuerpo; se adapta a nuestras extremidades. Caminamos aproximadamente a 2 hercios, así que nos resulta fácil bailar música a 2 hercios. Claro que la música más experimental puede tener ritmos muy diferentes. Pero si enciendes la radio y escuchas a Taylor Swift, suele ser música a 2 hercios”, explica.
El investigador dijo que espera que este estudio motive a otros científicos a estudiar este fenómeno en una gama más amplia de especies, para medir cómo reacciona cada cerebro a los diferentes ritmos de la naturaleza. Así, podrían llegar a una conclusión más precisa sobre si existe o no lo que llaman el “tempo universal”.
“Resulta tentador pensar que existe una conexión más profunda, que tal vez todos estemos en la misma sintonía. Pero aún estamos explorando qué podría significar esto”, concluye.
Referencia:
Guy Amichay, Vijay Balasubramanian y Daniel M. Abrams. A widespread animal communication tempo may resonate with the receiver’s brain. Revista PLOS Biology, 2026.