Arrancarse el cabello de manera repetitiva puede parecer una conducta menor, pero cuando se vuelve difícil o imposible de controlar, puede tratarse de tricotilomanía, un trastorno de salud mental que puede afectar la autoestima, las relaciones y la calidad de vida.
Por ello, más que una simple costumbre, se trata de un trastorno que puede requerir atención especializada, especialmente cuando el impulso persiste, genera pérdida de cabello o comienza a interferir con la vida social, familiar o laboral.
¿Qué es la tricotilomanía?
La enfermedad se caracteriza por el impulso persistente de arrancarse el pelo o el vello corporal, según explicó a BioBioChile Rodolfo Ramírez, psiquiatra de MindPlace de Clínica Bupa Santiago; esto puede involucrar el cabello de la cabeza, pero también las cejas, pestañas, barba u otras zonas.
El especialista señala que, en muchos casos, la conducta funciona como una forma de “regulación emocional”, ya que “el pequeño dolor y el control de ese estímulo pueden funcionar como una manera de regular las emociones”, explica.
En tanto, el manual MSD estima que la prevalencia de vida de la tricotilomanía se encuentra entre 0,6% y 2,2% de la población y que su aparición suele producirse durante la adolescencia, generalmente antes o después de la pubertad, y principalmente en mujeres.
¿Cómo reconocer la tricotilomanía?
Una de las principales diferencias respecto de arrancarse ocasionalmente un cabello es la dificultad para detener la conducta, sostiene Ramírez: “Se puede distinguir por el carácter compulsivo, es decir, cuando se trata de un comportamiento difícil o imposible de controlar”.
En ese sentido, “la persona puede conocer perfectamente las consecuencias de arrancarse el pelo y aun así repetir la acción, incluso de manera inconsciente”. Para algunos pacientes, el comportamiento ocurre de forma automática, mientras que otros son plenamente conscientes del momento en que comienzan a arrancarse el cabello.
Por su parte, el MSD indica que la conducta puede estar precedida por tensión o ansiedad, seguida de alivio e incluso una sensación placentera después de arrancarse el pelo. Además, los pacientes suelen intentar reducir o detener el comportamiento, pero no consiguen hacerlo.
Las consecuencias físicas y psicológicas
“Una de las principales consecuencias es la aparición de parches, es decir, ciertos espacios o zonas del cuero cabelludo que quedan sin cabello”, señala el psiquiatra.
Pero el impacto no termina en la pérdida de pelo, según Ramírez, que advierte que estas alteraciones pueden afectar la autoestima y la autovaloración, “favoreciendo problemas emocionales y episodios depresivos relacionados con la percepción de la propia imagen”.
De acuerdo con el MSD, muchos pacientes sienten vergüenza y buscan ocultar las zonas afectadas mediante pelucas, sombreros o pañuelos. También pueden evitar situaciones sociales en las que otras personas puedan observar la pérdida de cabello.
En algunos casos, además, existen otras conductas repetitivas centradas en el cuerpo, como pellizcarse la piel o morderse las uñas e incluso el trastorno puede coexistir con la depresión.
¿Cómo se trata la tricotilomanía?
Diagnosticar la tricotilomanía requiere siempre una evaluación profesional que considere criterios como los intentos repetidos por detener el quitarse el cabello y la presencia de malestar significativo o deterioro en la vida cotidiana.
Ramírez, por su parte, recomienda consultar cuando la conducta provoca un malestar clínicamente significativo en la persona o su familia.
El tratamiento central contra este trastorno es la terapia cognitivo-conductual, particularmente con técnicas de entrenamiento para revertir el hábito. Estas buscan identificar los desencadenantes, modificar situaciones que favorecen la conducta y reemplazar el arrancamiento por respuestas alternativas.
También existen opciones farmacológicas, entre ellas la N-acetilcisteína, la memantina, la clomipramina y, en determinados casos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Sin embargo, la evidencia no es igual para todos los medicamentos y el tratamiento debe ser definido por un profesional, advierten.