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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

A los 48 años, la británica Jayne Hardman elige su nariz gracias a prótesis de distintas tonalidades, incluso una más rosada para cuando bebe alcohol y se sonroja. Detrás de esta colección hay una historia marcada por la granulomatosis de Wegener, una enfermedad autoinmune que la llevó a perder su nariz en 2017. Tras un accidente con su perro en 2012, la enfermedad comenzó a deteriorar su nariz, afectando su vida cotidiana. Tras la cirugía, ahora utiliza prótesis con imanes que le permiten adaptarse a cada ocasión.

A los 48 años, la británica Jayne Hardman puede elegir qué nariz usar antes de salir de casa. Tiene prótesis de distintas tonalidades y algunas pensadas para situaciones específicas, como una más rosada para cuando bebe alcohol y su rostro se sonroja.

Detrás de esta particular colección, sin embargo, existe una historia marcada por una rara enfermedad autoinmune que terminó provocando que los médicos tuvieran que extirparle la nariz en 2017, contó BBC.

Hardman vive en Reino Unido y padece vasculitis ANCA-positiva, también conocida en su caso como granulomatosis de Wegener, una enfermedad que afecta los vasos sanguíneos. Su historia comenzó años antes de la cirugía, tras un inesperado accidente con Cece, su perro.

En 2012, mientras paseaba cerca de su casa en Redditch, Worcestershire, el animal saltó sobre ella y la golpeó directamente en el rostro. “Saltó sobre mí y me golpeó la nariz”, recordó Hardman al Daily Mail. En ese momento no le dio mayor importancia. “Me dolía, pero no estaba rota”, explicó.

Sin embargo, la inflamación y el dolor no desaparecieron. Dos años más tarde, los médicos finalmente encontraron una explicación.

“Pasaron dos años antes de que me diagnosticaran granulomatosis de Wegener”, relató. La enfermedad, que hasta entonces permanecía latente, comenzó a afectar la circulación sanguínea de su nariz y a destruir progresivamente sus tejidos, consignó Infobae.

Una enfermedad que cambió su rostro

“Mi nariz comenzó a derrumbarse sobre sí misma”, recordó Hardman sobre el deterioro que sufrió. El cambio también tuvo un fuerte impacto en su vida cotidiana.

La británica contó que desconocidos la observaban e incluso llegaron a preguntarle si consumía cocaína o si su esposo la había atacado. “Una vez me encontré con una vieja amiga de la escuela. Se quedó sin aliento y se encogió cuando me vio. Fue desgarrador”, reconoció.

Durante cerca de cinco años apenas salió de casa y también tuvo que abandonar su trabajo debido al agotamiento que le provocaba el tratamiento. A ello se sumó la pérdida del olfato y del gusto.

“Lo peor era no poder oler ni saborear”, explicó. Su esposo Martin y sus hijos se convirtieron entonces en su principal apoyo.

En 2017, el deterioro llegó a un punto irreversible y los especialistas determinaron que ya no podían salvar su nariz. Un equipo del hospital Queen Elizabeth de Birmingham comenzó entonces a trabajar en una alternativa que le permitiera recuperar parte de su vida.

Los especialistas instalaron tres pequeños imanes en su rostro: uno entre las cejas y otros dos a los costados. Gracias a ellos, Hardman puede colocar y retirar sus prótesis de nariz.

Varias prótesis y una nariz para cada ocasión

Con el paso del tiempo, la británica acumuló distintas versiones de prótesis para su nariz. Incluso tiene una que bautizó como su “nariz de borracha”, ligeramente más rosada que las demás.

“Cuando tomas un vaso de vino y tu cara se sonroja, no quieres que se note que en realidad es una prótesis. Entonces tienes una nariz con una tonalidad un poco más rosada. Una nariz de borracha que me sirve si mi cara se sonroja”, contó recientemente a la BBC.

Hardman asegura que puede respirar con normalidad a través de la prótesis e incluso encuentra algunas ventajas inesperadas. “Por suerte, si tengo un resfrío no afecta mi nariz. Un resfrío afecta más a mis ojos”, explicó.

Eso no significa que haya desaparecido por completo la sensación de tener nariz. “Me da cosquillas en la nariz, lo cual es muy divertido, así que tengo que mover las mejillas hacia arriba para que se me pase”, relató.

Actualmente, Hardman comparte su experiencia en redes sociales y colabora con Vasculitis UK para generar conciencia sobre la enfermedad y apoyar a personas que viven con diferencias faciales.

Su experiencia también modificó la relación con aquella parte de su rostro que durante su infancia le generó inseguridades. Sus compañeros incluso la apodaban “Concorde” por su forma puntiaguda.

Hoy, con la enfermedad en remisión, Hardman asegura que aprendió a mirar su historia desde otra perspectiva. “Soy más empática y disfruto de las cosas simples de la vida. En retrospectiva, creo que esto me convirtió en una mejor persona”, reflexionó.

Y agregó: “No doy por sentado un abrazo de mi esposo o mis hijos. El mero hecho de estar viva es un privilegio que me siento honrada de tener”.