La nueva gestión tiene hoy la oportunidad de liderar una gobernabilidad inclusiva donde la accesibilidad sea un diseño de origen y no una medida parche.

La reciente firma del molde de la Medalla Presidencial de Chile por parte del exmandatario Gabriel Boric, no es solo la continuación de una tradición republicana de más de 250 años; es un hito de inclusión sin precedentes en el patrimonio institucional del país. Por primera vez en dos siglos y medio de historia, esta pieza elaborada por la Casa de Moneda incorporará escritura en sistema Braille, gracias a un proceso de codiseño técnico liderado por la Biblioteca Central para Ciegos (BCC).

Este avance hacia la “accesibilidad republicana” constituye un reconocimiento simbólico de enorme valor para nuestra comunidad. Sin embargo, para que la administración que recientemente ha asumido el mando no se quede en la anécdota de un hito histórico, es fundamental que este gesto se traduzca en una hoja de ruta para abordar los desafíos permanentes y persistentes de acceso que enfrenta el 17,6% de la población adulta en Chile.

Las elecciones y los cambios de mando definen el impacto en las políticas públicas, las oportunidades laborales y las garantías de derechos de las personas con discapacidad. Según la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia (ENDIDE 2022), existen en nuestro país 2.703.893 personas con algún grado de discapacidad.

Para este grupo, la inclusión efectiva se construye en la autonomía de la vida cotidiana, en la capacidad de desplazarse en un sistema de transporte accesible, en el acceso a un sistema de salud que garantice la correcta entrega de la información y en la posibilidad de disfrutar de la cultura de forma independiente.

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La medalla es el símbolo, pero la realidad diaria de una persona ciega es, a menudo, la de enfrentar programas gubernamentales que carecen de información accesible o plataformas digitales que actúan como barreras. Uno de los desafíos más urgentes para la nueva gestión presidencial radica en la materia laboral, específicamente en la correcta ejecución de la Ley 21.690, que fortalece la cuota de contratación del 1% al 2% para empresas con 100 o más trabajadores.

No obstante, para que esta norma sea efectiva, debemos abordar la brecha educativa; existe un gran número de personas con discapacidad que no terminaron su etapa escolar, lo que limita su inserción. Desde la Biblioteca Central para Ciegos, sostenemos que la base para un Chile más justo parte por garantizar material en sistema Braille y audio para promover una educación accesible para todos y todas desde el inicio.

La nueva gestión tiene hoy la oportunidad de liderar una gobernabilidad inclusiva donde la accesibilidad sea un diseño de origen y no una medida parche. Esto requiere que la participación de las personas con discapacidad sea concreta en el diseño de las políticas públicas y no se limite a hitos estacionales.

La inclusión no puede seguir siendo un compromiso que se renueva cada cuatro años; debe ser una convicción permanente para construir un país donde el 17,6% de la población pueda desarrollarse en igualdad de condiciones.

La Medalla Presidencial con Braille es el comienzo, sin embargo, el paso siguiente es trabajar para que esa misma voluntad política se transforme en un Estado que hable, incluya y permita que cada ciudadano ejerza su soberanía con total autonomía.

Karim Sánchez Wadie
Director ejecutivo de la Biblioteca Central para Ciegos.

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