El braille no es solo un sistema de lectura, es un puente para la alfabetización plena. A diferencia del audio, permite comprender la ortografía, la puntuación y la estructura del lenguaje escrito, además de desarrollar habilidades de escritura autónoma. Esto resulta clave para la trayectoria educativa, la inserción laboral y la independencia personal de las personas ciegas.

Cada 4 de enero se conmemora el Día Mundial del Braille, una fecha que busca visibilizar un sistema de lectoescritura que ha permitido garantizar el acceso a derechos fundamentales como la educación, la información y la participación social de las personas ciegas y con baja visión en todo el mundo.

En un contexto donde las tecnologías como los lectores de pantalla, los audiolibros y otras herramientas digitales avanzan rápidamente, muchas veces se instala la idea errónea de que el braille ya no es necesario. Sin embargo, la realidad demuestra lo contrario.

Según la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia 2022, en Chile 2.703.893 personas viven con algún tipo de discapacidad, y una parte significativa corresponde a personas con discapacidad visual. A pesar de estas cifras, el acceso a materiales en braille sigue siendo limitado en ámbitos clave como la educación, la salud, los servicios públicos y la cultura.

Aprender braille fue, al principio, un proceso desafiante, pero también profundamente transformador. Hoy trabajo en la Biblioteca Central para Ciegos, un espacio que cumple un rol fundamental en la creación de libros en braille y todo tipo de materiales inclusivos, garantizando el acceso a la información en formatos accesibles y promoviendo la alfabetización como un derecho, no como un privilegio.

El braille no es solo un sistema de lectura, es un puente para la alfabetización plena. A diferencia del audio, permite comprender la ortografía, la puntuación y la estructura del lenguaje escrito, además de desarrollar habilidades de escritura autónoma. Esto resulta clave para la trayectoria educativa, la inserción laboral y la independencia personal de las personas ciegas.

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La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU reconoce explícitamente el braille como un medio fundamental para la educación, la libertad de expresión y el acceso a la información. Más allá de su función práctica, el braille fortalece la identidad y la cultura de toda la comunidad ciega, al permitir una relación directa, autónoma y plena con la palabra escrita.

Sin embargo, este sistema de lectoescritura también es invisibilizado. Son escasas las campañas públicas que lo impulsan, insuficientes los materiales educativos disponibles y limitadas las políticas que lo incorporan de manera sistemática en escuelas, bibliotecas y espacios públicos. Esta falta de accesibilidad no es menor, excluye, condiciona oportunidades y refuerza desigualdades en distintos ámbitos de la sociedad.

A pesar de ello, existen instituciones que trabajan día a día para revertir esta realidad. La Biblioteca Central para Ciegos es una de ellas, impulsando la creación y el acceso a contenidos en braille. Asimismo, se desarrollan talleres para aprender a escribir y leer en braille, fomentando la lectura y acompañando a personas que, como yo en su momento, llegan con dudas, miedos y prejuicios sobre su propia capacidad de aprender.

Lo que verdaderamente limita es la falta de acceso, de información y de voluntad para construir una sociedad inclusiva. El Día Mundial del Braille no debería ser solo una conmemoración simbólica. Debe ser una invitación a reflexionar sobre cuánto estamos haciendo —como país— para garantizar el derecho a la alfabetización de las personas ciegas.

Elizabeth Caballería Arias
Encargada de Proyectos Biblioteca Central para Ciegos
Persona ciega

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