Las aseveraciones del vocero de seguridad nacional de Estados Unidos, John Kirby, acerca de una grave amenaza para la seguridad nacional estadounidense, es el último escalón de la identificación que los avances rusos en motores y armas nucleares son capaces de destruir y desarticular los satélites que orbitan la Tierra.

Esto siguió con declaraciones del jefe del comité de inteligencia de la Cámara de Representantes, Mike Turner. Kirby el pasado 15 de febrero, confirmó algunas filtraciones diciendo que “Puedo confirmar que se trata de una tecnología antisatélites que Rusia está desarrollando” (Emol, 15.02.2024).

Esto no es solo una amenaza para todas aquellas actividades interconectadas, el temido “apagón” cibernético, sino que tiene una consecuencia inmediata en la degradación del sistema de mando y control que permite a las armas de destrucción masiva establecer sus objetivos.

Un ataque con armas nucleares se iniciará con una destrucción del sistema satelital, para dejar ciegos a los atacados, y luego con el lanzamiento de misiles hipersónicos capaces de acertar en trayectorias impredecibles los blancos asignados.

La degradación de los sistemas de mando y control son el preámbulo necesario de un ataque de este tipo, que demoraría un lapso muy escaso en venir.

La fuerza de las potencias

En el momento actual nadie coloca en duda que tanto Rusia como China Popular tienen misiles hipersónicos capaces de vulnerar el espacio estadounidense. De hecho, el lanzamiento del primero de estos misiles, con una cabeza convencional, en Ucrania, ni siquiera fue advertido por los radares.

Dado que una parte del poderío nuclear consiste en los vectores de lanzamiento, Rusia se ha esforzado por desarrollar misiles más rápidos, en tanto que los chinos apuestan a computadores que procesen con mayor velocidad las posibilidades de una trayectoria. Las cargas nucleares también se han incrementado y modernizado.

China inició hace tiempo ejercicios anti satélites, destruyendo unidades propias en el espacio, y ahora experimentando también con cañones de energía laser.

El desarrollo de armas anti satélites es un capítulo de una experimentación que se inició en 1961 por la URSS y en 1962 por Estados Unidos, el que además hizo explotar en el espacio, a 400 kilómetros de distancia, un misil Thor que desactivó un satélite británico Ariel.

Los rusos han desarrollado motores nucleares acotados, con los que mueven submarinos, rompehielos en el Ártico, y planean hacerlo con naves espaciales. “Moscú no está considerando retirarse del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 sobre la exploración pacífica del espacio ultraterrestre”, afirmó el viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Riabkov (Tass, 24.02.2024).

Es decir, Rusia promete no desplegar armas atómicas en el espacio, pero esta posibilidad se añade a satélites antisatélites, misiles disparados desde aviones o submarinos, cargas diseñadas para explotar en el espacio destruyendo y deshabilitando los satélites, e incluso –como ha probado China- lanzar armas láser al espacio.

Y todo esto teniendo en cuenta que las grandes potencias ratifican la hipótesis de guerra nuclear fue en los ejercicios Thunder de Estados Unidos, Minotauro y Poker de Francia, y Grom-23 (Trueno) de Rusia en 2023.

El punto está en que ratificadas las capacidades de lanzamiento y en algunos casos de potencia, la fase complementaria es obtener el dominio del espacio ultraterrestre. El desarrollo ha sido de tal magnitud que casi todas las grandes potencias disponen de una rama espacial (China, Rusia, Francia).

Estados Unidos formó la propia y la denominó Fuerza Espacial (Spacial Force) creada por Trump en 2019.

China ha desarrollado para el misil DF-271 modificando un arma, el SC-19, que desprendido del anterior, se estrella con fuerza cinética a sus objetivos como se hizo en 2007 con el satélite Fenyung. Hace rato que el Tratado del Espacio Ultraterrestre hace agua en sus propósitos de desmilitarización.

Primera fase de alerta temprana

La existencia de densas redes de satélites es la primera fase de alerta temprana, necesaria para el despliegue de escudos anti misilísticos, y para la respuesta sucesiva.

Las capacidades decrecientes de intercepción sugieren preservar la capacidad de ataque y asegurar el principio básico de la disuasión que es el costo de iniciar la guerra atómica sea la autodestrucción.

Durante algunas décadas, desde Ronald Reagan, Estados Unidos descansaba sobre la tranquilidad de su superioridad de intercepción, pero hoy el mejor es el Domo de Hierro israelí que intercepta el 90% de los disparos, que en términos de armas de destrucción masiva no previene la mutua destrucción.

Una guerra por el poder mundial empezará en el espacio como dijo Thomas Friedman hace una década.

Y repitiendo al experto Luis Pérez Gil “la aplicación de la robótica y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) llevarán a las grandes potencias a una nueva era de lucha por el poder y la paz, en esa primerísima definición de Morgenthau sobre la interacción de aquéllas en el sistema internacional” (abril 2023).

Estas capacidades no están a pleno, porque Estados Unidos tienen ventaja orbital, pero el tiempo demuestra que la resiliencia tecnológica de Rusia es alta y las capacidades chinas no le van en saga para desafiar a Estados Unidos. De modo, que ingenios antisatélites portando armas nucleares en el espacio significaría el preámbulo del ataque nuclear y no un apagón cibernético.

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