"Podemos derrotar la Pobreza, pero sólo mirando a los ojos de quienes hoy viven al margen de las oportunidades...cada niño importa, cada niño es un presente y es un futuro que merece ser vivido. Cada niño es todos los niños del mundo".

Escuchaba a lo lejos el televisor de la sala de espera, mientras vaciaba en las bolsas de aseo los últimos desechos que levantaría el turno. Era tarde y debía ir a buscar a su pequeño al jardín. La vecina pronto saldría al trabajo y no podía seguir mirando a sus otros dos niños. Así era su rutina, día tras día corriendo. Dependiendo de la voluntad de alguien. Su mamá a miles de kilómetros de distancia, ni siquiera conocía a su último nieto.

El ministro da muy buenas noticias, la pobreza había bajado, desde uno y otro sector se felicitaban por las políticas públicas de una gestión de Estado. Pero a ella no le hacía sentido. Todo era más caro, su sueldo el mismo, subsidios ayudaban en algo, pero no lo suficiente para quien debía mantener un hogar en absoluta soledad. Quería un mejor trabajo, pero apenas había llegado hasta cuarto básico. Tampoco había opciones cerca de su casa a donde había que llegar rápido.

Le costaba creer lo que escuchaba, también a miles que como ella venían de afuera, a los que habitaban en el campo o donde ni un banco había. De pueblos originarios y a los marginados de siempre. Porque eso era lo que faltaba, una mirada a estas realidades que las estadísticas globales ocultan. La historia de mujeres, cuidadoras, trabajadoras que con esfuerzo llevan comida a su casa. 1 de cada 2 migrantes en Tarapacá está en pobreza multidimensional.

Pero lo más llamativo es que pese a todos los discursos y leyes que señalan a los niños como “Primeros en la fila”, en la Casen 2022, nuevamente fueron primeros, pero en pobreza. Con las tasas más altas por perfil etario, la niñez acusa lo que los promedios esconden.

Hemos pasado de una tasa de incidencia de pobreza para el tramo de 0 a 3 años con una diferencia por sobre la tasa promedio, de un 69% el año 2017 a un 87% el año 2022, con una tasa más inelástica que nos muestra la pobreza más estructural, la que hace que Joan y sus tres hijos vean que nada cambia.

Ella no quiere subsidios que se le hacen agua, quiere un mejor empleo, quiere estudiar, poder ir al consultorio y encontrar especialistas, quiere una plaza donde jugar con sus niños y poder llegar en micro hasta su casa, segura. Sabe que cuando eso pase, estará bajando la pobreza para ella, se abrirán caminos para el futuro, para que sus hijos vivan mejor y tengan una familia que ya no viva lo que ha tenido que sufrir.

Entonces, esperemos que los titulares no nos encandilen, por el contrario que nos desafíen en la justicia. Podemos derrotar la Pobreza, pero sólo mirando a los ojos de quienes hoy viven al margen de las oportunidades. Mirando a cada niño de nuestro país, al que empezó a faltar al Colegio, el que se fue de la casa, el que trabaja en la feria o a la que un proxeneta fue a buscar a la puerta de la residencia, al niño que no reciben en ninguna parte por ser diferente, al que llaman “conflictivo”, al drogadicto, al que está enfermo o no puede correr, porque cada niño importa, cada niño es un presente y es un futuro que merece ser vivido, cada niño es todos los niños del Mundo.

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