Este verano se cumplieron 25 años desde que una máquina, la DeepBlue, le ganara un juego de ajedrez al campeón mundial Kaspárov. Hoy a esta hazaña se le llama Inteligencia Artificial por fuerza bruta. IBM desarrolló la DeepBlue, de 11 Gigaflops para procesar todas las opciones posibles de movimientos. Actualmente, una XBOX One tiene 12 Gigaflops y un popular iPhone 7 Plus supera lejos con sus 250 GFlops las capacidades de aquella súper computadora para su época.

En la última década muchas organizaciones han reconocido que su éxito futuro dependerá de los datos y de las capacidades de IA (Inteligencia Artificial). Las expectativas crecen, y algunas empresas invierten con fuerza en esta tecnología, sin embargo, no es sencillo construir un viaje de transformación organizacional basada en los datos sin una planificación estratégica. En este viaje es donde las compañías pueden equivocar el rumbo y dejarse llevar por la “moda o arribismo tecnológico”. La presión por implementar modelos de Inteligencia artificial, sin tener clara la estrategia ni definidas las acciones a partir de los resultados de un profundo análisis conlleva al fracaso.

Una estrategia digital considera las preguntas claves de negocio que se buscan contestar. Para los profesionales que nos dedicamos a implementar tecnologías para esta transformación empresarial es fundamental que las empresas busquen equipos de trabajo y asesorías adecuadas que permitan identificar sus propias claves competitivas que el uso de IA pueda explotar: puede ser un algoritmo único para un proceso core business o una mejora online potenciada por la capacidad de cómputo o la utilización de muchos años de datos acumulados.

Sabemos que los datos juegan un papel fundamental. Sin datos no hay IA, por lo que se requiere un empuje estratégico que cree las condiciones para una cultura de gobierno y gestión de los activos de datos en la organización. Validar y dimensionar cuanto valor vamos a generar para nuestro negocio con esta tecnología de inteligencia artificial, definiendo si será creando, compitiendo, concentrando o capturando datos.

Por último, y lo más relevante, la cultura. Se requiere la alfabetización digital de los ejecutivos y de los equipos, crear los espacios de experimentación y una adecuada valorización de las interacciones y de la identificación del error temprano. Cuando las organizaciones buscan en sus equipos autonomía, responsabilidad y compromiso se necesita que los ejecutivos comiencen a delegar, a confiar y aceptar los resultados.

Estamos en un momentum alucinante para la creación de valor a través de modelos y algoritmos de Inteligencia Artificial, la tecnología existe, pero no podemos dejarnos presionar por la moda sin tener una estrategia y un marco de trabajo que nos asegure una eficiente creación de valor.

Claudio Droppelman
Director de Consultoría en Axity