Este mes asumieron los gobernadores regionales como máxima autoridad regional electa, por primera vez y democráticamente en nuestro país, marcando un hito en el proceso de descentralización política y en la profundización de la democracia.

El proceso de descentralización en Chile comenzó con una tímida desconcentración administrativa, avanzando de a poco hacia una administrativa y política. Sin embargo, este proceso en el área política plantea una serie de dudas sobre su implementación en el marco de la transferencia de competencias, autonomía fiscal y gobernanza regional.

Más allá de las preguntas que puedan surgir, avanzar hacia la descentralización es un imperativo para Chile. En este sentido, diversos analistas nacionales e internacionales planteaban que las políticas públicas centraban su análisis a nivel macro y homogéneo, ignorando la dimensión regional, especificidades históricas, geográficas, económicas, culturales, entre otras realidades territoriales. Ese centralismo habría contribuido al aumento de las brechas de desigualdad y limitaría la capacidad de crecimiento regional. Ahora los nuevos gobiernos regionales estarán llamados a enfocarse en las oportunidades de los territorios, estimulando el crecimiento económico con inclusión social.

En este camino, la gobernanza territorial hoy abre el enorme desafío de profundizar en la participación de diversos actores en los territorios: el Estado, sociedad civil y sector privado. La comunidad está llamada a involucrarse también en la formulación, implementación y evaluación de políticas regionales.

En ese contexto, las modificaciones legales que han permitido la elección de gobernadores y el traspaso de competencias a los gobiernos regionales, han venido a dar respuesta a demandas de descentralización y equidad social, pero también han planteado la duda sobre su convergencia con el proceso constituyente: ¿profundizar este modelo de descentralización o cambiar de forma de Estado?, es decir, avanzar en el proceso de descentralización actual dentro de una forma de Estado unitario o reformular la forma de Estado a un regionalismo político o federalismo que dé respuesta a las inquietudes sobre una gobernanza territorial con más autonomía y poder en los territorios.