Ya vamos para un año y medio desde que el primer caso de covid-19 fue identificado en Wuhan y además de la declaración de pandemia y las obvias repercusiones sanitarias, esta nueva realidad ha traído importantes cambios en nuestras costumbres y rutinas, instalando nuevas formas de hacer las cosas que usualmente hacemos, pero probablemente la creciente búsqueda de nuevos lugares de residencia en comunas fuera de las grandes conurbaciones sea uno de los fenómenos que marcarán de manera más permanente esta nueva realidad.

Ya hace unos años veníamos viendo cómo profesionales y personas en general, especialmente de las generaciones más jóvenes, estaban optando por seguir su desarrollo personal y profesional en realidades menos contaminadas y estresadas, apostando por una vida de mayor cercanía entre las personas, más cercana a la naturaleza y sin todos los problemas que el trajín de una gran ciudad lleva consigo, lo que, además, se vio acrecentado a partir del estallido social de octubre de 2019. Esta, llamémosla, opción de vida, estaba restringida a quienes tenían la posibilidad de optar por un camino independiente o a la oferta laboral que las ciudades de regiones pudieran ofrecer, la que salvo la existente en algunos polos específicos de desarrollo era más bien restringida.

A partir del gran derribamiento de barreras (reales y de las otras) que significó la irrupción del trabajo remoto, ya son muchas las empresas, grandes, medianas y pequeñas, que están transitando hacia un trabajo mucho menos presencial, en sistemas híbridos o derechamente remotos, que permiten a los trabajadores desarrollar su vida en ciudades distintas y muy alejadas de su base. Estoy seguro de que hoy todos conocemos a alguna persona de nuestro entorno familiar o laboral inmediato que se ha trasladado a vivir a uno de aquellos lugares en los que, con suerte, soñamos estar un par de semanas durante las vacaciones y que sólo necesita una buena conexión, para desarrollarse efectivamente en lo profesional.

Según un estudio publicado por el Instituto de Data Science de la UDD, 350.000 personas migraron desde la Región Metropolitana a otras regiones en 2020, en lo que parece un fenómeno que llegó para quedarse y que debiera ir consolidándose en el tiempo, en la medida que las organizaciones de distinto tipo vayan también definiendo su manera de trabajar a futuro. Esta ola de cambio ya está teniendo efectos en las nuevas ciudades de residencia y/o trabajo y es posible proyectar un aumento considerable en la demanda por productos y servicios en aquellos lugares en que la oferta es menor o menos diversa, lo que abre un importante espacio a la inversión en nuevos desarrollos comerciales que vengan a cubrir esta demanda y en los cuales los actores tradicionales del retail, como supermercados y marcas de cadena, ya están poniendo sus fichas. La inversión en éstas áreas tiene la virtud de quedar radicada en comunas en crecimiento, áreas de gran potencial de desarrollo, que reciben de muy buena manera estas iniciativas que van directamente a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

Creemos que este es un muy interesante escenario para destinar capitales a proyectos de renta inmobiliaria, como centros comerciales medianos y pequeños que se desarrollen en zonas del país que están transformándose en nuevos polos de crecimiento y ventajosas alternativas de residencia permanente.

Marcelo Miranda
Gerente de Desarrollo de PuntoChile