“La Fiscalía ha adoptado con responsabilidad y en vista del principio de objetividad, la difícil decisión de solicitar al Tribunal Oral en lo Penal de Castro el término definitivo de la causa por motivos procesales”.

Así informa el Ministerio Público del término de la investigación por el tercer incendio de la Iglesia San Francisco de Ancud, el 22 de enero del 2020, sin responsables, aun cuando se sabe que fue intencional.

Las pruebas de la Fiscalía contra el único inculpado era computadores, celulares, un cuaderno y ropa, pero como negligentemente se informaron tarde al juez, éstas se cayeron (algo deja vu).

Así, nuevamente se cierra una investigación, porque los “desastres culturales” en Chile no tienen responsables, y pareciera que no vale la pena siquiera destinar recursos para buscarlos.

No hay intención de perseverar por parte de la Fiscalía, porque aparte de la incapacidad de la justicia, ¿sabe qué? Parece no importarle a nadie, como que en realidad, no es tan grave, o ni siquiera ES grave.

Un montón de cenizas de una iglesia vieja más, qué más da… habrá que traer nuevos palos y levantarla en algún momento, dice el sarcasmo que llega como cura a la inoperancia, y bueno, que aleguen unos cuantos historiadores tampoco es sinónimo de levantamiento social, pensarán otros bien para sus adentros.

Y ahí está la iglesia, cerrada, sin responsable de su destrucción, sin interés de perseverar en la investigación y sin proyecto de reconstrucción.

Y ahí está la Iglesia San Francisco de Ancud. Cerrada en sus rejas, tapada con planchas para esconder esta vergüenza mundial, con un cristo en su exterior y la palabra “Esperanza” que se lee desde lejos…

¿Esperanza de qué? ¿de justicia? ¿De que esto alguna vez le importe alguien?

La apatía cultural sigue siendo el único patrimonio de este país.