Opinión
Lunes 16 marzo de 2020 | Publicado a las 20:52 · Actualizado a las 22:41
"La suerte me trajo a vivir una pandemia en uno de sus epicentros"
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Mientras escribo, un periodista espa√Īol informa en televisi√≥n que ya van m√°s de 9.000 casos de contagio de coronavirus en Espa√Īa. Hay otros 342 muertos. Y a√Īade un comentario que resulta un tanto devastador: debido a la demora de la confirmaci√≥n de los ex√°menes, estas cifras de seguro aumentar√°n porque corresponden a los diagn√≥sticos que ya est√°n listos. Hay otros que a√ļn est√°n en proceso, que no sabemos qu√© concluir√°n.

Medit√© largamente si deb√≠a comenzar con esas cifras. ‚ÄúSonar√° alarmista decir que hay miles de contagiados y otros cientos de muertos‚ÄĚ, pens√©. Pero luego ca√≠ en que no hay mejor ocasi√≥n para serlo.

Llegué a Madrid, desde Hualpén, en el Bío Bío, a mediados de enero por un intercambio académico en la Universidad CEU San Pablo… pero terminé encerrado en un departamento, en medio del epicentro de la pandemia.

Todos sab√≠amos que el virus exist√≠a y que se estaba expandiendo. El problema fue que, al menos aqu√≠, las medidas dr√°sticas se tomaron tarde. El virus lleg√≥ a Espa√Īa el 31 de enero pasado, con un alem√°n que vino a turistear a las Islas Canarias. Desde ese momento el crecimiento fue explosivo.

Un ejemplo: el 3 de marzo, mismo d√≠a que el coronavirus arrib√≥ a Chile, hab√≠a 165 casos en todo el territorio espa√Īol. Una semana despu√©s aument√≥ a 1.695. Y hasta ayer hab√≠a 7.798 confirmados. Las cifras de hoy ya las conocemos.

¬ŅC√≥mo se explica esto? Medidas tard√≠as, principalmente. Presumo que hubo un exceso de confianza. Algo que, por favor, no debe ocurrir en Chile.

Fabián Barría
Fabián Barría

El panorama

El semestre comenzó la primera semana de febrero y ya para el miércoles 11 de marzo las clases presenciales fueron canceladas para evitar la propagación del virus. Días antes habían cerrado los centros de recreación de adultos mayores porque, sabemos, son quienes más resultan afectados ante el contagio.

Pero vamos, que los chilenos no somos tan distintos a los espa√Īoles. Tras la suspensi√≥n de clases adivinar√°n lo que pas√≥: las universidades estaban vac√≠as pero los pubs (o terrazas, como les llaman ac√°) estaban llenos. Las discotecas, aprovechando que los j√≥venes estaban libres, abrieron igual sus puertas. El 12 de marzo los casos confirmados sumaban 2.277.

Con ello lleg√≥ lo inevitable: el viernes pasado, en cadena nacional, el presidente Pedro S√°nchez anunci√≥ que decretar√≠a Estado de Alarma, algo similar a un Estado de Excepci√≥n Constitucional que, en general, permite restringir la movilidad de las personas, intervenir industrias y apropiarse de suministros con el fin de eliminar una amenaza. La legislaci√≥n detalla que esta atribuci√≥n puede ser utilizada en caso de ‚Äúcrisis sanitarias, tales como epidemias y situaciones de contaminaci√≥n graves‚ÄĚ. Calza perfecto con lo que est√° ocurriendo en estas latitudes.

Ya no se puede salir a la calle, a no ser que sea por algo que realmente necesitas: ir a trabajar (si es que la empresa no te permite hacerlo desde casa), a una farmacia, a un hospital, a un banco, o a un supermercado. No hay visitas a amigos, novios/as, nada. Y ojo, que medios advierten que las multas por incumplir el mandato van desde los 100 euros (unos $90 mil hasta los 30 mil euros (unos $27 millones), dependiendo de la gravedad de la infracción.

En relaci√≥n con esto, los √ļnicos locales autorizados para abrir sus puertas son los de primera necesidad: supermercados, farmacias, tabaquer√≠as, bencineras y relacionadas a las telecomunicaciones, por ejemplo. Los museos, monumentos, restaurantes, cines, teatros, gimnasios, estadios, discotecas, casinos, zool√≥gicos, bares‚Ķ est√°n cerrados. Incluso, fueron suspendidos todos los juegos de la Loter√≠a y Apuestas del Estado.

El glamoroso Madrid, inesperadamente, se convirtió en una ciudad completamente distinta. La Gran Vía se ve casi desierta y la Plaza de Callao y Sol casi no reciben visitantes.

La polic√≠a y la milicia recorren las calles y se asegura de que el Estado de Alarma sea cumplido por los ciudadanos. Detienen veh√≠culos y transe√ļntes asegur√°ndose de que salieron de sus casas por un motivo justificado. El ej√©rcito tambi√©n est√° presente en las estaciones del Metro, donde resguardan que los pasajeros cumplan con la distancia social de un metro y se eviten aglomeraciones.

No discrimina

Entre los contagiados hay políticos de izquierda y derecha. Ni ellos se salvan. Una de las afectadas es Irene Montero, ministra de Igualdad (similar al Ministerio de la Mujer y Equidad de Género en Chile). También dio positivo Javier Ortega Smith, secretario general del partido ultraderechista Vox.

La presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel D√≠az Ayuso, es otra de las que se contagi√≥; el resultado se confirm√≥ luego que apareciera en una conferencia de prensa tosiendo. Por otro lado, Bego√Īa G√≥mez, esposa del presidente de Espa√Īa Pedro S√°nchez, tambi√©n est√° dentro del listado. Por ahora, los ex√°menes dicen que el mandatario no est√° afectado.

Lo bueno

Por si importa, tengo que aclarar que no he sentido síntomas ni he conocido a personas que dieron positivo al examen. Eso es lo bueno, dentro de todo.

Tambi√©n es bueno ver c√≥mo la poblaci√≥n espa√Īola se ha organizado para aplaudir, cada d√≠a a las 20:00 horas (las 16:00 horas en Chile) a los funcionarios y funcionarias que trabajan sin parar en los hospitales, en un intento ya desesperado por controlar el coronavirus.

Es emocionante leer carteles en los edificios o publicaciones en las redes sociales en los que los jóvenes se ofrecen, sin esperar nada a cambio, a realizar las compras de adultos mayores que viven solos y que, por razones obvias, no pueden salir de sus casas.

De eso se trata, ¬Ņno? De ayudar, de seguir las instrucciones. Si nos piden evitar las concentraciones, evit√©moslas. Ya habr√° tiempo para seguir con ellas. Por ahora, esta es la prioridad.

Y esto también se trata, sobre todo, de aprender de las experiencias de otros. No soy experto. No soy médico ni epidemiólogo. Simplemente la suerte -buena o mala, ya veremos- me trajo a vivir una pandemia en uno de sus epicentros. Pero con eso, y con un poco de lógica, creo que se debe aprender de las experiencias de otros países. Por favor, no cometamos los mismos errores.

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Fabián Barría
Estudiante de periodismo en Espa√Īa

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