En el marco del Día de la Matronería, que en Chile se celebra cada 31 de agosto, quiero comenzar con algo que parece evidente, pero que muchas veces olvidamos: detrás de cada nacimiento hay una historia, una familia y un proyecto de vida. Y detrás de muchos de esos momentos está una matrona o un matrón.
La Matronería y sus cultores cumplen un papel fundamental mucho más amplio que la atención del embarazo y el parto. Esta función resulta esencial en la salud sexual y reproductiva, en la prevención, en el acompañamiento de las mujeres, en la atención ginecológica y en el cuidado de madres y recién nacidos. Por eso, reconocer su aporte no puede limitarse a una celebración anual.
Nuestro país está viviendo una verdadera transformación demográfica. Durante 2025 se registraron 146.446 nacimientos, un 46,9% menos que en 1993. La tasa global de fecundidad se encuentra muy por debajo del nivel de reemplazo generacional.
Estas cifras no pueden dejarnos indiferentes. La baja natalidad no es solamente un problema estadístico, tiene consecuencias para nuestras familias, para el mercado laboral, para las pensiones, para la sostenibilidad de los servicios públicos y, especialmente, para el futuro de nuestras regiones.
El desafío es preguntarnos qué está haciendo Chile para que quienes desean formar una familia, puedan hacerlo sin sentir que tener hijos significa una pesada carga que dificulta la realización de sueños y proyectos personales para las personas. En este esquema cultural, las matronas tienen mucho que aportar para revertir esta errada sensación.
En materia de políticas públicas, necesitamos fortalecer su presencia en la atención primaria, en la educación y orientación preconcepcional, en la salud reproductiva, en la prevención y en el acompañamiento de las familias. La propia profesión está planteando la necesidad de adaptar la matronería a los nuevos desafíos demográficos y ampliar sus ámbitos de acción.
También debemos preocuparnos de las condiciones en que ejercen su profesión. No podemos pedirles más responsabilidades mientras discutimos permanentemente su reconocimiento, sus funciones y su participación en las decisiones sanitarias.
En territorios extensos, con localidades aisladas y grandes distancias entre comunidades, garantizar acceso oportuno a la salud de las mujeres y de las familias exige soluciones distintas a las que pueden diseñarse desde Santiago. En Aysén necesitamos fortalecer la atención primaria, la presencia de especialistas y las estrategias que permitan que una mujer pueda recibir acompañamiento durante todo su proceso reproductivo sin tener que recorrer cientos de kilómetros
Celebrar y relevar esta bella profesión significa reconocer que Chile necesita cuidar mejor a las mujeres, acompañar a las familias y generar las condiciones para que la maternidad pueda vivirse como un proceso protegido, valorado y cada vez más presente en nuestra sociedad.
Pero este desafío no corresponde exclusivamente a las mujeres: también involucra a los padres. La paternidad responsable, especialmente en materia de fertilidad, planificación familiar, crianza y acompañamiento, debe ser parte fundamental de esta ecuación. Si queremos que más familias puedan proyectarse y que Chile vuelva a mirar con esperanza su futuro demográfico, necesitamos asumir que formar una familia es una responsabilidad compartida.
Hoy quiero reconocer a cada matrona y matrón de Chile y, especialmente, a quienes ejercen su profesión en nuestra Región de Aysén. Su trabajo representa algo que nuestro país necesita recuperar: la capacidad de acompañar, cuidar y proteger la vida desde sus primeros momentos. Feliz Día de la Matronería.
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