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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Leopold Aschenbrenner, a sus 24 años, pasó de ser un visionario en inteligencia artificial en Silicon Valley a liderar un colosal fondo de inversión en Wall Street. Su Situational Awareness manejó 30 mil millones de dólares, multiplicó el dinero inicial y apostó todo a la IA revolucionaria. Sin embargo, en julio tuvo que vender acciones por 20 mil millones en 30 horas para evitar el colapso, siendo compradas por Citadel. Reconoció su error y espera "luchar otro día".

Con apenas 24 años, Leopold Aschenbrenner pasó de convertirse en una suerte de “Nostradamus de la inteligencia artificial” en Silicon Valley a protagonizar uno de los episodios financieros más comentados de Wall Street.

Su fondo de inversión llegó a gestionar más de 30 mil millones de dólares, multiplicó el dinero de sus primeros inversionistas y apostó prácticamente todo a una misma idea: la IA cambiaría el mundo mucho más rápido de lo que la mayoría imaginaba. Durante un tiempo, pareció tener razón. Hasta que el mercado cambió de dirección.

A fines de julio, Situational Awareness, el fondo que Aschenbrenner creó cuando tenía solo 22 años, tuvo que desprenderse en apenas 30 horas de acciones por cerca de 20 mil millones de dólares para evitar el colapso. Citadel, el gigante financiero de Kenneth Griffin, terminó comprando buena parte de esa cartera con descuento y permitió que la firma siguiera funcionando.

“Les hemos fallado”, reconoció entonces Aschenbrenner en una carta dirigida a sus inversionistas, según informó The New York Times. En el mismo mensaje prometió “luchar otro día”.

La caída resultó especialmente llamativa porque hasta hacía poco el joven alemán parecía representar exactamente lo contrario: un prodigio capaz de entender antes que los demás hacia dónde avanzaba la inteligencia artificial.

Un estudiante universitario a los 15 años

Su historia comenzó lejos de Wall Street. Aschenbrenner nació en Alemania, creció en Berlín y a los 15 años ingresó a la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, para estudiar economía y estadística.

Cuatro años después se graduó como el mejor de su promoción. Incluso consiguió un cupo en la Facultad de Derecho de Yale, pero decidió seguir otro camino.

Su siguiente parada fue FTX Future Fund, la rama filantrópica vinculada a la empresa de criptomonedas FTX, donde se involucró con el llamado “altruismo efectivo”, una corriente que intenta utilizar datos y análisis para determinar cómo generar el mayor impacto posible con las donaciones.

El trabajo lo acercó a círculos intelectuales y tecnológicos que más tarde resultarían importantes en su carrera. Sin embargo, su paso por el ecosistema de FTX terminó abruptamente cuando el imperio de Sam Bankman-Fried colapsó. Aschenbrenner siguió adelante.

Tiempo después, entró a OpenAI, uno de los lugares más codiciados para cualquier interesado en el desarrollo de inteligencia artificial. Allí también llamó la atención, considerando que era un joven alto y delgado, con un elaborado peinado y una particular costumbre de combinar chaquetas de polar con suéteres de cuello alto, pero su estadía terminó envuelta en controversia.

La salida de OpenAI y el texto que cambió su vida

OpenAI lo despidió en abril de 2024. Aschenbrenner contó que la compañía lo acusó de filtrar secretos empresariales. Él reconoció que había compartido un documento con investigadores externos, aunque sostuvo que no contenía información confidencial.

Además, aseguró que su salida realmente se relacionó con un memorando que había enviado a la junta directiva de OpenAI en 2023, donde planteaba inquietudes sobre las prácticas de seguridad de la compañía.

Dos meses después de abandonar la empresa ocurrió el episodio que terminó por convertirlo en una celebridad dentro de Silicon Valley.

Aschenbrenner publicó Situational Awareness, un extenso ensayo sobre el futuro de la inteligencia artificial. Su predicción era extraordinariamente ambiciosa: los laboratorios podrían desarrollar una forma de IA superinteligente hacia 2027.

El documento circuló rápidamente entre inversionistas, empresarios e investigadores. Algunos comenzaron a verlo como un joven capaz de anticipar hacia dónde se dirigía la tecnología y personas que ni siquiera conocía se comunicaron con él para ofrecerle dinero.

Aschenbrenner vio una oportunidad. Si realmente estaba convencido de que la IA transformaría radicalmente la economía, ¿por qué limitarse a escribir sobre ella?

De predecir el futuro a apostar miles de millones

A los 22 años creó un fondo de cobertura y lo bautizó igual que su ensayo: Situational Awareness.

En noviembre de 2024 ya había recaudado 100 millones de dólares de figuras vinculadas al mundo tecnológico. Desde una oficina en San Francisco que compartía edificio con un estudio de podcast, comenzó a apostar por prácticamente cualquier negocio que pudiera beneficiarse del auge de la inteligencia artificial.

Fabricantes de chips, centros de datos, empresas emergentes y compañías privadas entraron en su radar. Su filosofía tenía pocas medias tintas.

Cuando Dwarkesh Patel le preguntó en un podcast de 2024 por sus objetivos, Aschenbrenner llevó su visión mucho más allá de Silicon Valley.

“Al final, llegarás a las estrellas, llegarás a las galaxias”, respondió. Luego agregó: “Si se hace bien, se puede ganar mucho dinero”.

Y durante un tiempo ganó muchísimo.

Situational Awareness consiguió una rentabilidad superior al 200%, después de comisiones, durante 2025. El capital de algunos inversionistas llegó a multiplicarse varias veces y el fondo comenzó a recurrir a préstamos de Wall Street para aumentar todavía más sus apuestas. El problema estaba precisamente ahí.

Un documento entregado a inversionistas advertía que el fondo no establecería “límites” sobre los tipos de inversiones que podía realizar, la concentración de sus posiciones ni el nivel de apalancamiento que podía utilizar.

En otras palabras, mientras más convencido estaba Aschenbrenner de su tesis, más dinero podía apostar a ella.

La pregunta que no pudo responder

No todos quedaron fascinados. Durante una gira para captar capital, Aschenbrenner llegó a Nueva York y se reunió con importantes inversionistas. Allí encontró una recepción bastante menos entusiasta que en Silicon Valley.

Blackstone rechazó invertir en su fondo, según The New York Times. Otro acaudalado inversionista lo recibió en Manhattan y le hizo una pregunta simple: ¿qué ocurriría si la revolución de la IA no avanzaba como esperaba?

Aschenbrenner no tenía un plan detallado. Simplemente confiaba en que su predicción resultaría correcta.

Ese escenario terminó poniéndose a prueba. Cuando las acciones relacionadas con la inteligencia artificial comenzaron a caer y empresas tecnológicas tradicionales contra las que Situational Awareness había apostado ganaron terreno, las pérdidas crecieron rápidamente.

Goldman Sachs exigió la devolución de parte del dinero prestado y el fondo necesitó conseguir liquidez de inmediato. Entonces comenzó la carrera contrarreloj.

Situational Awareness intentó vender cerca de 20 mil millones de dólares en acciones durante unas 30 horas. Entre las posiciones que buscaba abandonar figuraban grandes apuestas contra compañías como Adobe, bajo la tesis de que la inteligencia artificial terminaría desplazándolas.

Finalmente, Kenneth Griffin y Citadel aparecieron como salvavidas y compraron gran parte de la cartera con descuento.

De los cerca de 30 mil millones de dólares que Situational Awareness tenía a comienzos de julio quedaron aproximadamente 8 mil millones, según una persona conocedora de sus activos citada por The New York Times.

“Hay una crítica legítima, que es que fueron demasiado agresivos con el apalancamiento y lo utilizaron hasta un punto que podría haber sido existencialmente amenazante”, resumió John Pfeffer, uno de los primeros inversionistas del fondo.

Del sueño de las galaxias a la mirada de la SEC

La historia tampoco terminó con el rescate. Durante agosto, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) envió citaciones a bancos que trabajaron con Situational Awareness para solicitar antecedentes sobre las operaciones del fondo, sus préstamos y las comunicaciones relacionadas con el apalancamiento.

La investigación se encuentra en una etapa inicial y el fondo no enfrenta acusaciones por irregularidades, consignó The New York Times.

“Es de esperar que los reguladores examinen minuciosamente cualquier fondo que tenga gran repercusión, genere rentabilidades significativas o sufra caídas especialmente drásticas”, señaló un portavoz de Situational Awareness, quien agregó que cooperarán con cualquier requerimiento.

Aschenbrenner, mientras tanto, todavía conserva una carta importante: su fondo mantiene una participación en Anthropic, una de las compañías más relevantes de la carrera por la inteligencia artificial.

El vínculo también toca su vida personal. El joven se casó hace algunas semanas con Avital Balwit, jefa de gabinete del CEO de Anthropic, Dario Amodei, en una ceremonia realizada en Carmel, California. De hecho, mientras su fondo atravesaba sus horas más críticas, Aschenbrenner alternaba las frenéticas llamadas con bancos e inversionistas con los últimos preparativos de su matrimonio.

Su historia todavía está lejos de cerrarse.

A los 24 años, Leopold Aschenbrenner ya estudió en Columbia, trabajó alrededor del imperio de FTX, pasó por OpenAI, escribió uno de los ensayos sobre IA más comentados de Silicon Valley, levantó miles de millones de dólares y estuvo a horas de ver desaparecer el fondo que construyó sobre sus propias predicciones.

El joven que imaginaba inversiones en galaxias terminó aprendiendo una lección mucho más antigua y terrenal: anticipar el futuro puede generar una fortuna, pero apostar demasiado a una sola versión de ese futuro también puede hacerla desaparecer.