Es una tensión que Donald Trump considera una grave amenaza, lo que lo ha llevado a proferir insultos y amenazas contra el Pontífice.

En los pasillos de mármol de Washington se ha instalado un tono escalofriante. Desde los podios presidenciales y las oficinas de los estrategas de alto nivel, se predica una nueva cruzada. Invocando la Biblia como escudo, estos halcones justifican una campaña contra Irán –una civilización con seis milenios de historia- amenazando con la destrucción total de su infraestructura.

Esta retórica, amparada en la doctrina de la “Paz mediante la fuerza” intenta proporcionar un mandato divino para la posible matanza de inocentes, similar a la trágica pérdida de 168 niños en la escuela de Minab.

Afirman que esta orden autoritaria se fundamenta en la enseñanza cristiana. Sin embargo, al otro lado del Atlántico, el Papa León XIV se ha mantenido firme en la “auténtica Palabra del Evangelio”, desafiando esta narrativa. Define la paz no como el resultado de la conquista, sino como el fruto del diálogo.

Para aquellos deseosos de lavarse las manos manchadas de sangre en las aguas del Nuevo Testamento, esto no es una simple disputa diplomática entre el Vaticano y la Casa Blanca, es una batalla por el alma de la fe y el significado de la paz en el siglo XXI. Es una tensión que Donald Trump considera una grave amenaza, lo que lo ha llevado a proferir insultos y amenazas contra el Pontífice.

El fantasma de la Pax Romana

La doctrina de la “Paz mediante la fuerza” es, en realidad, una regresión a la Pax Romana: una paz de cementerio impuesta por las botas de los legionarios y el silencio de los vencidos. Para un verdadero seguidor del Evangelio, atribuir este concepto a Cristo no es sino una “traición teológica”.

Jesucristo redefinió el poder no como “dominio”, sino como “vulnerabilidad”. Fue un Rey que no llegó al poder a caballo de guerra (más bien confiando en una actitud humilde), demostrando que el verdadero poder reside en derribar muros entre las personas, no en construirlos más altos.

Recuperando la figura del hermano a través del diálogo

En un mundo donde los políticos equiparan la negociación con la debilidad, el Evangelio se presenta como el único camino para “recuperar a un hermano”. En Mateo 18,15 Cristo emite un protocolo radical: “Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo a solas, entre tú y él”.

Este versículo es la base de la paz mediante el diálogo. El objetivo no es la aniquilación del adversario, sino la restauración de la relación. Contrariamente a lo que afirman los belicistas, el poder de la fe se manifiesta en la “respuesta amable” “que apacigua la ira” (Proverbios 15,1).

Las palabras amargas y amenazantes no son más que leña para el fuego de la violencia global.

El radicalismo de la segunda mejilla

El aspecto más impactante de las Paz Mesiánica –uno que estremece a la clase política- es el mandato de “poner la otra mejilla”. Jesus dice: “Si alguien te golpea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo 5,39). Esto no es pasividad cobarde, es una profunda acción moral diseñada para romper la cadena de la venganza.

Los “pacificadores”, a quienes Cristo llama “hijos de Dios” (Mateo 5,9), son aquellos que comprenden que la verdadera paz no se logra crucificando a otros en aras de la seguridad, sino que mediante el sacrificio personal en aras de la reconciliación.

Crucificar la verdad en el altar de la “seguridad” es precisamente lo que los poderes del mundo hicieron con Cristo. Su camino fue el dialogo, el sacrificio y la valentía de ofrecer la otra mejilla, en aras de una paz superior.

Una convergencia abrahámica: el llamado coránico

Este temblor en la lógica de la guerra encuentra una magnifica resonancia en la tradición Islámica. El Corán, es un mensaje que parece escrito para nuestro presente fragmentado, llama a los creyentes a una paz integral e incondicional: “¡Oh, Creyentes! Entrad en la paz, todos vosotros” (2:208).

En la teología coránica, la paz no es una táctica de emergencia, sino el “bien mayor (4:128)”.