Recientemente, hemos visto señales interesantes que podrían augurar un cambio en la situación actual.

La salida del MAS (Movimiento al Socialismo) del gobierno de Bolivia generó ciertas expectativas sobre un posible cambio en las relaciones diplomáticas entre Chile y ese país. El presidente Rodrigo Paz, un líder de centroderecha que proviene de una familia con historia política en Bolivia, representa un cambio diametral respecto a lo que fue el histórico referente Evo Morales. Respecto al caso chileno, la llegada del presidente José Antonio Kast a La Moneda, hace augurar un mejor diálogo entre las naciones.

A pesar de compartir más de 800 kilómetros de frontera, los lazos diplomáticos entre Chile y Bolivia están rotos desde 1978 debido a la reivindicación de Bolivia por una salida al mar. Sin embargo, hay varios ejemplos de países que han recompuesto relaciones luego de crisis, como Francia y Alemania, o Estados Unidos y Vietnam.

Al repasar los hechos recientes de las relaciones diplomáticas entre ambos países, sin duda, los procesos judiciales ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya que abordaron la disputa por una salida soberana al mar y el uso de los recursos hídricos vinculados, marcó el conflicto bilateral más complejo. Si bien los fallos de 2018 y 2022 -en teoría- zanjaron parcialmente la disputa, es indesmentible que se trata de una demanda que sigue presente en el inconsciente colectivo en el sistema político boliviano. 

Recientemente, hemos visto señales interesantes que podrían augurar un cambio en la situación actual. A finales de abril, el canciller chileno, Francisco Pérez, y su par boliviano Fernando Aramayo, se reunieron en el paso fronterizo Chungará-Tambo Quemado.

En palabras del ministro boliviano este hito buscaba restablecer las relaciones diplomáticas. En el encuentro se mencionó la posibilidad de avanzar en un Tratado de Libre Comercio, además de enfatizar la necesidad de fortalecer el trabajo colaborativo en materias de seguridad y crimen organizado. 

Estas señales resultan auspiciosas. Resulta de vital importancia que ahora sí se puedan dar pasos concretos en restablecer los vínculos. La sintonía entre los gobiernos puede contribuir, pero sin duda hablamos de relaciones de Estado, que trascienden a las administraciones de turno y que podrían beneficiar a sus ciudadanos.

Por último, es de esperar que tengamos novedades en los próximos meses por parte de las cancillerías dado que existen múltiples campos en los que como países vecinos podemos colaborar: a los tradicionales asuntos de comercio, también se podría potenciar el turismo, partiendo por un aumento en conectividad aérea.

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Además, en el ámbito energético, ambos países forman parte del llamado “Triángulo del litio” junto con Argentina.

En el área del comercio internacional, ya en América del Sur, existe un plan amplio de cooperación que se ha visto fortalecido en los últimos cuatro años a través de la implementación del Corredor Bioceánico, que beneficiará a Chile, Argentina, Paraguay y Brasil, al que podría sumarse Bolivia. Todo esfuerzo por unir a los países es valioso, ya que son acciones que van en favor de las comunidades y del sector productivo.

Hugo Jofré
Investigador
Instituto Libertad

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